La cena romántica de una serpiente

Por Sebastián Block Munguía

Para algunas serpientes, lo que debería ser un encuentro amoroso puede convertirse en un encuentro gastronómico.

Hoy es un día muy importante para mi serpiente. Después de más de 12 años de tenerla como mi mascota, al fin he conseguido organizarle una cita romántica con la esperanza de que pueda cumplir el objetivo de todo ser vivo: transmitir sus genes a una nueva generación. Pero hay un problema, si mi serpiente o su pareja no se encuentran con el ánimo adecuado, en vez de darse mordidas y abrazos cariñosos, se los darán letales y una terminará dentro del estómago de la otra.

Ya te imaginarás lo nerviosos que estamos mi serpiente y yo ¿valdrá la pena correr el enorme riesgo? Todo sea por amor, como quien dice, pero ¿realmente una serpiente puede sentir amor, y más aún, arriesgar su vida por ello? Es una pregunta muy difícil de responder. Probablemente no, al menos no de la manera en que nosotros lo sentimos, pues el cerebro de las serpientes es muy diferente al nuestro.

De hecho, eso las convierte en unas mascotas muy peculiares. A diferencia de un perro o un gato, las serpientes nunca van a expresarte cariño ni a pedirte que las acaricies ni que las saques a pasear. Se conformarán con que les des comida, agua, un lugar cómodo para vivir y, llegado el momento, la oportunidad de conocer a una serpiente del sexo opuesto. ¡Qué aburrido! podrías pensar. ¿Quién quisiera tener una mascota así? Pues déjame decirte que, a pesar de lo que pudiera parecer, las serpientes son unos animales fascinantes.

A mí me fascinaron hace 12 años, cuando compré a mi mascota. En ese entonces sabía muy poco sobre serpientes y nada sobre sus cuidados, por lo que me decidí a aprender más. Fui a un serpentario que había en mi pueblo y pregunté cómo podía darle la mejor vida a mi nueva mascota. Me recibió un herpetólogo (los biólogos que estudian a los reptiles y anfibios) muy risueño y bonachón que me explicó todo lo que necesitaba saber y, al ver mi interés, me invitó a trabajar como voluntario en el serpentario, cuidando a las serpientes. Durante el año que estuve trabajando ahí, aprendí muchísimo y me enamoré de los reptiles. Tanto, que me decidí a estudiar biología para después convertirme en herpetólogo.

Así que, tal vez las serpientes no sean muy afectas a que les rasquen la panza, pero son tan fascinantes como para determinar la vocación de una persona. Pero bueno, regresemos al tema que nos preocupa: la cena romántica, ¡perdón!, quise decir, la cita romántica de mi serpiente.

Sexo ofídico

Si todo sale bien, mi serpiente deberá darse cuenta de que lo que entrará en su territorio no es alimento, sino la futura madre de sus hijos. En su hábitat natural, que es el desierto de Sonora y California, los ciclos estacionales le indican a estas serpientes cuándo es tiempo de reproducirse. Sin embargo, en cautiverio, las condiciones suelen mantenerse constantes durante todo el año, así que ¿cómo le puede hacer mi mascota para saber qué es lo que debe hacer?

Lo primero que hará, será sacar su lengua bífida y agitarla velozmente para saborear el aire, y así hacerse una idea de qué es lo que hay en el ambiente. Sí, leíste bien, saborear el aire. Cuando agita la lengua, a ésta se pegan partículas del ambiente, que después son analizadas en un órgano especial que está en el paladar. Y dependiendo de en qué lado de la lengua bífida haya más partículas de cierto tipo, se puede saber en qué dirección está la fuente de ese “aroma” o “sabor”.

Imaginemos qué podría pasar cuando le presente su novia a mi serpiente. Un delicioso aroma inundará su lengua y su paladar, provocándole una sensación que jamás había experimentado en su existencia. De repente, habrá comprendido cuál es el verdadero objetivo de su vida y se sentirá extremadamente cachondo: las feromonas de la hembra habrán cumplido su objetivo.

Sin embargo, como en cualquier cita romántica, si mi galante serpiente tiene alguna esperanza de llegar al coito, deberá saber seducir a la hembra. Para ello, empezará acercándose con sigilo para acariciarla suavemente. Ese sería un buen momento para susurrar un par de frases al oído de la hembra, si tan sólo las serpientes tuvieran oído externo (orejas). Como no tienen, sólo pueden detectar las vibraciones del suelo. Como tampoco tienen dedos, mi calenturiento macho empezará a acariciar el vientre de su amada con el hocico, para después hacerlo con todo su cuerpo, de forma más apasionada. Al hacerlo, sentirá la suavidad de cada una de las escamas de la piel de su pareja, lo que lo volverá loco de deseo carnal. Entonces, se le montará y la envolverá en un delicado abrazo.

