La filosofía crítica

Por Dante Noguez

Dado que actualmente existen múltiples concepciones distintas de la filosofía, me propongo hacer en el presente artículo una reivindicación de la filosofía en sentido estricto. El espacio del que dispongo es reducido, así que no abordaré a profundidad los conceptos psicológicos, mundanos, escolásticos, históricos, etimológicos y demás que se tienen respecto de la filosofía, sino que me ocuparé exclusivamente de la llamada filosofía crítica y, desde la construcción misma de esta filosofía, recalcaré los rasgos que la hacen diferente y única merecedora del título filosofía.

Partamos de una breve definición (elaborada por Gustavo Bueno, el filósofo a quien le debo este artículo entero): «La filosofía es enfrentamiento con las Ideas y con las relaciones sistemáticas entre las mismas». Es evidente que estamos hablando de una dialéctica, de una argumentación y pensamiento contra otros. Este ejercicio dialéctico es, evidentemente, crítico: es un proceso en el que, a partir de conocimientos y parámetros fijos desde los que se ejercitarán las operaciones (porque cifrar una crítica desde el vacío o la nada es imposible, pues no cabe elaborar juicios sin partir de un sistema o de determinados principios), se aborda un análisis crítico de ciertos problemas o asuntos para sacar de ellos las concepciones, conclusiones o proposiciones más razonables y conformes a los propios criterios de los que la crítica partió. El ejemplo perfecto está en Platón: lo único que Platón hace en sus Diálogos es criticar las ideas e hipótesis disponibles en su momento. Del enfrentamiento de sus propias ideas con las demás, saca las conclusiones más convenientes.

Hay que prestar atención a lo siguiente: la filosofía, en este sentido, se ha señalado como una acción o proceso. La filosofía es, por lo tanto, un procedimiento de clasificación (discriminación, comparación, distinción, etc.) que está dado en función de otros campos categoriales y que no posee un contenido en sí mismo o para sí mismo, o sea, que la filosofía es un saber de segundo grado; la filosofía se adhiere a los distintos campos o ciencias o problemas del presente para cumplir con una función catártica.

Como he dicho que la filosofía está dada en función de otras disciplinas o ciencias, el lector seguramente podrá pensar que, por lo tanto, también es eminentemente presente y, en consecuencia, carente de trascendentalidad o universalidad e incluso visión histórica. Esto es erróneo. El pasado forma parte del presente, y las ideas del pasado son totalmente útiles para la filosofía crítica (aunque muchas veces solamente sirvan para recordarnos por qué determinados sistemas o razonamientos deben desecharse) en tanto que pretende, según nuestra definición, enfrentar y clasificar ideas, determinar las contradicciones o fallas que hay en ellas según los principios de los cuales se parte, y discriminarlas y distinguirlas para sacar las conclusiones oportunas.

Y, por otro lado, aunque la filosofía parta desde un presente cultural, se basa en universales no circunscribibles a culturas ni sociedades determinadas. La trascendentalidad de la filosofía crítica le está dada en tanto que únicamente parte, como ya dije, de conocimientos fijos y bien establecidos, certezas históricamente alcanzadas y universalmente aceptadas. Muchos conocimientos matemáticos, físicos, químicos y lógicos, por ejemplo, están totalmente fuera de ser ideologías o contenidos puramente culturales; son, al contrario, certezas con validez praetercultural y, por lo tanto, cumplen con los criterios que hemos señalado, y, por consiguiente, funcionan como herramientas esenciales para la filosofía y le otorgan ese grado de universalidad a sus criterios.

Es evidente que, expuesta esta importante concepción de la filosofía, damos ya por descartados los risibles y ridículos usos que se hacen de la palabra filosofía, y llegamos a un plano donde se le otorga una utilidad trascendental e indispensable para cualquier ciudadano. Dejaremos atrás esos vacíos maquillados con la palabra filosofía (La filosofía de los empresarios); esos psicologismos, delirios y presuntas revelaciones de conocimientos eternos (verbigracia, quienes definen a la filosofía como «amor al saber», o quienes pretenden usar a Heidegger para pronosticar y solucionar problemas del presente); esas retóricas dignas de adolescentes hormonales («Si miras demasiado tiempo al abismo, el abismo te mira a ti»); y demás análogos. Los dejaremos atrás y nos tomaremos más en serio a la filosofía: en una sociedad donde cada tres horas los «científicos» concluyen apodícticamente unos disparates que de ciencia no tienen nada; en una sociedad donde las discusiones se basan en compartir opiniones puramente personales llenas de falacias y contradicciones internas; en una sociedad a la que un libro de lógica formal le parece estar repleto de jeroglíficos; en una sociedad (democrática) que no es capaz de defender su dignidad porque no tiene principios definidos; en una sociedad que se queja de la situación económica de su país pero no sabe quién carajos es Marx; en una sociedad que en términos científicos, éticos, educativos y tecnológicos es una completa vergüenza hace falta filosofía crítica. Hace falta mucha, mucha filosofía crítica.


Bibliografía:

Bueno, G. (1995). ¿Qué es la filosofía? Oviedo, España: Pentalfa Ediciones.


Imagen: https://theoclea.wordpress.com/2012/08/02/we-built-that/

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