La importancia del debate

Por Brandon Ramírez

 

Esta semana se dio el primer debate entre los candidatos presidenciales de Estados Unidos, rodeado de la expectativa de ser el más visto en años, esperando una audiencia que rebasaría el centenar de millones.

El debate en sí mismo es quizá la quintaesencia de la democracia, ya que conlleva la defensa de las ideas políticas propias, ante una oposición probablemente contraria a todos nuestros enunciados y posturas. Temas tan polémicos como los que rodean las drogas, diversidad sexual, derecho al aborto, entre otros; conllevan muchas veces la pasión del interlocutor, en la búsqueda de compartir con el resto de sus conciudadanos su visión del mundo, contrastando con quien se encuentra justo enfrente que, con pasión similar, busca demostrar lo contrario.

Pese a que la pasión debe estar presente, lo realmente importante es la construcción de argumentos y la elocuencia con que se exponen. En los concursos de debate y en la preparación de los mismos, un buen polemista debe ser capaz de defender, incluso ideas contrarias a la suyas, como hacen muchos abogados en sistemas de juicios orales, por ejemplo.

La confrontación de ideas, la muestra y aceptación del pensamiento plural y distinto, es la base de un régimen democrático, y lo que lo diferencia de uno autoritario. Lejos de solucionar las diferencias con armas, o con golpes, como se da en algunos Congresos y Parlamentos democráticos, irónicamente; el debate debe ser, como en los orígenes de la democracia, la arena de confrontación.   

Ya en el mundo clásico de la Grecia de hace un par de milenios, la palabra, el logos, era considerado una parte fundamental de la naturaleza humana, que le ponía en un sitio distinto al de los demás animales sobre la tierra. No en balde, la oratoria, retórica y demás formas de expresión oral discursiva, eran tomadas como una de las actividades más elevadas de los hombres, siendo heredadas así, incluso por el imperio romano, que le prosiguió.

Hoy día, privilegiamos otro tipo de habilidades y de expresión, dejando la retórica, argumentación y el arte discursivo en general para pocas áreas profesionales (a nivel internacional, no sólo en nuestro país), como la abogacía litigante, principalmente en aquellos sistemas judiciales acusatorios, o algunos niveles de la política, sino además de la academia. Es un contrasentido, si consideramos que es a través de la voz que comenzamos a comunicarnos con otros (aunque sea a través del llanto cuando somos bebés), y el medio de expresión que más utilizamos a través de nuestra vida.

Muchas manifestaciones artísticas pasan por la expresión oral, como el teatro, la declamación poética, o la música que, a través de algunos géneros como el rap, pueden construir un discurso sólido, que debate a través de éste a nivel político y social, además de su faceta como arte.

Puede que otros medios de expresión estén cambiando; por ejemplo, las nuevas tecnologías y el incremento apabullante de contenido que nos han facilitado, también han afectado a la expresión escrita, desde deformaciones del lenguaje tan típicas y criticadas por muchos desde los tiempos del apogeo del SMS y todas las contracciones del lenguaje que suscitó, y fue igualmente aplicado en otras redes sociales digitales, hasta la necesidad de restringir el tamaño de tu mensaje por limitación de caracteres en Twitter, que obliga a concretar y solamente escribir en términos de titulares. En cuanto a la lectura, por estas mismas razones tendemos más a dejarnos llevar por los encabezados que por el fondo en sí, ya que la inconmensurable cantidad de información a la que estamos expuestos, es imposible de asimilar de otra forma.

Por otro lado, la comunicación oral sigue estando presente de manera inmutable en nuestro día a día, con todos los que nos rodean. Si bien un emoji puede transmitir cierto estado de ánimo más allá de las letras, el escuchar a una persona y ver su rostro cuando nos habla, nos transmite mucho más. También, cuando queremos platicar de algo que consideramos de suma importancia, es más probable que queramos hacerlo hablando que por escrito, por ejemplo.

Y sin embargo, pese a la importancia que le damos al habla a nivel personal, académico, artístico y social en general, no se le da mucha para su desarrollo cuando somos pequeños, enseñándonos a construir argumentos para debatir con otros, o simplemente para hablar frente al público.

Puede que pocos lleguen a una instancia como un debate presidencial, en el que sean observados por millones de personas, y en el que cada palabra expresada será analizada, pero incluso para nuestro día a día, tener claridad en cómo exponer nuestras ideas, y defender en lo que creemos con la palabra, nos haría bien.


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