La adoración del misterio

Por Alejandro Rafael Lima

Tradicionalmente hay dos aproximaciones al conocimiento de la naturaleza de  Dios: por un lado, la teología positiva (o catafática) que admite que podemos conocer a Dios de manera afirmativa. Es decir, enunciar que Dios es bueno, bello, justo, etc. Esta vía a su vez se divide en teología natural y en teología revelada: la primera afirma que mediante el uso de la razón podemos conocer su naturaleza. Ejemplo de esa teología son las 5 vías (de demostración de la existencia de Dios) de Santo Tomás de Aquino. El otro tipo de teología es aquella que admite el conocimiento de Dios únicamente por medio de su revelación (de Dios mismo) por medio de sus iluminados, sus textos sagrados, su creación y sus leyes transmitidas a los hombres. 

Sin embargo, existe otra aproximación general que asevera que no es posible conocer positivamente la naturaleza de Dios y que la única manera de hacerlo es por vía negativa: la teología negativa (o apofática). Es decir, que sólo podemos enunciar que Dios no es injusto, malvado, corruptible, etc. Esta teología comparte con la positiva que la naturaleza de Dios es transcendente y supraesencial a lo humano y natural. El sentido es que su esencia está fuera de lo humana y de los límites naturales. De acuerdo a los defensores de esta vía, el problema yace en la pretensión de un conocimiento objetivo de la esencia de Dios: cada vez que tratamos de conocer positivamente a Dios construimos una conceptualización e imagen de Él en nuestra mente y condición. Pero nuestra mente es finita, falible y mortal, de tal manera que esa construcción será inmanente a la naturaleza humana. Empero esa imagen no es Dios en sí mismo, sino una representación (finita, falible y pasajera) de Dios transcendente que hace la conciencia humana. Por lo tanto, cualquier intento positivo de conocer a Dios está condenada al fracaso. 

De acuerdo a la teología apofática no podemos decir que Dios es perfecto, bello, justo, etc. No porque no sean términos aproximados para Él, sino que son términos que no hacen justicia a su naturaleza. En este sentido se dice que la naturaleza divina es supraesencial, que es una forma de decir que Dios no es caracterizado por esencias particulares. Con base en las características negativas llegamos a un Dios inaccesible, incognoscible e impersonal: Dios no está sujeto al tiempo ni al espacio, Dios no es finito ni mortal, Dios no es creado, Dios no es corruptible, Dios no es…todo predicado imaginable, pues todo enunciado será desde la inmanente condición humana. Esto ha llevado a algunos a considerar que toda forma pretendidamente objetiva de conocimiento de Dios debe ser descartada para optar por una forma no objetiva, sino mística. Esto quiere decir que una construcción imaginativa y conceptual de Dios debe ser abandonada por una que experimente lo inefable y trascendente de Dios. En este sentido se abre la posibilidad a una teología mística donde ni podemos afirmar que es Dios ni que decir que no es, sino sólo adorar el misterio divino de su naturaleza.


Imagen: Fragmento de “La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.