La cuenta regresiva

Por Brandon Ramírez

Esta semana ocupó mucho espacio en medios los cambios en el gabinete presidencial, obligados por los tiempos con vista a las elecciones del próximo año. Una profesora me comentaba que le parecía curioso que las formas recordaban mucho a las de hace más de un par de décadas, probablemente queriendo remembrar los tiempos en que este hecho significaba por adelantado la elección presidencial en sí misma, y dotar de ese empuje y sensación inevitabilidad que impulse la candidatura a niveles competitivos.

Yo no podía estar de acuerdo, por una cuestión de edad. Mi interés en la vida política del país, fue entre la secundaria y la preparatoria, ya en un segundo gobierno no priista en el país, y casi toda mi vida con gobiernos de nuestra izquierda en la Ciudad de México. Todo el ritual que aluden a término personal no me dice nada, si bien es historia conocida la forma en que funcionaba la sucesión presidencial en esa época.

Por más que las formas quieran evocar otros tiempos, por la razón que sea: dar una imagen de fortaleza, remembranza de victorias previas, asegurar el voto tradicional que podría alejarse al tener en la boleta a alguien que en estricto sentido no pertenece a su partido, o cualquier otra, no deja de ser sólo un ritual estético, un performance que crea más dudas que certezas, ya que en buena medida esas prácticas fueron una de las razones por las que se pedía en otros tiempos un cambio en la vida política del país, o bien pasa desapercibido porque el público al que puede aludir ha reducido su número, siendo que muchos crecimos en un contexto distinto.

Quienes hayan nacido en la década de los noventa, habrán vivido el nacimiento de su interés (o desinterés consciente) por la política seguramente tras la alternancia del año 2000, ya que pocos niños se interesan en dichos temas, teniendo como preocupaciones e intereses otros temas, siendo la política un tema que pueden rodearles sólo circunstancialmente. No crecimos con las demandas de democratización de los 60, 70, la fractura del partido hegemónico de los 80, pero sí en la década de la creación del IFE, la pérdida de mayoría en el Congreso y de la presidencia de dicho partido, la alternancia, una elección tan cerrada como la de 2006 y el gobierno que comenzó en 2012 puede que más que un regreso fuera para nosotros la llegada por primera vez del PRI a un gobierno que te impacte de forma directa. Eso puede variar según el estado en que se viva, pero si se vive en Guanajuato, Baja California o la Ciudad de México, puede que sea así.

Rituales aparte, el electorado que hoy día vive en nuestro país además de contar con esas generaciones a las que estos no les dicen nada que puedan recordar, por no haberlo vivido, y que sólo conoce por textos o videos de otros tiempos, también está la sensación generalizada a nivel mundial de un mayor descontento con los partidos políticos en general, la idea del viejo hiperpresidencialismo erosionada, una mayor transparencia y periodismo de investigación que hace más pública la corrupción que antes sólo podía intuirse, nuevos medios de comunicación y redes sociales capaces de generar una opinión pública fuera de los medios tradicionales y una sociedad civil más involucrada. No es gratuito que se haya puesto de moda la estrategia de fragmentar el voto de la oposición, puesto que los partidos saben que es más difícil movilizar a los votantes que antes podían en mayor proporción, y se opta por dividir a los contrincantes y restarles fuerza para fortalecerse ellos mismos.

En fin, con lo sucedido esta semana parece ya está más claro, que podemos hablar de dos nombres que con casi total seguridad estarán en la boleta presidencial del próximo año, con la salvedad de que probablemente en sus partidos se registre otro precandidato para poder utilizar los recursos y tiempos de la precampaña para impulsar sus campañas en sí mismas, como ha ocurrido ya en muchas elecciones locales, con contiendas internas simbólicas con este fin expreso. Queda por ver en que termina el asunto del Frente y si los partidos que lo integran lograr confluir en una sola candidatura presidencial o se viene abajo y suman más nombres a la boleta, a la que también puede que llegue al menos un candidato independiente, y si la estrategia de la fragmentación persiste, alguno más de otros partidos.

El tópico de que las elecciones no sirven para nada y que todos son lo mismo, es eso, un tópico. La realidad es que con elecciones pasan cosas tan sorpresivas como la victoria de Trump o el sí al Brexit, que pudiera haber tenido un desenlace distinto si esa gente que da por hecho que el voto no sirve para nada (y después puede que se quejen del resultado viendo que sí hay diferencias según quién es el ganador) hubiera asistido a las urnas en ambos casos, y ahora sólo les queda persistir con los tópicos en un círculo vicioso. Se apoye al candidato o al partido que sea, lo importante siempre es participar, y los tiempos de definiciones que culminaran el 1 de julio de 2018, están llegando.


Imagen: http://www.transporte3.com/images/galerias/articulo/horarios58e62faed3ff9.jpg

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