La agenda progresista pendiente

Por Ángel Arce

 

Con el repunte de la derecha radical alrededor del mundo y las crisis del proyecto de las izquierdas y fuerzas progresistas al mismo tiempo en Europa y Latinoamérica, los avances en materia social, económica y política que se cimentaban en el fortalecimiento de las plataformas y agendas de los gobiernos emanados de los partidos pertenecientes a esta corriente de pensamiento del espectro político durante la última década, han quedado indefensos; los gigantes del Cono Sur que lideraban el avance progresista en las regiones como Brasil, Argentina y Venezuela se encuentran sumergidos en crisis bastante serias a partir de casos de corrupción, totalitarismo y violación de derechos humanos.

En Europa, específicamente en España, el Partido Socialista Obrero Español PSOE, fue incapaz de dejar a un lado su pragmatismo político y avanzar hacia la conformación de un gobierno de coalición de izquierdas, un gobierno que posiblemente, como es deseo de millones de españoles, pudo haber transformado la realidad de la Madre Patria en beneficio de estos. El resultado, una lucha intestina que está terminando con la legitimidad de la tradición socialista y progresista del viejo partido.

En México no es la excepción, el repunte de la derecha más radical representada por organizaciones “civiles” respaldadas desde las catacumbas por la Iglesia Católica (y el Yunque), están apuntando hacia la supresión de los derechos humanos de sectores de la población que históricamente han sido discriminados y perseguidos por el status quo conservador; como lo es la comunidad LGBTTI, las mujeres y su derecho a elegir libremente sobre su cuerpo y maternidad, además de los usuarios de Cannabis, entre otros. Con campañas que discursivamente se presentan como una expresión más de la pluralidad social, pero que connotativamente expresan odio, discriminación e intolerancia, incentivando el retroceso de las luchas históricas que, sobretodo en la Ciudad de México, han resultado en garantías y libertades civiles que mejoraron la calidad de vida de los ciudadanos. Haciendo de la capital del país, el centro del movimiento progresista a nivel nacional.

Hoy la iniciativa que garantiza el acceso al Matrimonio Igualitario en todo el territorio nacional (que cuenta ya con el aval de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,) y la iniciativa que regula el consumo de cannabis medicinal con posibilidades de extender la propuesta al uso recreativo, abordando el tema desde la perspectiva de libertades y de seguridad, por sumar a la reducción del tráfico ilegal de drogas, (en el caso medicinal, son emblemáticas las bondades del aceite de Cannabidiol en su uso en enfermedades crónicas como el Síndrome de Lennox-Gastaut que en México, en tan sólo un año ha mejorado significativamente las condiciones de vida de Grace Elizalde Benavides, y que termina con los argumentos en contra de la política de regulación) están en peligro de ser desechadas por la presión conservadora que desde diferentes trincheras ejercen las organizaciones conservadoras del país, siendo este, un acto claro en contra de la paz, los derechos y libertades de los mexicanos.

A pesar de que la iniciativa sobre el matrimonio igualitario pudo haber sido motivada por una estrategia electoral del Gobierno priísta de Enrique Peña Nieto, sería un gran paso en la dirección correcta para reconocer y fortalecer el derecho humano de todo mexicano a contar con una familia, sin importar su orientación sexual ni género; a su vez, legislar en materia de regulación de la marihuana en todas sus vertientes, ( tema que apenas hace un año se colocaba en el centro del debate nacional gracias al impulso de diferentes organizaciones de la sociedad civil y la organización de las Juventudes de Izquierda del PRD con su campaña “Regulación YA”) sumaría, junto con otras acciones y políticas púbicas, a mitigar la violencia y corrupción generada por el mercado ilegal de esta droga, siendo posiblemente, el parteaguas para la monopolización completa por parte del Estado mexicano del mercado ilegal de estupefacientes que hoy, ha causado la muerte de más de 100 mil ciudadanos de México.

Y son exactamente estos temas (aunados a la redistribución del ingreso, el incremento del Salario Mínimo, la inversión en el campo, el desarrollo sustentable, la ciencia y tecnología, además de en la educación, como ejes centrales del desarrollo del país) los que constituyen la Agenda Progresista Pendiente, agenda que las fuerzas progresistas y de izquierdas en México, deberían de defender y empujar desde los diferentes espacios de representación y gobierno que ostentan, sin embargo, y lamentablemente para el país, hasta el momento este polo, se ha quedado en muy pocas acciones y más discurso. Fieles a la tradicional confrontación entre socialistas, comunistas y socialdemócratas, concentran más sus esfuerzos, estrategias y metas, en terminar el uno con el otro; para comprobar con ello quién es el más traicionero, demagogo, populista o servidor del “régimen” neoliberal.

A un año y medio de las elecciones presidenciales de 2018, las izquierdas mexicanas han sido incapaces de diseñar una agenda y plataforma que represente una verdadera transformación progresista en beneficio de la sociedad mexicana, el discurso aranero, y la incapacidad de comunicar asertivamente sus posiciones y propuestas ante la opinión pública, (sobre todo ante los Millenials, sector que podría definir la elección del próximo presidente y que hoy en día aborrece la política tradicional partidista) han mermado la confianza y credibilidad que el electorado alguna vez les brindó, proyectando una imagen que en vez de reflejar una solución al problema, denota una homogeneización con este.

Será fundamental que rumbo a las próximas elecciones, el polo progresista sea capaz de construir, diseñar y planificar estratégicamente; tanto una plataforma de acciones concretas (dejando de lado el discurso-rollo de siempre que no transforma la realidad), que sean posibles realizar en el corto, mediano y largo plazo en beneficio de la sociedad; además de una estrategia de comunicación política que a partir del cambio de discurso, sea capaz de conectar con las nuevas generaciones que han dejado de ser meros espectadores y receptores de mensajes; pasando a la ofensiva como protagonistas de las transformaciones políticas y sociales no solo del país, sino del mundo.

De no lograr una comunión y unidad, el polo progresista tendrá nuevamente que conformarse con ser espectador o personaje secundario de los hechos que acontezcan en México durante otros seis años, renovar sus perfiles como mensaje de empatía, capacidad y modernidad. Pero más allá, de compromiso con la agenda progresista del siglo XXI y de terminar con la tradición de no querer mejorar el destino de los mexicanos.


Imagen: https://socialdemocratas.wordpress.com/2010/09/14/

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