La fracturación hidráulica y sus consecuencias

Por Sergio Andrade

 

En cuánta energía, materia prima y recursos se refiere, México obtiene del petróleo la mayor parte de sus ingresos y éste ya es considerado como un recurso en peligro de extinción. Es por ello que, los gobiernos y empresas petroleras se encuentran inmersos en una búsqueda insaciable de nuevas vetas de combustible.

El gas shale, o gas de esquisto, es el nuevo objetivo de las empresas energéticas en el norte del país tras la nueva reforma energética constituida por nuestras autoridades. Para la obtención de este gas, que se encuentra atrapado en las rocas, se utiliza la fracturación hidráulica (fracking). Esta técnica parte de la perforación de un pozo vertical que posteriormente se acompaña de una perforación horizontal que puede extenderse entre 1 a 1.5 kilómetros. Una vez realizadas las perforaciones se bombea una mezcla de agua, arena y cientos de sustancias químicas a elevada presión, lo que permite el flujo y la salida de este gas. Este procedimiento se realiza continuamente para mantener la producción constante.

La fracturación hidráulica es para México el espejismo de sostener un estilo de producción energética que podría estabilizar al país en corto plazo, pero como el petróleo, el gas terminará por acabarse y con él, los sueños de un país productivo. Este pronto beneficio dejará secuelas a largo plazo que poco podrán ser atendidas una vez que esta técnica empiece a llevarse a cabo de manera desproporcionada.

Con argumentos científicos, ambientales y testimonios de quienes han vivido o enfrentan sus efectos colaterales, 13 países han prohibido el fracking. En México, esta técnica ya se utiliza en Veracruz y el gobierno tiene previsto instalar 22 mil pozos en los próximos 20 años.

Un estudio realizado en 2011 por la Universidad de Manchester, Inglaterra, advierte que la extracción de gas shale tiene un riesgo importante para la contaminación del agua subterránea, debido al uso de sustancias químicas como benceno, tolueno, etilbenceno o xileno. Además de estas, otras 362 sustancias han sido identificadas por la organización TEDX (Diálogos sobre la Disrupción Endocrina) de Estados Unidos, que lleva varios años recogiendo información sobre los productos tóxicos utilizados; dentro de estas sustancias: 17 han sido clasificadas como tóxicas para organismos acuáticos, 38 son tóxicos agudos, 8 son cancerígenos probados y otras 6 son sospechosas de serlo, 7 son elementos que generan mutaciones y 5 producen efectos sobre la reproducción, según el reporte del Tyndall Centre for Climate Change Research de Inglaterra.

Además de la contaminación de mantos acuíferos, la fractura hidráulica también infiere una disminución de disponibilidad del agua para los seres humanos y ecosistemas puesto que se requieren de 9 a 29 millones de litros para la fractura de un solo pozo. La explotación de los 20,000 pozos anuales que se está planteando desde diversos sectores, supondría un volumen de agua equivalente al necesario para cubrir el consumo doméstico de entre 4.9 y 15.9 millones de personas en un año. Para los estados del norte como Chihuahua o Coahuila estas cifras son alarmantes, pues son regiones que año con año son azotadas por prolongadas sequias.

La calidad del aire por su parte, se ve comprometida al reportarse un 30% de escape de gases como el metano o el dióxido de azufre. Además de la ya emisión de gases de efecto invernadero producidos por los equipos de perforación y automotores de alto tonelaje.

Anudado a todo esto, el servicio geológico de Estados Unidos ha reportado que las aguas residuales provenientes de la fracturación hidráulica e inyectadas en las capas profundas de la tierra son responsables del fuerte aumento del número de sismos en el sur de Colorado y el norte de Nuevo México. La Academia de Ciencias británica, en su informe conjunto con la Real Academia de Ingenieros sobre fracturación hidráulica, publicado en 2012, ha informado que la Fractura Hidráulica contribuye a los eventos sísmicos en donde se efectúa la técnica. Otro estudio publicado en julio de 2013 en la revista Science y dirigido por Nicholas van der Elst, investigador de la Universidad de Columbia, encontró que terremotos poderosos a miles de kilómetros de distancia pueden desencadenar eventos sísmicos menores que se desplazan cerca de pozos de inyección de aguas residuales.

El fracking es entonces el tratamiento rápido para una enfermedad crónica, que tiene como principal aliado al conflicto de intereses. No queda clara la intención de seguir explotando los recursos no renovables de manera inmensurable en regiones donde escasean. La fractura hidráulica no debería ni siquiera considerarse en las regiones donde el agua es escasa. En términos románticos la fractura hidráulica ni siquiera debería considerarse por todos los riesgos de salud y medioambientales que conlleva. La pregunta a realizarnos sería… ¿extraer hidrocarburos fósiles en zonas donde las energías limpias, son una real solución? Alguien debería platicar con las autoridades sobre la energía solar y porqué en México es viable.


Imagen: http://news.wfsu.org/post/fracking-bill-clings-life-after-pushback-senate-appropriations

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