La excepción no hace la regla

Por Alejandro Rafael Lima

Ricardo Pablo Pedro es el ganador del Premio Nacional a la Juventud en la categoría de logro académico de este año (2017). El caso de Ricardo es particularmente sorprendente por la historia de vida que está detrás de sus logros académicos: Ricardo es indígena zapoteco, oriundo de estado Oaxaca, de una pequeña comunidad rural llamada La Mina, donde creció bajo un techo de palma y suelo de tierra. Lamentablemente no habla zapoteco como su mamá, pues ella prefirió no enseñarle para no ser discriminado. Ricardo cuenta que en su primer semestre en la universidad (UNAM) se la vivió literalmente a puro pan y agua. Además, vivía en un pequeño cuarto de lámina que compartía con dos compañeros más. Sumada a la pobreza, le podemos agregar la discriminación que ha vivido a lo largo de su vida por su condición étnica. Estos son algunos de los obstáculos a los que se ha enfrentado a lo largo de su vida. Sin embargo, Ricardo no se dejó vencer y ahora es el primer joven indígena de México en estudiar un doctorado en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Sin embargo, la excepción no hace la regla. Ricardo es un caso excepcional, un comodín, de la realidad mexicana. En México sólo 22% de la población entre 25 y 64 años tienen estudios superiores, o sea, sólo 2 de cada 10 personas en ese rango de edad han tenido acceso a la universidad.¹ De ese porcentaje, sólo 1% cuenta con maestría y menos de 1% con doctorado (Panorama Educativo de la OCDE 2017). Esto coloca a México en el nivel más bajo entre los países de la OCDE. Según la Red por los Derechos de la Infancia, en nuestro país 9 millones de personas menores de 19 años no estudian, lo que representa 24% de la población en edad para hacerlo. De ese número, 3.6 millones son niños entre 5 y 17 años que no van a la escuela principalmente por dos motivos: trabajo (sobre todo agrícola) o incapacidad física (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo). México es el único país de la OCDE donde se espera que los jóvenes de entre 15 y 29 años pasen más tiempo trabajando que estudiando. Además, México tiene un porcentaje alto de ninis (jóvenes entre 15 y 29 años que no estudian ni trabajan), en el año 2016 se estimaron 7.5 millones de jóvenes. En América Latina y el Caribe, sólo 0.7% de los jóvenes en situación de pobreza han podido terminar sus estudios superiores (OREALC 2015).  La situación para la población indígena es aún más difícil, en nuestro país viven un poco más de 10 millones de indígenas que representan 9.8% de la población total, la mayoría vive en zonas rurales y sólo 17% en ciudades; 80% de los municipios con esta población presentan alto o muy alto grado de marginación; es el grupo poblacional con mayor rezago educativo. Las principales causas del rezago son: la pobreza, la distancia geográfica de los centros educativos, las barreras culturales y la discriminación, y la calidad educativa recibida en niveles anteriores. En México sólo 1.5% de población indígena accede a la educación superior. De ese porcentaje, ¿cuántos  estudian un posgrado?, ¿cuántos estudiar un doctorado?, ¿cuántos estudian un doctorado en el extranjero? El caso de Ricardo es sumamente excepcional.²

La mayoría de las personas sienten motivación y alegría con casos como el de Ricardo, llegando a creer incluso que “querer es poder”. Sin embargo, eso no es más que una falacia de planificación y un sesgo cognitivo optimista (Kahneman 2011).³ Es decir, es pensar que si una persona se esfuerza demasiado y hace las cosas correctas, entonces logrará el éxito.4 Empero, eso es falso. La incertidumbre, el azar y los factores externos al sujeto son un hecho innegable en el desenvolvimiento y determinación de cada persona en una sociedad. Que gusto me daría que el querer y la disciplina fueran suficientes para lograr el éxito de esa magnitud, ¡este mundo sería mucho mejor! Pero debemos ser realistas y ver los datos duros: Ricardo no está dentro de la media. Lamentablemente la regla es que si naces pobre, muy probablemente mueras pobre;5 que sí eres indígena pobre, muy seguramente no puedas acceder a la educación superior. De acuerdo al centro de estudios Espinoza Yglesias, la educación en México, actualmente, no es un factor tan relevante de movilidad social. En otras palabras, incrementar el grado de escolaridad no garantiza una mejor calidad de vida en este país. Este centro de investigación también llega a las siguientes conclusiones: las personas en situaciones más vulnerables (sin eufemismos: los más jodidos de los jodidos) y con poca o nula movilidad social están en el orden siguiente: 3) indígena, 2) indígena mujer, 1) indígena mujer pobre. Ahora te pregunto con base en estos datos: ¿Si Ricardo hubiera sido mujer habría logrado su meta?

Yo sueño con un México donde los Ricardos no sean la excepción, sino la regla.


Imagen: http://imparcialoaxaca.mx/nacional/82336/joven-oaxaqueno-gana-premio-nacional-de-la-juventud-2017/


1 Y según la Encuesta Nacional de Ocupación (2015) un 20% de esas personas laboran en la informalidad.
Valga el pleonasmo.
3 No critico el sentimiento, sino las inferencias que se hacen desde ese sesgo.
4 No quiero decir que no sean factores relevantes, sino sólo que no son condiciones suficientes para lograr éxito de esa envergadura bajo el contexto.
5 O si se quiere: la media. Decir reglas connota emocionalmente cierto determinismo.

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