La fiesta de sol y sombra (segunda parte)

Por Mónica Vargas

“Intelectualmente puedo ver que la balanza del hombre está al cincuenta por ciento, y las probabilidades de que acabe destruyéndose a sí mismo están muy igualadas. Intelectualmente no puedo verlo de otro modo. Pero soy emocionalmente incapaz de creer que llegaremos a esto. Supongo que esto quiere decir que por naturaleza soy un optimista y que por convicción intelectual un pesimista”.
William Golding.

Lord of the flies, en español El señor de las moscas es la novela más reconocida de William Golding. La cuál fue publicada en 1954 luego de ser  rechazada por varios editores. Leí el libro con cierta curiosidad sociopolítica, pero a medida que recorría los primeros capítulos me di cuenta que es un libro lleno de metáforas, aplicables a muchas circunstancias humanas de cualquier época.

La obra nos relata la historia de un grupo de niños no mayores a 12 años que a causa de un accidente aéreo, deben aprender a sobrevivir en una isla desierta, sin adultos, reglas ni límites, lejos de la civilización. Ellos establecen normas que al pricipio parecen funcionar pero con el miedo y la incertidumbre de que pasaría con ellos, terminan por desobedecerlas. Pronto surgen enfrentamientos entre dos chicos, los cuales consiguen la ruptura de la democracia y la creación de un nuevo grupo llamado “los cazadores” en el cual surge la violencia, que con el paso del tiempo provoca dos trágicas muertes.
El título del libro hace alusión a la cabeza de jabalí llena de moscas enterrada por el grupo de los cazadores en una estaca, esto como ofrenda al monstruo que creían que los perseguía. Dentro de la metáfora de Golding, el monstruo es el mal que hay dentro de cada ser humano, el cual provoca la violencia y la crueldad entre los hombres, por tanto algunas actividades pueden leerse como ritos que llevan a cabo demostrando su bravía, el prestigio del más fuerte, el rol protector de quien trae comida, la fascinación ante el fuego, la añoranza del hogar.
La tensión entre el caos y el orden está presente en todo el desarrollo.

La civilización humana es extremadamente frágil, más que una característica del hombre, se ha convertido en un adjetivo banal que nos diferencia supuestamente de otras especies. Somos civilizados pero desde anteayer y tampoco tanto. ¿Cómo se reflejan estas conductas en nuestra sociedad dentro del contexto de la tauromaquia?

Como sociedad, en muchos casos se ve alterado el sistema de orden impuesto (leyes, normas y creencias) momento en donde surge la bestia que llevamos dentro cuando se ejerce presión sobre ella y aflora el lado oscuro del ser humano. Violaciones, asesinatos, suicidios, amenazas e injusticias por el puro placer de destruir. Sin fuerza que lo detenga ni mucho menos que lo evite.
La injusticia con el más débil puede entenderse como la necesidad de superioridad por parte de los más fuertes ya sea intelectual o físicamente.

El interés de algunos por la lidia de toros debe de tener algo que ver con esto. Los toros, como demás animales sufren, pero el hecho de que sean animales convierte su sufrimiento en tolerable. Perfecta para sacar esa naturaleza violenta sin que se sienta o se ensucie demasiado la consciencia. Creo que se antepone el deseo de obtener placer artístico y emocional al derecho de los animales de vivir justamente y morir con dignidad.
No es mi intención ofender a nadie pero esto es lo que siento y como lo siento lo escribo aquí.

Regresemos algunos siglos, época en que no existían las leyes ni la cárcel en donde se paga el mal que una persona hacía. Muchos saqueadores o asesinos eran sentenciados por su población a la muerte, ya sea a pedradas o en la horca. No tienen ninguna opción de salir vivos, morían y punto. De alguna abstracta forma era mucho más razonable en términos de sufriendo que la lidia de toros. A fin de cuentas pagaban las consecuencias de sus actos, permitían al menos unas últimas palabras, las personas elegían su destino, a nadie se le obligaba a ser bueno o malo. Pero al toro no, al toro se le mata brutalmente sin que tenga consciencia de lo que sucede.
Pero un toro es un animal y un saqueador un ser humano. Para muchos esto representa una diferencia abismal.

La pregunta del millón sigue siendo ¿por qué los aficionados a la lidia de los toros, que han recibido (la mayoría) una educación culta y que no sufren (creo yo) de algún desorden mental, son partidarios de que se torture hasta la muerte a un espléndido animal?

Yo creo que cada quien tiene su teoría y sus razones por las cuales apoyar o rebatir las corridas de toros y demás espectáculos taurinos. Sin embargo en un debate de esos de taurinos contra pro animales, el taurino no tiene ni media torta. Al final, la opinión es libre y personal, pero la razón está sobre el placer. Lo digo con toda la humildad del mundo: es que ni con la peor de mis retóricas sería capaz de rebatir hechos como ese que a muchos partidarios de la lidia lleva a afirmar que “el toro tiene una muerte digna”.

En el poemario Tiempo de Exequias  del autor tlaxcalteca Manuel Camacho Higareda, el argumento central es la muerte, en donde paradójicamente se ven envueltos temas que nos llevan a entender la vida misma. Puse especial énfasis en leer “la tauri-nada” el tercer poema del empastado, que desde el título nos da una idea de lo que hablará; se narra esta metáfora tan socorrida de la fiesta de los toros como la máxima expresión de vida y muerte; el espectáculo en donde un trance se vuelve bello ante los ojos de lo ordinario. En donde nos damos cuenta que aquello que llamamos “vida” en realidad es el resultado de una práctica de costumbres adquiridas, como dice el autor:

“Somos carne de nada y por nada

Un lance en el que la vida pasa.

En el tercio final, ovación de luto”.

Me parece maravillosa la cuestión de seguir tomando como ejemplo el tema de los toros para explicar la vida, pero me sigo cuestionando el hecho de que sea referéndum obligado al hablar de muerte; que en un libro cuyo motivo es la supresión, el toro tome protagonismo en todo un capítulo, siendo el arquetipo de “muerte digna” y convirtiendo en NORMAL el sufrimiento del mismo.

Lo cierto es que como cultura, tenemos arraigada la idea de que los hombres y mujeres somos superiores a los demás seres vivos, pero me pregunto: si vivimos gracias a los dones de la naturaleza ¿somos superiores, o somos tan grandes como ella? A veces ya no se trata tanto de quien pueda sentir empatía por otro ser vivo, sino de quien pueda entender el grado de necesidad que tenemos por él y la cordura de proteger aquello con lo que coexistimos.

Es mucho el acervo en donde se puede hablar del toro como protagonista de arte, y como tal merece su respeto, su cabal renombre; dejar de relacionar festividad con su agravio; dejar de argumentar lo que ya se sabe y tener el cuidado de reflexionar la decisión de apoyar la tradición taurina, o ausentarse de estos actos tan crueles y primitivos de nuestra sociedad.

Tiempo de Exequias abre un nuevo panorama de lo efímero que es la existencia, lo quebradiza que es la vida y el cuidado que amerita el día a día, tanto personalmente como con los demás. Hoy, más que nunca reafirmamos que así como no pedimos nacer, no podemos obligar a otro a morir.


Imagen: https://www.elconfidencial.com/espana/2015-11-23/aldaia-valencia-no-toros-consulta-popular_1104871/

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