La cocina como laboratorio social

Por Aarón Rojas

 

El otro día me encontraba en casa de mis abuelos cuando vi que mi abuela se acercaba a la estufa. Ella es una mujer de bastante edad, por lo cual me acerqué para ayudarla en las labores propias de ese espacio doméstico.

Yo amo cocinar, y amo aún más que me enseñe a hacer cosas diferentes; con las cuales pueda no sólo saciar mi hambre, sino, poder sentirme parte de todo aquello que involucra en cocinar algún platillo, más si éste lleva generaciones encantando paladares.

Pero procuré ir más allá, finalmente, los historiadores tenemos bien desarrollada la habilidad que nos permite ver más profundo de aquello que se aparenta a simple vista. Me di cuenta entonces de lo diferentes que eran la cocina de mi casa a la de mis abuelos; y no me refiero solo a los electrodoméstico, sino, a todo en general. Y luego recordé las cocinas que se encetaban en casa de mis tíos o mis amigos, incluso de las cocinas de los restaurantes u hoteles, todas eran diferentes entre sí. Pero todas también fueron hechas para cumplir la misma función: la de ser un lugar propicio para la creación de alimentos.

Si todas tienen la misma función, ¿por qué entonces son diferentes entre sí?

La respuesta es muy sencilla, pero no con ello significa que sea corta, muy por el contrario; la historia de la transformación de la cocina se remonta a épocas que ni siquiera podríamos imaginarnos. Pero el espacio es corto y tampoco tengo pensado hacer un análisis pormenorizado sobre ese tema.

Pienso únicamente mostrar la importancia de este cuarto, de este lugar tan especial del que todos sabemos, pero pocos nos hemos aventurado a desentrañar sus secretos.

Ahora bien, empecemos por dar cuenta de cómo ha ido evolucionando este magnífico lugar. Para las cocinas de antes, por ejemplo, era necesario un gran espacio, casi de lo ancho de la casa, además eran cocina muy altas y cuyo espacio, obviamente, era muy amplio. Esto permitía a las encargadas de esa área, que no las señoras de la casa, utilizar todo el espacio disponible. En el altísimo techo se colgaban las cazuelas y en el piso también era lugar de cocinar. Por poner algunos ejemplos.

Con el paso del tiempo, fueron también evolucionando los elementos característicos de la labor alimenticia. Cuando Pasteur descubrió que unos “animalitos” en la comida eran los que causaban la descomposición de la misma, nacieron parámetros de higiene nunca antes vistos, lo que trajo consigo nuevas formas de cocinar, pero también de ingerir los alimentos. Todo esto, fue ocasionando un cambio en la cotidianeidad, pero también en las labores domésticas.

El tiempo fue pasando y cuando comenzó la era de guerras y conflictos internacionales, trajo consigo grandes avances en las mentalidades, que repercutieron de manera obvia en el desempeño del hogar y por tanto, en las labores culinarias. Sin hombres en las casas las mujeres comenzaron a salir a trabajar y el tiempo que podían dedicar a la cocina era cada vez menor. Fue así como en Europa surgieron nuevos conceptos de cocina, más pequeñas y menos amplias, ahora llegaban, por motivos de salud y practicidad a la cintura; además los alimentos enlatados comenzaron a generalizarse por su practicidad al consumirse.

Nacieron así las primeras “cocinas integrales” y una nueva forma de entender el mundo.

Pero, ¿Cómo se entiende el mundo desde una cocina?

Bueno, estas nuevas cocinas, más pequeñas, solo eran útiles en casas pequeñas, que fueron surgiendo luego del alza demográfica que se dio al terminar la guerra en Europa. Las casas eran más pequeñas porque de ese modo cabían más personas en espacios más reducidos.

Con el término de los conflictos bélicos a nivel global, la industria armamentística comenzó a ser menos requerida, y encontró su lugar en la fabricación de electrodomésticos. Mismos que mecanizaron, como la batidora o la licuadora, y utilizaron los conocimientos de física implementados en la guerra para hacerlos, más que útiles, rápidos y llamativos, adoptando formas parecidas a los aviones o retomando la potencia de lanzamisiles para hacer más rápido algún instrumento.

El mundo seguía cambiando y con ello las necesidades de las personas. Los gobiernos de todo el orbe lanzaban, a mediados de los 70, discursos sobre la planificación familiar y el empoderamiento de la mujer, requerida cada vez más en oficinas e industrias, fue menguando aún más las posibilidades de cocinar o comer en casa. La respuesta fue rápida, se popularizó mundialmente la comida rápida, que tantos problemas daría después.

El cocinar entonces, comenzó a convertirse más en un lujo que en una necesidad. Ya no era necesario saber cocinar para poder comer, como tampoco lo era el llenarse de instrumentos propios para la cocina.

Ahora, es casi motivo de ostentación el tener determinado tipos de aparatos. Y con la era digital surgieron nuevos instrumentos que también se utilizan para cocinar y hacer la vida “más sencilla”.

Ya no es necesario tener hornos y estufas, pues se puede cocinar en microondas; ni salir diariamente a comprar los insumos, pues pueden guardarse en un refrigerador por semanas; al igual que la leche o el jugo que están en envases sellados al vacío.

Al hablar de una cocina, hablamos de una larga cadena de transformaciones que fueron dando respuesta a la necesidad más básica del ser humano: comer y beber.

Mirando una cocina, es fácil saber el nivel económico del que goza una familia o un individuo. Mirando en su alacena o en su refrigerador, desciframos su nacionalidad y posición social; incluso su región. El carecer de ciertos instrumentos también nos da a entender ciertas cosas.

Así, este cuarto tan común, puede dar cuenta del cambio que han vivido las sociedades, y del que todos de alguna manera, somos parte.


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