La danza glacial de la vida

Por Sebastián Block Munguía

 

Cada vez que encuentro mi horóscopo en una revista, le doy un vistazo a lo que me deparan los astros; pero siempre me decepciona la vaguedad de lo que leo. No creo que la posición de los astros respecto a nuestro planeta tenga mucho que ver con mis probabilidades de encontrar novia, ganar dinero o ser traicionado por mis amigos.

No obstante, la posición de nuestro planeta respecto a un astro en particular ­­–el Sol– tiene un efecto radical en nuestra vida y en la de todos los organismos que existen o han existido sobre la faz de la Tierra. Basta decir que el ciclo del día y la noche, o el de las estaciones, resultan de distintos movimientos de nuestro planeta respecto al Sol. Con base en estos ciclos se pueden hacer predicciones mucho más exactas que las del horóscopo de las revistas. Por ejemplo, que los grillos cantan durante la noche y los pájaros durante el día, o que en la Ciudad de México llueve más en septiembre que en abril.

Pero esto no es todo. Hay otros movimientos cíclicos de la Tierra respecto al Sol, importantes para la vida y que suceden en escalas de tiempo mucho mayores.

Estaciones milenarias

Hace casi 200 años, varios naturalistas se dieron cuenta de que algunas montañas parecían haber sido moldeadas por enormes masas de hielo que alguna vez las cubrieron. ¿Por qué había desaparecido el hielo? Era un misterio. Lo único claro era que en algún momento, gran parte del planeta estuvo congelado, en una auténtica era glacial.

Varios años después, a un astrónomo aficionado llamado James Croll, se le ocurrió una explicación de la misteriosa desaparición del hielo. Se dio cuenta de que la interacción gravitacional de la Tierra con otros astros, podía alterar el movimiento de ésta respecto al Sol. Esto haría que la distribución de la radiación solar recibida por la Tierra variara en ciclos regulares, lo que podría provocar cambios climáticos tan drásticos como para congelar medio mundo.

La idea de Croll no fue aceptada hasta que un astrónomo y matemático serbio llamado Milutin Milankovitch la desarrolló un poco más. Milankovitch se dio cuenta de que hay tres tipos de cambios cíclicos en los movimientos de la Tierra respecto al Sol que se repiten cada varios miles de años. Estos tres tipos de cambio se llaman ciclos de Milancovitch en su honor.

La interacción de los tres causa cambios climáticos tremendos en nuestro planeta. Cada ciertotiempo, los glaciares de los polos crecen y cubren gran parte del planeta. En otras palabras, empieza una era glacial.

 

Ciclos de Milancovitch

Ciclo

Duración Consecuencia
La órbita terrestre se vuelve más o menos elíptica. 100 mil años Cuando la órbita es menos elíptica, la Tierra está a casi la misma distancia del Sol y recibe de éste la misma radiación durante casi todo el año. En cambio, cuando la órbita es más elíptica, el calor que la Tierra recibe del Sol cambia mucho durante el año.
Cambia la inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto al plano en que gira alrededor del sol. 41 mil años Entre más inclinado esté el eje de rotación, las diferencias entre el invierno y el verano son más drásticas.
La Tierra se tambalea como un trompo cuando pierde velocidad. 23 mil años Debido al tambaleo, a veces el verano en el hemisferio norte coincide con el momento en que la Tierra está más cerca del Sol, y el invierno con el momento en que está más lejos. Esto causa que las diferencias entre estaciones sean más marcadas.

 

La danza glacial

 Durante una era glacial no sólo hace más frío. Como una buena parte del agua del planeta se congela, el clima se vuelve más seco y el nivel del mar baja. En consecuencia, la distribución de los seres vivos en el planeta cambia drásticamente.

Es complicado saber dónde estaban las diferentes especies de seres vivos en el pasado, pero sus fósiles nos dan buenas pistas. En particular, los restos de polen de las plantas nos dan una idea de cómo era la vegetación de un lugar, y así podemos inferir cómo era el clima y qué animales vivían ahí.

Gracias a esas y otras pistas, es posible imaginar cómo se veía el mundo durante las eras glaciales. Para empezar, los glaciares cubrían una buena parte de Norteamérica, Europa y Asia. Las tundras y bosques templados llegaban mucho más al sur, a zonas en donde ahora hay bosques tropicales. Como además el ambiente era muy seco, casi todas las selvas fueron reemplazadas por pastizales y sabanas. Los únicos lugares en donde quedaron selvas, fueron las montañas más húmedas cercanas al ecuador.

Esos pequeños fragmentos de selva, fueron los únicos lugares del planeta donde la vegetación no cambió drásticamente durante las glaciaciones. Todas las especies que viven en las selvas tuvieron que refugiarse ahí, por lo que esos lugares se conocen como refugios de glaciación.

Una de las explicaciones para la gran biodiversidad que hay en las selvas tropicales es que son ambientes que han permanecido constantes durante los ciclos de glaciación, por lo que ha habido más tiempo para la evolución de nuevas especies. En cambio, las regiones templadas han sido cubiertas por glaciares una y otra vez, por lo que la vida ahí ha sido intermitente.

Con el fin de la glaciación, las selvas se volvieron a expandir por todas las regiones tropicales. Los glaciares se retrajeron hasta los polos y dejaron a su paso una tierra sin vida, pero lista para ser colonizada de nuevo. Poco a poco, las especies volvieron a migrar al norte, cada una a su paso, y formaron nuevos bosques hasta que una nueva glaciación las obligó a migrar al sur otra vez. Así, al ritmo de los movimientos cósmicos de la Tierra, la vida ha subido y bajado por el globo, en una auténtica danza glacial.

Cuando se pierde el ritmo

La última glaciación terminó hace unos diez mil años. Tenemos la suerte de vivir en un cálido periodo interglacial. Sin embargo, el clima está cambiando y no a causa de los ciclos de Milancovitch, sino debido al grado en que los humanos hemos modificado nuestro planeta. Es difícil prever todas las consecuencias de este cambio climático, pero no hay duda de que la vida está afectada y lo seguirá estando. Conocer cómo ha reaccionado la vida a los cambios climáticos en el pasado puede ayudar mucho a imaginarnos qué pasará ahora.

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