La izquierda Latinoamericana

Por Brandon Ramírez

 

Multicitada es aquella frase con que inicia el manifiesto comunista: “Un fantasma se cierne sobre Europa… es el fantasma del comunismo”. Hace varias décadas el comunismo era el referente simbólico cuando se pensaba en la izquierda. Un modelo político buscó llevarlo a la práctica, aunque terminó fracasando, principalmente por muchos vicios y contradicciones internas.

Tras su desaparición como un modelo, la democracia liberal y la economía de mercado se convirtieron en los referentes en lo político y económico. Muchos países otrora comunistas, o socialistas, lo fueron adoptando como suyo. De igual forma lo hicieron aquellos autoritarios o dictatoriales, como fue el caso de España, Alemania o muchos países de Latinoamérica.

Los propios conceptos de izquierda y derecha fueron desdeñados, señalándolos como categorías que correspondían a un tiempo distinto, con mayor contenido ideológico, y que no lograban adaptarse a los nuevos tiempos, con partidos catch-all. Sin embargo, aún siguen teniendo un contenido que nos permite describir algunos principios programáticos.

En este contexto, la izquierda más que nunca comenzó a conceptualizarse como las izquierdas, tomando relevancia distintos proyectos que van de la socialdemocracia europea, al régimen de Venezuela, pasando por aquellos centrados en el nacionalismo y en populismos (aunque en estos últimos casos, también existen sus contrapartes de derecha).

Aunque aún se puede tomar el caso uruguayo como un exponente importante para la izquierda de la región, lo cierto es que en Venezuela, Bolivia, Chile, Brasil o Argentina, donde proyectos de este estilo lograran alcanzar el poder hace varios años, reivindicándose como propuesta ideológica tras la opresión y violencia que vivieron durante los años de las dictaduras, se han tambaleado en los últimos meses.

El tema ha cobrado cierta relevancia tras el fallo de Evo Morales en búsqueda de una reforma constitucional que permitiera su reelección, y todo lo que rodea al PT en Brasil, y sobre todo de la crisis que lleva ya varios meses en Venezuela, y pone cada vez más en entre dicho la viabilidad y permanencia de Maduro y el proyecto Chavista.

Es difícil pensar que esta crisis sea producto estrictamente del factor ideológico o del tipo de políticas públicas. Mucho tiene que ver el tipo de economías, basadas principalmente en commodities, lo que es más evidente con el petróleo en el caso venezolano. La corrupción de la que muchos gobiernos de la región son acusados, muchos menos son algo exento de otras corrientes ideológicas. Más bien, parece que su contexto interno y el global, marcan la necesidad de una renovación institucional, que implique cambios en sus políticas sociales y económicas.

Una de las grandes aportaciones de la democracia es la posibilidad de rotar a las élites en el gobierno, a través de elecciones que permitan el cambio pacíficamente, dentro de todo un marco institucional aceptado por todos estos grupos y la sociedad en general. Esto permite que, cuando un proyecto se enfrenta a cambios que ponen en duda su permanencia, por la mayoría de los electores, pueda darse su cambio sin afectar como lo haría un golpe de Estado o una guerra civil, comunes hace algunas décadas.

En el tema de la corrupción, cuando un grupo político lleva un largo tiempo en sus puestos, por lo general tienden a verse inmersos en escándalos, con mayor razón si son protegidos por las propias autoridades. De igual forma, es más difícil que se den aquellos cambios que son necesarios, si implican una transformación de fondo de las políticas desarrollados por el mismo grupo. En este sentido, las alternancias suponen una renovación no sólo de las personas que ocupan los puestos, sino que, impulsados por la demanda social de cambios, pueden más fácilmente trastocar intereses que les son ajenos al momento de tomar el poder.

Claro que la alternancia no es garantía de cambios positivos. Hay muchos ejemplos de alternancias que terminan siendo igual de criticadas que sus predecesores, por ejemplo, en el caso español, con los gobiernos del PP y el PSOE, que terminaron permitiendo el crecimiento de otros partidos, como Podemos y Ciudadanos, que buscaban responder a esa necesidad de cambios, que algunos españoles no veían viable en los partidos “de siempre”.

En nuestro país, por más sui generis que sean nuestros partidos autodenominados de izquierda, nunca han accedido al gobierno federal. Dado el origen de muchos de estos partidos, es comprensible la idea popular de que todos son lo mismo, y en ese sentido los candidatos independientes, que aunque puedan tener una vida partidista importante, se publicitan como uno de los nuestros, un ciudadano, logran captar el voto descontento.

Parece que, en los años más próximos, ahora sí que un fantasma recorrerá Latinoamérica, el fantasma de las izquierdas que, después de varios gobiernos, con sus cosas plausibles y reprobables, volverán a esperar su oportunidad. No cabe duda que de que la tendrán, porque los gobiernos que ocupen su lugar, necesariamente agotaran su proyecto al corto o mediano plazo, como les ocurrió a éstas, y las demandas de mayor igualdad, reparto de la riqueza, atención a los problemas populares más allá de lo macroeconómico, que han sido algunas de las banderas de estas izquierdas, se harán presentes, en un ciclo conocido ya por las democracias.


Imagen: http://www.miningpress.com/nota/289022/varga-llosa-se-hunde-latinoamerica-marangoni-scioli-el-rol-de-estado

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