Juventud y políticas públicas

Por Alejandro Rafael Lima

Históricamente las políticas públicas de juventud han sido ejercidas desde un enfoque adultocéntrico y vertical que han llevado a la construcción de políticas sin empatía juvenil y, por lo tanto, sin un impacto real en la juventud. Esto se debe, en parte, a que se aborda a la juventud desde un enfoque biomédico y pedagógico. Es decir, como una etapa biológica caracterizada por la transición e inmadurez, y como una etapa donde no sé sabe (lo que se quiere, lo qué es la vida, etc.) acerca de la “realidad”. Esta visión lleva a algunos políticos a considerar que los jóvenes necesitan políticas para guiarlos, para enseñarles a resolver problemas, para educarlos, etc., creyendo que quienes entienden verdaderamente sus problemas son los creadores (adultos) de las políticas públicas. Estas políticas a la vez están construidas unidireccionalmente: las políticas se diseñan desde la contemplación externa a la juventud y los jóvenes son vistos como los beneficiarios (pasivos) de las políticas públicas. Creo que esta visión de la juventud y este ejercicio de políticas públicas para la juventud han llevado al fracaso gran parte de las políticas públicas de juventud y ha propiciado mucha indiferencia de los jóvenes a la práctica política de nuestro país.

Las políticas públicas de juventud tienen grandes retos que cumplir, uno de los más importantes es lograr tener una incidencia positiva, transformadora y fiel a las necesidades que enmarcan la realidad de jóvenes del país. Es en este sentido que debemos romper el paradigma adultocéntrico vertical de las políticas públicas de juventud en sus dos puntos centrales: a) debemos establecer un enfoque de la juventud distinto, un enfoque que rescate a los jóvenes como conocedores de su realidad e involucrados en el mundo como cualquier otra persona, reconocer las capacidades y habilidades. Es decir, una perspectiva más allá de la biológica y pedagógica; para ello es apremiante escuchar sus voces y experiencias, reconociendo su capacidad para actuar y decidir en/y para su entorno. Es decir, se debe transitar a hacer políticas públicas desde y con la juventud.  Lo anterior implica b) romper con la verticalidad del diseño e implementación de políticas públicas de juventud y transitar hacia un paradigma horizontal que tome en cuenta a los jóvenes como sujetos capaces de poder transmitir y actuar sobre sus propios problemas y necesidades, ¿quién mejor que los jóvenes mismos conocen sus problemas y necesidades? Sólo superando ese enfoque vetusto de la juventud y esa manera adultocéntrica de hacer políticas públicas de juventud es que vamos a podemos mejorar y generar vínculos reales entre las necesidades y soluciones de la ciudadanía joven y las instituciones gubernamentales. Porque los jóvenes no queremos que nos digan qué hacer con nuestras vidas y problemas, queremos ser escuchados y tener la oportunidad de poder participar en las soluciones desde el conocimiento de la realidad en la que vivimos.


Imagen: http://www.que.es/archivos/201210/4866633w-640x640x80.jpg

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