La falsedad de la doble moral y otros asuntos engañosos

Por Miguel Téllez

En este escrito dibujaré tres situaciones comunes, luego pasaré a señalar qué es lo que tienen de erradas y por qué deberíamos darnos cuenta de lo que admitimos, decimos, pensamos y formamos parte de nuestro cómodo sistema de creencias inamovibles, respecto a esas situaciones –y también que impliquen otras parecidas-. Comenzaré con un rodeo.

Primera situación. Muchas veces escuchamos –si no es que nosotros lo hemos dicho- a la gente indicar: “ese sujeto tiene doble moral”, “las personas son doble moral”, etc. Las circunstancias en donde se menciona la “doble moral” suelen ser cuando hay una ‘x’ tal que predica algo pero termina haciendo una cosa contraria a lo que predica –o al menos incoherente-. Por ejemplo, los conductores de televisión abierta pueden hablar de respeto, honestidad, justicia, etc., y después los veremos figurando en una noticia, donde ellos fueron partícipes de robos, fraudes, etc. Otro ejemplo, muy fácil de identificar, es cuando uno se entera que algún religioso tiene vínculos con el narcotráfico, o es culpable de delitos sexuales. Lo vemos con políticos, autoridades judiciales y muchas otras profesiones. Lo que considero que está errado es lo siguiente. Decir que alguien es, o tiene una “doble moral”, implica ser caritativo y suponer que tal persona tiene una moral. ¿Qué significa tener una moral? Contar con un sistema normativo que nos diga qué es correcto e incorrecto en todas las situaciones posibles, qué es permitido, obligatorio y prohibido realizar en las situaciones que consideremos moralmente importantes y, además, que se cumple. Como lo veo, ninguna persona sensata tiene una moral. Tal vez la gente que tiene vínculos con alguna religión sí posee una moral –al menos en el sentido de algunas reglas de conducta-, pero en ocasiones chocan los intereses de su práctica con las intuiciones que ellos mismos tienen: ¿donar sangre para salvar la vida de un hijo o ser querido, aunque uno practique ‘x’ religión, es una obligación o debemos hacerle caso a la práctica religiosa y no salvarle la vida?

Estoy seguro que no existe tal sistema normativo que pueda solucionar todo caso moralmente relevante. Si son así las cosas, una persona no es “doble moral”, lo que ocurre es que se trata de un ser que es “santurrón” o sufre de voluntad débil. Esto es más razonable, ya que además de que es muy difícil que alguien tenga una moral –con normas para todo caso y que además las cumpla quien las predique-, es bastante común tener voluntad débil. En asuntos no morales lo vemos: las dietas cuestan mucho trabajo, el ejercicio, dejar Facebook, etc. De esto no se sigue que debamos excusarnos y poner de pretexto que en nuestra naturaleza forma parte la débil voluntad y que por ello somos como somos. Nacemos ignorantes y ello no nos excusa de no querer perfeccionar nuestro entendimiento.

Segunda situación. Han comenzado a hacerse virales los videos donde aparece un juez llamado Frank Caprio. Estoy seguro que la gente los comparte porque están de acuerdo con sus sentencias y los razonamientos que él hace para llegar a tales resoluciones. Sin embargo, parece que frente a los actos de “bondad”, o para ser menos “cursis”, digamos “razonables”, nos olvidamos de los procesos y fines de una práctica. Si googleamos “Fran Caprio juez” encontraremos palabras como “sensibilidad”, “bondadoso”, “justo”, etc. Pero la pregunta es la siguiente: ¿es el derecho una práctica en donde se requiere de bondad? Imaginemos que vamos a juzgar a Hitler por genocidio. Le preguntamos que de qué se trata, si tiene algo que agregar o se declara culpable. Luego nos cuenta una increíble y sensibilizadora historia de por qué es así de cruel. Su narración es espléndida, y supongamos que de hecho lo que contó ocurrió así. ¿Debemos retirar el cargo? ¿Debemos recurrir a nuestras intuiciones sobre lo que es “justo” y dejar de lado las normas jurídicas?

Un mago no revela sus secretos, pero sin duda mi ejemplo es tramposo. Los casos del juez Caprio podríamos catalogarlos como “irrelevantes”, “comunes”, “no peligrosos”. El ejemplo de Hitler parece, en cambio, peligroso y de mucho cuidado. Sin embargo, ahora sin trampas: ¿es que acaso los escenarios delictivos, unos se toman en serio y otros más light? Si tú fueras la víctima de una ofensa por un muchacho que estaba en estado de ebriedad, y el juez Caprio no impone una pena porque el joven ya padeció diversas circunstancias que más o menos –según el juez- son equivalentes a sanciones, ¿estarías satisfecho? ¿Depende de cada quién? ¿Quién tiene razón de esos ‘cada quién’? Una cuestión relevante en filosofía del derecho es si el razonamiento moral tiene cabida en el Derecho. Este juez recurre a una especie de razonamiento moral –al considerar actos como “razonables”-, pero ahora imaginen que otro juez recurre a un razonamiento de la moral cristiana, ¿estaremos de acuerdo? ¿Acaso hay morales ‘mejores’ que otras? ¿Cuál es el parámetro?

Tercera situación. El 28 de agosto se conmemoró el “Día del Adulto Mayor”. Salieron memes, no es novedad. El humor no es el problema –en este momento para este escrito-, lo llamativo es que en lo que se hace viral, se representan las acciones que reconocemos como agradables por experiencias vividas. Por ejemplo, una imagen ponía en contraste el trato que dan los padres frente al que dan los abuelos. Los padres eran pintados como rigurosos y los abuelos como “buena onda”. Esto es agradable y puede evocar recuerdos. Pero, ¿realmente somos sensibles frente a lo que implican los adultos mayores? Estoy seguro que muchos desesperan con el trato donde se ven implicados los adultos mayores. Como cualquier fenómeno contingente, el asunto del envejecimiento tiene muchos agentes, no sólo los adultos mayores. Sin duda hay tantos días en el calendario, donde se conmemoran hechos relevantes, y nosotros no entendemos la importancia. Es común. Como pasa con los otros casos, son asuntos que tratamos sólo por tratar, los incorporamos a nuestro sistema de creencias y ahí quedan: asuntos engañosos.


Imagen: http://alphr.es/author/1/

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