Karla

Por Teolinca Velázquez

El martes 19 de septiembre del año 2017 volvió a temblar; pocos días habían transcurrido desde que un temblor había destruído algunas zonas de Oaxaca. Los estudiantes de la unidad de posgrado de la UNAM, que acababan de llevar a cabo un simulacro, se vieron de nuevo en la necesidad de dejar sus actividades para resguardarse; desconozco si en posgrado es posible resguardarse en los salones pues la indicación durante el simulacro  fue abandonarlos para resguardarnos en la planta baja, algo complicado para mi grupo que se encontraba en el tercer piso, de pronto apareció la brigada de Protección Civil que nos indicó otra cosa: pegarnos a los muros. Nunca había presenciado la histeria de la población ante un sismo.

Se cancelaron las clases y nos quedamos también sin la posibilidad conseguir transporte; como pudimos llegamos a Av. Universidad y tomamos la decisión inmediata de buscar dónde podríamos ayudar. Caminamos por las calles para encontrarnos con un panorama de miedo para dos transeúntes sin protección alguna: pedazos de losa en el piso, vidrios y ventanas rotas, edificios ladeados, gente en las calles. Había mucha confusión en las calles todavía por lo que caminando llegamos a la Av. Tlalpan para encontrarnos con éxodo de trabajadores, estudiantes, oficinistas que caminaban desde la zona centro hacia el sur.

Nos unimos al éxodo mientras veíamos con impotencia pedazos de muros en las banquetas que habían dejado al descubierto la parte interior de las casas, nuestro sentimiento se mezcló con alegría cuando vimos a tantos vecinos que salieron a las calles para ofrecernos agua, niños nos ofrecían vasos mientras nos mostraban su mejor sonrisa. Paramos ante una mesa de plástico en las que una mujer nos preguntó cariñosamente cómo estábamos; muy cerca de su casa había un edificio con una gran cuarteadura en forma de triángulo a través de la cual podía verse hacia dentro.

Antes de llegar a metro Ermita vimos un edificio colapsado, sin pensarlo nos metimos. El edificio había perdido casi la mitad; en ese momento, cuatro horas después del sismo, podía vislumbrarse lo que alguna vez fue el edificio: blanco, de departamentos, con una especie de terraza con estructuras metálicas y un techo que parecía ser de madera. La terraza había colapsado haciendo que al lado izquierda del edificio se le deshiciera la parte de abajo, quedando desnivelada. Los tabiques y losas de concreto habían tapado la entrada al edificio pero la parte trasera estaba despejada. Por lo que alcanzamos a ver, eran más los departamentos sin habitar que los que ya habían sido comprados y/o rentados.

Ya estaban ahí un grupo de voluntarios, la marina y los soldados. Rápidamente nos comenzaron a pasar bloques y pedazos de ladrillo para poder despejar la entrada y que los rescatistas pudieran pasar, debo confesar que nunca había visto a la marina en acción. Cerca de los rescatistas había un grupo de dos o tres muchachos que desesperadamente buscaban a Karla; los muchachos ni se acordaron de su ropa de marca y su buen look: se abalanzaron a la construcción por la parte trasera, la delantera, por donde fuera para tratar de escuchar a Karla; también preguntaban por la Señora Lupe. Los rescatistas les pidieron que ya no se metieran, por seguridad.

Nos pidieron silencio. Habían escuchado voces del interior, podría ser Karla, los chicos miraban esperanzadamente al edificio y a los rescatistas y nos pedían silencio pero las máquinas y las muchas ambulancias que pasaban por la zona hacían imposible escuchar; entraron en desesperación. Entre los voluntarios había una persona bastante imprudente que comenzó a retar a los rescatistas por lo que los muchachos que buscaban a Karla se acercaron a los voluntarios para callarlo. Es increíble cómo la angustia puede mostrarse a través de las facciones del rostro humano.

Sin embargo, el voluntario imprudente no dejó de alterar a los presentes. Los familiares de Karla, cegados por la angustia, lo retaron, fue uno de esos momentos en los que se pudo observar el miedo, la angustia y el dolor de los presentes. La desesperación por encontrar a los seres amados nubla la vista, borra lo políticamente correcto y sólo mantiene un pensamiento en la mente: “Que esté con vida, que esté bien”.

Parece ser que al día siguiente lo que se había desnivelado del edificio terminó por derrumbarse. Al poco tiempo circuló en las redes un video sobre esa construcción que no tenía ni un año de operar, se evidenció que estaba hecho incluso con materiales como el unicel y que las columnas no eran lo suficientemente fuertes para soportar el peso. Señalaron, sin mencionar nombres, que dentro habían dos personas atrapadas después del sismo, las cuales murieron.


Imagen:https://www.dondeir.com/

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