Jóvenes: conocernos es la clave

Por Arianna Carli

Cuando me puse a pensar qué o cómo podía escribir sobre la juventud, me sentí un poco abrumada. ¿Voy a hablar de los jóvenes a nivel mundial? ¿O hablaré sólo sobre los mexicanos? Me di cuenta entonces que enfocarme en México es ya una tarea complicada por sí sola. Así que, a ver, jóvenes mexicanos, ¿quiénes son? o más bien ¿quiénes somos?… Nada, laguna mental. ¿Por qué era más fácil hablar de otros grupos que de uno al que yo pertenezco? Y volví a la problemática que describo en el artículo “¿Qué festejamos en el Día del Niño?” México es un país muy diverso, lleno de contrastes, e intentar enfrascar a todos los jóvenes mexicanos en un sólo concepto es un tanto difícil ¿Qué tienen en común el joven campesino de una comunidad rural en Chiapas y el joven universitario que maneja su automóvil por el periférico para llegar a sus clases? Pero para qué ir a los extremos, puedo recordar incontables veces en las que no me he podido identificar siquiera con mis compañeros de clase.

“No importa, haz un esfuerzo” me dije, y me puse en búsqueda de estadísticas. El 99% de las veces, los números me ayudan a exponer mejor un tema, a entender mejor un problema… pero esta vez entre tanta información útil no encontraba lo que buscaba. Así que me volví a preguntar: “¿Qué tenemos en común?” Y entonces pensé en lo más obvio: somos mexicanos, tenemos este país en común… tenemos lo bello, lo feo, lo violento, lo rico y lo pobre de este lugar que habitamos; a todos nos toca esta realidad de una u otra forma, tarde o temprano. Entonces ¿por qué es tan difícil identificarnos unos con otros? ¿por qué si le pido a la gente que describa a la juventud mexicana, la mitad me dirá “apática” y la otra mitad me dirá “activa”? Me di cuenta entonces de que no nos conocemos y que eso no puede ser otra cosa que un problema.

De repente vino a mi cabeza esta idea loca, de que no importa que tengamos tantas diferencias, si al menos las conociéramos entonces serían éstas las que nos harían unirnos más. ¿Unirnos para qué? Bueno, si algo me gusta creer es que muchos jóvenes mexicanos queremos un país mejor en todos los sentidos; que no nos vamos a acostumbrar a lo malo por verlo todos los días; que queremos un cambio y que tenemos la capacidad de llevarlo a cabo. Pero hay que salir de la ingenuidad de que podemos hacerlo sin abandonar nuestro propio círculo, sin ver más allá, sin ver el panorama completo. Pienso que ignorar nuestras diferencias no es el paso hacia un mejor futuro, pero que conocerlas sí lo es, pues esto nos ayuda a ser empáticos, a entender la raíz de algunos problemas y a buscar soluciones desde diferentes perspectivas.

Consideremos que hoy nuestras posibilidades de conocernos superan por mucho a las de hace no tantos años; las nuevas formas de comunicación abren nuestras fronteras de maneras que pocas veces aprovechamos. La clave está en querer hacerlo. Todavía estamos a tiempo de interesarnos y acercarnos al otro joven, ese que parece tan diferente a mí, pero que en el fondo, puede que esté buscando exactamente lo mismo.

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