La inmoralidad de las pintas

Por Miguel Téllez

En este escrito expresaré una intuición compartida: la incomprensión acerca de motivos razonados por parte de las personas que realizan pintas en una marcha pacífica. Tal vez parezca un tema trivial, o meramente tangencial de cuestiones más profundas. Sin embargo, parte del escrito intentará argumentar que no es trivial ni tangencial: si se tienen motivos razonables o principios justificados acerca de la justicia, entonces será insostenible tener determinadas conductas en la consecución de un fin, supuestamente, justo. 

Dado que hablaré de algo que nombraré como “inmoralidad de las pintas”, comienzo explicando cómo es posible predicar de “inmoral” tal conducta. Para dejar clara mi argumentación, inicio con el contexto específico de las pintas que me interesan, pasaré a hablar de civismo y, finalmente, haré explícita la relación práctica entre la moral y hacer una pinta. 

Entiendo por “pintas” cuando una persona, o más, utiliza algún material para pintar con la intención de dejar un mensaje –tenga sentido o no-, sea en propiedades privadas como en lugares públicos. Este hecho se distingue de quienes utilizan cartulinas o incluso notas adhesivas, ya que estas no dañan las propiedades: basta con arrancarlas, como ocurre con la propaganda política, anuncios de trabajo, información de renta de un departamento, etc. 

La situación más concreta, de las pintas en las que estoy pensando, es la acontecida en el campus CU de la UNAM: algunos jóvenes se dedicaron a graffitear paredes de facultades, o incluso las famosas letras ubicadas en las islas o frente a la Biblioteca Central que dicen UNAM. A decir verdad, circula un video en Facebook donde un joven increpa a quienes rayaron –algunos pretendían seguir- aquellas letras. Algo diré de esto, pero por ahora me basta con narrar qué circunstancia me interesa. Cabe agregar que esto ocurre de manera regular cuando algún grupo tiene reclamos en la Universidad, y no sólo en cuestiones académicos. Recuerdo que en el año 2012, cuando se hacían marchas “anti-Peña”, aunque la convocatoria y el movimiento llevaban el apellido de “pacífico”, también hubo pintas. 

Vemos, pues, que el contexto de las pintas es social y, en ocasiones, hasta político. Se reclama –o eso se presume- alguna situación injusta que debe ser resarcida. Todo esto tiene detrás cargas de pensamientos normativos acerca de la política y, aunque parezca extraño, de moral. ¿Qué son los pensamientos normativos sobre política? Se refieren al cómo deberían ser las cosas ante determinados escenarios. Si vemos que las mujeres ganan menos que un hombre realizando el mismo trabajo, podemos tener un pensamiento normativo: así no deberían ser las cosas, ya que deberían ganar lo mismo. Se trata, pues, del ámbito del deber ser: ¿Cómo deberían ser las cosas?

Teniendo en cuenta que se trata de cuestiones sociales, políticas y del ámbito normativo, de manera natural podemos pensar en cómo debería ser la actitud y la conducta de las personas que realizan una protesta. A la manera de cómo actuamos en la vida social, teniendo en cuenta los intereses de nuestros conciudadanos –parece sensato tener en cuenta también intereses ajenos al nuestro- se le conoce como “civismo”. 

Siguiendo a Victoria Camps, hay dos acepciones de civismo. La primera, la que usualmente tienen las personas y refiere a la“(…) conducta correcta y respetuosa entre propios y extraños. Incluye los buenos modales, la buena educación.” (Camps, 1998, p.14). La segunda acepción es más sutil y refiere a “(…) la cultura pública de convivencia por la que se rige, o debería regirse, una determinada sociedad” (Camps, 1998, p.14). Esta última acepción sugiere que hay ciertas conductas sin las cuales es imposible la convivencia pacífica entre ciudadanos. Con la noción de civismo tenemos, por tanto, que hay determinadas conductas que debemos respetar, tanto por el fin de una convivencia pacífica como porque tenemos un deber como ciudadanos de honrar intereses ajenos a los nuestros. 

Con este pequeño entramado conceptual del civismo, pensemos de nuevo en las pintas: son personas que reclaman algo –pensemos que su reclamo es legítimo-, ahora bien, ¿no tienen también un deber respecto al cómo obrar en la consecución de su fin? Parece que sí. No habría deberes si se tratara de un sitio tiránico, pero entonces tampoco parece que pudiese haber protestas. Dado que sí hay protestas, no se trata de un lugar tiránico. Por fin, ya que no es un lugar tiránico, sí hay deberes. Luego, sin duda que puede haber una lista más o menos larga de deberes de cómo conducirnos de manera razonable frente a los reclamos que queramos hacerle a una institución, pero sin necesidad de ser exhaustivos, el deber de no dañar es primordial. 

Bajo la luz de este deber y honrar los términos de una convivencia pacífica –conductas sin las cuales sería imposible el relacionarnos-, obtenemos pautas morales acerca de cómo tratar a los demás, e incluso de cómo conducirnos, en la vida social, en cuestiones sociales y políticas. Si no cumplimos con tal deber, estamos obrando de forma inmoral, puesto que no respetamos un mínimo de conducta. Como lo veo, el realizar pintas en cuestiones que se presumen pacíficas, es inmoral.

La parte final de mi argumento es conceptual, y de hecho parece no ser controvertida, sino hasta obvia: si hablamos de un movimiento “pacífico”, se entiende que tal movimiento es consciente que hay determinadas conductas y pautas –que pueden ser de corte moral, cívico- que tienen que ser respetadas. Luego, ¿cómo es posible que si se presume de ser pacífico, se hagan conductas que van contra la misma idea de convivencia y pautas morales que conducen hacia tal idea de lo pacífico? No parece tener sentido. Por tanto, se está siendo inmoral, incluso bajo los propios términos del ser pacífico.

De esto no se desprende ninguna conclusión en contra de los movimientos pacíficos ni algo semejante, ya que de hecho nuestros reclamos están justificados. Mi queja es que hay que atender a nuestras conductas en los mismos reclamos que hacemos. Para finalizar, respecto a ese video del joven increpando a quienes realizan pintas, es una pésima descripción decir algo como “UNAM vs UNAM”: no parece tener sentido usar el nombre de una institución. En todo caso, se podría describir con algo como “Civismo vs Irrazonabilidad”. ¿Por qué siempre el sesgo de etiquetar con la Universidad conductas que en sentido estricto no se agotan por tu pertenencia a una institución? 


Imagen: http://www.4vientos.net/2018/03/07/aprueba-cabildo-de-ensenada-creacion-del-reglamento-de-participacion-ciudadana-y-vecinal/

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