La ilusión del reciclaje

Ana Fernanda Garduño Morales

Hace poco leía un artículo sobre el plástico,el PET y el reciclaje, donde se hablaba sobre el alto grado de contaminación que daba el plástico al planeta; incluido el PET que “reciclamos”.
Lo que me impresionó no fue realmente el hecho de que para la generación de nuestros hijos el plástico que nosotros consumimos actualmente todavía no se degradará, o de la “sopa de basura” que se encuentra en el centro del océano pacífico norte, sino el hecho de que el porcentaje de reciclaje de PET en nuestro país es del 11%, mientras que en Japón es del 40%.
Las bebidas embotelladas en PET han tenido mucha popularidad en nuestro país desde la década de 1980, cuando llegaron a México, y en la actualidad es uno de los principales consumidores de bebidas embotelladas. Es estimado que nuestro país consume alrededor de 800 mil toneladas de PET al año, con un crecimiento del 13%.
El PET es una forma sencilla de adquirir bebidas y llevarlas a donde queramos; una forma fácil y barata de obtener algo para beber, que además es ligero, no tóxico y reciclable. Es por esto que el PET no es realmente el problema, sino las personas que lo consumen.
Todavía recuerdo ese momento en el que descubrí que mis abuelos tenían una colección de botellas de agua guardadas en su casa. Recuerdo que en un principio no lo comprendí; el hecho de que tuvieran decenas de botellas de agua guardadas, en lugar de servirse en un vaso, implicaba un gran desperdicio ecológico y económico. Fue más tarde que logré comprender que esto posiblemente tenía que ver con el hecho de que están más viejos, por lo que se cansan más si suben y bajan escaleras por agua. Esto está muy bien para las personas mayores, pero ¿Qué hay de los jóvenes que hacen lo mismo?
Los refrescos, bebidas energéticas, cervezas y aguas, son los productos que más consumen los jóvenes en territorio nacional; y casi todas estas bebidas están guardadas en PET o en latas de aluminio, por lo que la gente joven las consume más que nadie, y utiliza las botellas PET más que ningún otro sector de la población. Es entonces cuando surge la interrogante que traté en el párrafo pasado: ¿Por qué los jóvenes siguen dejando las botellas en las bancas o mesas de las escuelas, de los parque o, simplemente, tiradas en la calle? Creo que la respuesta es porque vivimos en una sociedad donde siempre “Se tiene algo que hacer”, y esas “actividades” no guardan tiempo para el medio ambiente. Como decimos popularmente aquí en México: “Por flojera”. Esta es la razón por lo que es más cómodo el dejar la basura en la calle a guardarla y esperar a que haya un bote de basura para tirarla. Para que haya ecología, tiene que haber también educación; y la educación consiste en llevar una vida armónica y sana, donde aprendas también que debes tener paciencia y que debes trabajar duro para ayudar al ambiente y a las demás personas.
No pretendo que se eliminen todas las botellas PET del mundo, o pido que todas las personas dejemos de contaminar; no sería un enfoque realista. Todas las cosas son un arma de dos filos, y la cuestión para la armonía, es saber mantener el arma equilibrada; saber que va a seguir habiendo personas que contaminan, o materiales contaminantes, o basura en las calles y entre las plantas. La cosa está, aunque no lo parezca, en que nosotros no lo hagamos. No podemos cambiar a los demás, pero sí podemos cambiarnos a nosotros mismos y a nuestros hábitos para lograr una coexistencia armónica con la naturaleza, con nosotros mismos, y con nuestras vidas en general.

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