Para este momento, la hembra también estará temblando de la excitación, y cuando mi macho empiece a darle ligeros mordiscos en el cuello, será demasiado tarde para dar vuelta atrás. Fusionados en un abrazo de amor, las serpientes buscarán enrollar sus colas para que queden en contacto sus cloacas (la cloaca es el orificio que tienen las serpientes en la base de la cola, y por ahí orinan, defecan y se reproducen). Entonces, dependiendo de cómo hayan quedado acomodados, mi serpiente introducirá uno de sus dos órganos copuladores (llamados hemipenes) en la cloaca de la hembra y descargará sus espermatozoides. Bueno, no así luego luego, no creas que las serpientes son eyaculadores precoces. La etapa de la estimulación suele durar 45 minutos y la del coito casi una hora y media. Aunque debo admitir, que no todas las especies son tan duraderas a la hora de la copulación.

Si todo sale bien, la hembra debería quedar preñada después de todo esto. Sólo queda esperar a que ponga sus huevos. Sin embargo, no todas las serpientes ponen huevos. Hay algunas, como las Víboras de Cascabel, que incuban los huevos dentro del vientre de la madre, por lo que las crías salen del cascarón adentro de ella (estas serpientes se llaman ovovivíparas).

¿Pero qué pasaría si la hembra no está liberando suficientes feromonas y no logra despertar la libido del macho? Entonces la lengua bífida no detectaría una pareja sexual, sino un platillo muy apetitoso, y el final de la historia sería mucho más trágico.

Serpientes para cenar

Hasta ahora, no te he dicho de qué especie es mi serpiente. Es un dato importante, ya que en el mundo hay alrededor de 2900 especies, cada una con características distintivas. Yo tengo una serpiente Rey de California (Lampropeltis getula californiae). Se le considera rey entre las serpientes por una sencilla razón: se las come. Y no sólo eso, son su platillo favorito. Las serpientes que se alimentan de otras serpientes se llaman ofiófagas.

Lamentablemente para mi mascota, yo no puedo darle su platillo favorito en cautiverio. Sería demasiado caro y complicado, así que debe conformarse con ratones. Pero en su hábitat natural, siempre que pueda, se alimentará de otra serpiente, sea de su misma especie o no. Incluso se come a serpientes venenosas, como la temida Víbora de Cascabel, a cuyo veneno es inmune. Y no creas que son unas abusivas que andan buscando serpientes más pequeñas para comérselas, pues se pueden comer a otras de su mismo tamaño o incluso más grandes. Para lograrlo, tienen muchísimos músculos en su tracto digestivo que ayudan a ondular el cuerpo de la víctima para acortar su tamaño.

Las serpientes Rey de California matan a sus presas por constricción. Es decir, se les enroscan y las aprietan tan fuerte que las asfixian. Hay otras serpientes ofiófagas muy impresionantes, que no matan así a sus presas, sino con veneno. Un ejemplo son las Coralillos, las serpientes terrestres con el veneno más tóxico de toda América. Otro ejemplo es un pariente de los Coralillos pero que vive en las selvas de la India y es todavía más venenosa y mucho más grande. De hecho, llega a medir hasta 5 m de largo y es la serpiente venenosa más grande del mundo: la Cobra Real (Ophiophagus hannah). El alimento predilecto de la Cobra Real, son otras serpientes venenosas, como la Cobra de la India, a cuyo veneno es inmune, al igual que mi serpiente es inmune al veneno de las Víboras de Cascabel.

Serpientes en cautiverio

Con lo anterior, tal vez estés de acuerdo conmigo en que las serpientes son animales bastante interesantes, por lo que pueden ser mascotas atractivas. Aunque no sean tan afectivas como los mamíferos, pueden despertar el interés por la naturaleza y por la ciencia, como lo hicieron en mi caso. Sin embargo, ahora que soy biólogo, me queda claro que las serpientes son mucho más interesantes cuando están libres, en su hábitat natural. Ahí, pueden disfrutar al máximo de la vida, buscando sus platillos favoritos y las delicias del amor. Si a mi serpiente le hubiera tocado vivir en libertad, no hubiera tenido que esperar a que yo le organizara una cita romántica, y seguramente no hubiera llegado virgen a una edad tan avanzada de su vida.

Aún así, puede que tengas muchísimas ganas de conocer de cerca a las serpientes y se te antoje tener una de mascota. En ese caso, debes estar muy consciente de que no son animales domesticados, como los perros y los gatos. Debido a esto, gran parte de las serpientes que se encuentran en el mercado, fueron extraídas de su hábitat natural, lo cual es ilegal y malísimo para la conservación de estos animales y de los ecosistemas a los que pertenecen. Así que, por favor, asegúrate de sólo comprar serpientes que hayan sido criadas en cautiverio (como los futuros hijos de mi mascota). Además, piénsalo muy bien y a futuro. Una serpiente puede vivir hasta 15 años o más, y durante todo ese tiempo va a depender de ti.

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