Joyas en la ética profesional (II)

Por Miguel Téllez

En el escrito anterior hablé grosso modo de la ética profesional y ofrecí un caso para ejemplificar en qué momentos puede estar en duda la conducta adecuada de algún profesionista. Posteriormente expuse otro escenario: el del jugador mexicano Andrés Guardado. Continuaré con la descripción del suceso que quedó pendiente y que me interesa contar: el del jugador Darwin Quintero.

El pasado miércoles 24 de enero de 2018, el jugador americanista Darwin Quintero intentó darle un balonazo a un reportero de la cadena televisiva ESPN. Tal suceso hizo que se volviera más o menos viral la noticia, y los comentarios llegaron. Me quiero centrar en un suceso que, además de ser una mala razón, nos muestra cómo el darnos cuenta de nuestras razones en el ámbito público nos muestra que esas razones pueden están sesgadas por matices racistas o irrazonables.

La noticia del intento de balonazo de Quintero a un reportero la vi en Twitter. Por curiosidad miré el vídeo, creyendo que tal vez el jugador había errado un tiro o algo similar. Lo cierto es que queda claro que su intención fue propinarle un balonazo a aquel reportero. Cuando uno ve este tipo de acciones, puede no tomarlas con tanta seriedad, y también hacer lo contrario. Considero que muchos estaríamos de acuerdo en que ese tipo de “bromas” –en el caso que fuera una-, sólo son aceptables en un ambiente de amigos: ese tipo de relación suele poner sus reglas y cosas como darse un balonazo no parecen causarnos conflictos. Sin embargo, se trata de un suceso profesional –un reportero y un jugador-, donde no había camaradería. Mi conclusión fue simple: Quintero merece una sanción por su conducta. Parece que el trato reportero-jugador debe ser aquel donde uno no dañe al otro, y pensemos –por ahora- en un daño físico.

Sin embargo, algunas personas además de estar a favor de la sanción, comenzaron a hacer referencia a que Quintero es un jugador de color. Creo que la idea de aquellos comentarios puede parafrasearse como: “Darwin merece un castigo, que no se queje si después hay racismo contra él”.

Lo que quiero señalar con este escenario, es lo siguiente: ¿qué necedad hay de hacer referencia a otros hechos cuando podemos sólo atender lo relevante? Comprendo que pueden existir hechos secundarios que tal vez refuercen algo de lo que queremos mencionar. Sin embargo, aún cuando sea plausible la mención de esos hechos secundarios, parece que hay otros que no tienen cabida, especialmente si su evocación tiende hacia algo ofensivo o discriminatorio. En el caso de Quintero es muy claro –como lo veo-: cometió un acto incorrecto y merece sanción. ¿Qué tiene que ver el color de su piel? ¿Por qué debemos decir cosas como “que no se queje del racismo”? Afirmo que quien sea capaz de decir cosas como “que no se queje del racismo” no tiene buenas razones para hablar de respeto ni otros principios acerca de la justicia. Como lo veo, el pasar por alto el racismo y a la vez pedir una sanción por algo que pensamos como injusto es algo como una especie de ceguera moral o de fanfarronería. ¿Cómo pretendo pedir el reparo de una injusticia e ignorar otra? Mi pregunta la acotaría –por el momento- sólo en los casos donde las injusticias –o actos indebidos- estén bajo el mismo escenario. Es decir, el caso de Quintero encierra esos actos incorrectos: el intento de balonazo y el posible racismo hacia él.

Para ir concluyendo, lo que sí puede notarse es que tal vez el hecho de que él cometió un acto incorrecto –Darwin Quintero- sea motivo para que algunos tengan conductas inapropiadas hacia él. Sin embargo, una cosa es hacer previsible tal situación, y la otra declarar abiertamente que Quintero se lo buscó y no tiene de qué quejarse. Esto último es absurdo en el ámbito moral si nos atenemos a las buenas razones y al guiar nuestra conducta por principios: ¿Por qué de repente mi conducta se puede desviar –puedo ser injusto con alguien o cruel- cuando el otro ha cometido una falta? Como lo veo, esto puede llevarnos a la figura del argumento bola de nieve: uno comete una falta, otro se siente con libertad de cometer una contra él, y así sucesivamente. En el ámbito ético esto parece absurdo: ¿quién defiende el ojo por ojo?

Finalmente, hay que señalar que estar atentos ante circunstancias donde medie algo como la ética profesional no es trivial: además de que están en juego los comportamientos de los involucrados, nos es útil a nosotros para saber qué razones son adecuadas, cuáles salen sobrando y cuáles de verdad están sesgadas por cosas irrazonables –como lo es el racismo, en el caso de Quintero.


Imagen:  https://gacetinmadrid.com/2017/10/28/los-veteranos-de-la-ad-torrejon-cf-y-del-rayo-vallecano-jugaran-este-domingo-contra-la-ela/

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