La dualidad machismo-feminismo

Por Mónica Vargas

“Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada?” 
Sor Juana Inés de la Cruz

Leer a Sor Juana es rico intelectualmente; pero conocer su historia, es rico para el alma. Un ser humano que a pesar de su contexto social y económico tan precario, logró trascender en la historia de México y del mundo, ya que fue una luchadora por los derechos de la mujer y promotora de la justicia social predicando a través de su capacidad tan pulcra para una de las artes más bellas y difíciles de conquistar: la literatura.

La batalla que protagonizó Sor Juana no mueren hasta estos días; la búsqueda de la equidad de género, tal como la moneda, tiene dos caras: el machismo tradicionalmente conservador y el feminismo desgraciadamente extremista. Después de muchos años de lid para darle a la mujer un lugar “justo” en la vida social, laboral, cultural, educativa y política, se ha llegado a una época donde se radicaliza en algunos sectores y ridiculiza en muchos otros.

El sexo femenino ha protagonizado un debate persistente en los últimos años de la humanidad, desde pláticas de sobremesa hasta foros internacionales en su defensa, ya sea hablando de equidad de derechos, paridad de género en política, alto a la trata de blancas, entre otros tópicos, y claro, qué importante es atender estos temas en un sentido responsable y qué grave sería dejarlos al aire.

Ahora bien, es importante dejar claro que la igualdad y la equidad no son lo mismo. La igualdad ocuparía que los hombres y las mujeres seamos idénticos, lo cual es imposible científica, psicológica y filosóficamente; mientras que la equidad, por otro lado, corresponde a igualar oportunidades para todos, es decir, ser justos e imparciales para que ambos logren sus objetivos.

El problema es cuando esa lucha por la equidad que en un principio se llamó feminismo, se ve transgredida en su propia acepción, buscando y/o concediendo privilegios a la mujer. El punto es moderar la balanza, no inclinarla a favor de la mujer; que si bien, pudiera ser la parte “frágil” de la humanidad, no debe ser tratada diferente, pues de acuerdo a la RAE, la discriminación es el trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, políticos, de sexo, etc., en este entendido, la mujer del siglo XXI ha sido discriminada preferentemente ante el sexo masculino.

Desde el preludio de la humanidad, la mujer simboliza importancia no por su naturaleza en sí misma, sino por lo que conlleva principalmente su anatomía: la maternidad. No obstante, la ciencia nos demuestra que la maternidad no es exclusiva de la mujer (al menos no en vocablo) porque en significado, la paternidad tiene el mismo rol, como la fuerza bruta no es exclusiva de los hombres, ambas categorías son aptas para aprender y desarrollar actividades que se consideraban peculiares.

Creo que es importante dejar de adjudicarle a la mujer únicamente términos maternales para describirla. La poesía, la pintura y la música, por ejemplo, son artes que delinean a la mujer como el origen de la vida, del amor, los cuidados, la ternura… y qué pasa cuando una mujer no ejerce jamás su maternidad, qué términos le corresponden, ¿deja de ser mujer y por ende debe prescindir de sus derechos y/o privilegios?

Desde 1975 la ONU decidió conmemorar el día internacional de la mujer, en 2017 la idea es que se celebra a la mujer por el simple hecho de ser mujer, de haber nacido con estrógeno. El 8 de marzo es para recordarnos que tenemos la misma capacidad que quienes gozan de testosterona, para recordarle a las autoridades que también merecemos derechos, de demostrarnos a nosotras mismas nuestro lugar; no para reunirnos a convalecernos juntas.

Qué tal si ahora vemos la definición de mujer como el final de un ser humano considerado objeto, la consumación de una etapa de cortesanas y amantes trágicas, la expiración de la inferioridad femenina ante la figura del hombre.

Las grandes luchas sociales conllevan años de trabajo y ninguna de ellas ha sido fácil, mas son símbolo de cambio, de progreso y esperanza para la raza humana. La lucha por la mujer no termina hasta que sea considerada tan merecedora de derechos del hombre como de sus obligaciones y viceversa.

La mujer no se puede seguir catalogando como sector vulnerable, cuando entre mujeres sabemos que somos fuertes y valientes, que nuestra mente puede alcanzar alturas indeterminadas y que nuestro coraje nos ha llevado a las grandes conquistas de la ciencia, la tecnología, el arte, la gastronomía, la política… No podemos encajonar a un único sexo a las personas más grandes de la historia, pues el trabajo yuxtapuesto vale más que el machismo y el feminismo juntos.


Imagen:https://www.am.com.mx/2016/03/05/mexico/llevaria-45-anos-lograr-equidad-de-genero-en-mexico-267740

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