La cara oculta de los indicadores macroeconómicos y de desarrollo: el caso de Brunéi

Por Gilberto Cornejo

Introducción

Durante el siglo pasado a los países que habían sido colonias y no eran superpotencias o potencias medias se les dijo que tenían que aumentar su desarrollo económico para eventualmente lograr a ser igual de poderosos en el escenario internacional. Dichos países recibieron el nombre de “países en vías de desarrollo”, denominación bastante ambigua por diversas razones. La primera de ellas es la cuestión lingüística: el verbo desarrollar entra dentro de la categoría de los verbos pronominales. En este grupo la acción recae sobre el sujeto (yo como, tú te duchas, etcétera), por lo tanto es imposible que un país ayude a otro a desarrollarse desde adentro, solo le puede brindar apoyo para que lo haga, pero la responsabilidad última cae en el subdesarrollado.

El segundo punto está en los resultados obtenidos. Para este momento los países clasificados como en vías de desarrollo continúan siendo vistos como tales. Esto plantea varias interrogantes ¿alcanzarán en algún momento el desarrollo? ¿Desarrollo para qué y en qué sentido? Se puede medir el desarrollo a partir de varias herramientas dependiendo de lo que se quiera revisar: el desarrollo económico con los indicadores macroeconómicos, el desarrollo con el Índice de Desarrollo Humano. Actualmente se considera a estas herramientas como eficaces pues son las únicas que han permitido conocer si los países han tenido avances en diversas materias y por ello la información presentada por estos es considerada como cierta, pero ¿podrían estas cifras estar describiendo una realidad diferente?

El Estado de Brunéi Darussalam

Desde 1980 este país no ha oscilado entre el puesto 30 y el 29 en el Informe Sobre Desarrollo Humano, colocándolo dentro de los países con Desarrollo Humano alto. Por dichas cifras en el imaginario colectivo pensaríamos que en este país no existe malestar social, en donde toda la población esta escolarizada y  tienen un gran poder adquisitivo. Pero ¿qué pasaría si todo ese desarrollo y riqueza quedan mal distribuidos?

El 13 de abril de 2015 se celebró la boda del hijo del sultán Muda Hassanal, Abdúl Malik (futuro heredero al trono). Dicha situación no llamaría la atención de no ser porque la celebración duró 10 días y no se escatimó en gastos. El día de la unión formal los novios utilizaron ropa confeccionada con hilo de oro, además de contar con piedras preciosas y diamantes (sin olvidar las zapatillas de diamantes de la novia). Algunos pensarían que esta unión fue demasiado extremista, pero falta revisar la riqueza del sultán.

A pesar de haber disminuido considerablemente su riqueza, el sultán Hassanal sigue siendo considerado el monarca con mayores recursos económicos. Esto lo ha logrado gracias a ser un magnate petrolero. En alguna ocasión se intentó democratizar Brunéi, pero como dicha situación ponía en peligro la riqueza y estabilidad del soberano en 1988 prohibió la creación de partidos políticos. Para legitimarse brindó a la población acceso gratuito a servicios de salud y educación, sin olvidar que no deben pagar impuestos en ciertas cuestiones.

Por ello se puede considerar un fraude el alto poder adquisitivo y el PIB per cápita de este país. La población se dedica principalmente a tres cuestiones: la extracción de hidrocarburos, a servir al sultán (este sector asegura recibir muy generosas propinas) y finalmente a la pesca. Es irrisorio pensar que realmente un pescador tenga tanto poder adquisitivo, pues probablemente para tenerlo debería de acabar con todos los recursos pesqueros de la zona. Parece más lógico por tanto que el sultán, quien tiene aviones, colecciones de autos y palacios majestuosos sea el individuo con dicho poder de compra.

Consideraciones Finales

Que la organización política y económica de Brunéi sea un sultanato no es la principal causa del enriquecimiento del sultán contra una minoría que sustenta la base productiva, da lo mismo si es un régimen autoritario o uno democrático el que está al frente. Prueba de ello son las exorbitantes cantidades gastadas por la realeza en sus vacaciones o los hijos de los políticos mexicanos. El verdadero problema es la lógica capitalista neoliberal: piensa en la acumulación de la riqueza en un pequeño número de individuos, los cuales solo se harán más ricos con base en la explotación del trabajo de la mayoría.

Por ello es necesario se deje de pensar al desarrollo en términos económicos, pues como ha quedado de manifiesto no necesariamente un alto PIB per cápita significa una mejor distribución de la abundancia. Se necesitan nuevos indicadores, efectivos en la cuestión de medir el desarrollo en términos de la población en general y no solo de las élites políticas y económicas mundiales. El crecimiento económico no necesariamente tendrá repercusiones en la vida de la población en general. Con relación a Brunéi a pesar de vivir en un sultanato y con una mala distribución del ingreso se tienen asegurados los servicios médicos, la salud y un subsidio en el precio del arroz por ser el alimento fundamental de dicho Estado al precio de la subordinación de los deseos del sultán; a nosotros los latinoamericanos inmersos de democracia nos queda esperar que la corrupción no se suba a la mente de nuestros dirigentes y que la inflación no disminuya excesivamente nuestro ya mermado poder adquisitivo.


Imagen: https://www.toursbylocals.com/Brunei-Tours

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