Justicia distributiva: Neymar y memes

Por Miguel Téllez

Comenzaré delineando qué se entiende por “justicia distributiva”. Luego, pasaré a exponer un caso práctico el cual considero como paradigmático por el que tenemos razones para preocuparnos de lo que ocurre con la justicia. Finalmente, hablaré de las actitudes que se incorporan en nuestro andar cotidiano, pero especialmente en internet –donde seguramente el tiempo invertido por las personas es bastante amplio-.

No hablaré del futbol si es lo que te angustia. Aunque como comentario que se presta al mero rodeo: el futbol no tiene nada de inconveniente, a excepción de aquellos fanáticos que cruzan la línea del festejo y otros comportamientos similares para pasar al de la violencia. Sin embargo, esto no es exclusivo del futbol, se da hasta en la política, escuelas, religiones, etc. Así que no veo razones para ponernos dramáticos con el futbol, tal vez en México algunos tienen un aprecio más o menos precario de este deporte, pero lo mismo pasa con otras actividades. Como dice el filósofo mexicano L.M. Oliveira: el futbol podría ser pretexto para enseñar cuestiones históricas y demográficas a los niños. ¿Por qué es que la selección francesa, alemana, inglesa, entre otras, tienen varios jugadores de color, mientras que Camerún o Nigeria no tienen a alguien ‘blanco’? Hasta aquí el rodeo.

La justicia distributiva se refiere a un problema particular en la filosofía política: ¿cómo se deben distribuir los bienes primarios en una sociedad? ¿Cuáles son esos bienes primarios? El filósofo que comenzó toda una discusión que marcó la segunda mitad del siglo XX es John Rawls. En su libro “Teoría de la Justicia”, Rawls esbozó un par de principios que, según él, son los que deberían regir las instituciones encargadas de distribuir bienes primarios –él señala las libertades, riqueza, oportunidad de puestos, entre otras, como bienes primarios-.

El principio de justicia que más revuelo causó Rawls entre otros filósofos es el conocido “Principio de diferencia”, el cual dicta que toda desigualdad está justificada sólo si favorece a los menos aventajados. Es decir, imaginemos que nos dan $100 a ti y a mí, diarios. Sin embargo, tú padeces de una enfermedad, por lo que unos $40 de tu presupuesto se va en medicamento. Siguiendo el principio rawlsiano de diferencia, sería justo que a ti que te den $140 y a mí sólo $100. La desigualdad favorece a alguien con una desventaja, en este caso, una enfermedad que requiere atención. Siendo así las cosas, que existan personas millonarias en el mundo, sólo tiene cabida si su ganancia favorece a los menos aventajados.

Hace unas semanas sonó en muchos medios de comunicación la noticia de que Neymar, jugador del Barcelona F.C., sería adquirido por el PSG (París Saint-Germain). La noticia causó revuelo, no sólo porque el jugador es considerado uno de los mejores del mundo, sino por lo que el club Barcelona pedía por este jugador en términos de dinero: doscientos veintidós millones de euros –en cláusula de rescisión-. Además, Neymar ganará –se estima- 30 millones 992 mil euros al año en su nuevo equipo, ahora francés.

No es novedad, hoy día, escuchar lo que ganan tanto deportistas como otros famosos de distintos ámbitos en el mundo. Pero la pregunta es: ¿está bien que ganen tanto? Seguramente a algunos les parecerá una pregunta algo extraña, sin embargo, surgieron diversas comparaciones de lo que “vale” este jugador –y lo que gana- y la riqueza que llegan a generar países pequeños, al final, países. En diversos programas, especialmente de televisión abierta, le preguntaban a la gente: ¿tú qué harías si ganaras lo que Neymar?

La comparación entre trabajos para conseguir algo como “qué trabajo debe ganar más dinero” es algo absurda. Sin embargo, esto no nos imposibilita para preguntarnos si es correcto que mientras existen hambrunas, recorte de presupuesto en investigación científica y humanística, en otros sectores se derroche el dinero de una manera tan exorbitante.

El principio de diferencia rawlsiano no implica una igualdad extrema, al contrario, se refiere a las desigualdades extremas. De hecho, Rawls es muy consciente de que habrá diferencias, y que estarán justificadas, pero él se refiere a una diferencia que hay de tener, por ejemplo, $1 en un día, a tener $10,000. De hecho, una de las conclusiones de Rawls es que quienes ganen tanto –o tengan demasiados bienes primarios-, tienen un deber de trabajar en pos de los demás, puesto que los talentos son azarosos: que Neymar sea un crack no dependió de él, y por tanto, decir que su riqueza es por méritos es algo que no tiene sentido. Así las cosas, él –o algún otro millonario exorbitante- puede tener una diferencia en relación con otros, sólo si eso está favoreciendo a los menos aventajados.

Un tema muy afín con las desigualdades es lo que ocurre con los famosos memes del internet. Comenzaron a publicar a algunos, donde salen los hijos de personajes millonarios y los acompañaban frases como: “Este niño nunca sabrá lo que es tener que ponerle azúcar al cereal para que sepan a Zucaritas”, y otras leyendas similares. En una amena plática que tuve con un compañero –Baruch-, nos preguntábamos cómo es que las “desgracias” o las desigualdades las tomamos como burla. De esto no se sigue que alguno haya pensado en normativizar el humor, porque eso es algo bastante extraño. Lo que causa intriga es si estamos siendo sensatos con reírnos de nuestra situación. ¿Será que quienes sufren hambrunas les causa risa su situación? ¿Aquellos que experimentaron una mala política pública en sanidad les dan ganas de burlarse de situaciones parecidas? ¿Ocurrirá que personas de otros lugares tienen el mismo comportamiento con este asunto de la mofa?

Insisto, son dudas que parecen sensatas, en un lugar donde hay quejas de todo, pero nada de discusión razonable. La desigualdad es un asunto serio, que tal vez porque nunca hemos conocido un mundo tal en donde no es tan marcada es que no nos interesa su presencia.


Imagen: http://www.diarionorte.com.uy/tag/futbol-de-veteranos

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