Invierte en viajar

Por Fernando López Armenta

El mundo es muy grande y la vida es muy corta como para pasarla toda en el mismo sitio. El contexto en el que nos encontramos inmersos muchas veces fomenta la idea de que el éxito personal se evalúa en función de lo que se posee, en función de aquello que sea tangible y pueda ser exhibido ante los otros como un trofeo, invertir en experiencias parece no ser redituable porque la experiencia por definición es interna y subjetiva. La conmoción que estremece al escuchar en vivo un concierto y la sensación de fusión con la inmensidad que se alcanza al contemplar el océano son cosas que no se pueden exhibir en redes sociales y por ello muchas veces es preferible invertir en objetos que ante los ojos del mundo den razón de nuestro estatus.

Cuando inviertes en viajar no lo haces para llenar una vitrina con objetos, lo haces para llenar el alma, inviertes para enriquecerte como persona, porque estar perdido en una ciudad desconocida en medio de personas que no hablan tu idioma te permite descubrir realmente cuanto puedes lograr por ti mismo. Invierte en viajar, en experiencias que sean perpetuas, tu tablet nueva dejará de ser útil en algunos años, pero la felicidad de entrar a ese museo que siempre quisiste conocer permanecerá contigo el resto de tu vida.

Invierte en viajar, en estar apartado de todo lo que conoces y de todas las facilidades que te hacen permanecer en tu zona de confort. Disfruta tu soledad, camina mucho, contempla lento y mantente fuerte, recorre calles desconocidas, observa como es la vida en otros lugares, descubre cómo aquellas cosas que crees imprescindibles en otros sitios son completamente innecesarias. Habla en otro idioma, imita las palabras que escuches, aprende expresiones que no entiendas e intégrate por unos días al ritmo de los lugares que visites, disfruta de la adictiva sensación de saberte completamente ajeno y anónimo.

Invierte en extrañar a tu familia y a tus amigos, alejarte de las cosas te ayuda a mirarlas desde otra perspectiva, hacer consciente la ausencia de todas esas personas te ayuda a valorarlas, te hace asumir el verdadero valor que tienen en tu vida a pesar de las diferencias que puedes llegar a tener con ellas, envíales fotografías, hazles saber que aun estando en los confines del mundo ellos siguen estando contigo en todo momento. Compárteles tus aventuras y las cosas que has aprendido en cada sitio, platica con ellos sobre las cosas que ves, la comida que pruebas y las costumbres que te sorprenden.

Invierte en hacer nuevos amigos, platica con desconocidos y finge que los conoces de toda la vida, observa a las personas, aprende la forma en la que saludan y muéstrales la forma en la que tu lo haces, entra a un bar a media noche, cuéntale tu vida a un cantinero y permite que alguien más te cuente la suya y explícales el plan que haz ideado por las noches para salvar al mundo. Deja que ellos te guíen en sus ciudades y que te muestren sus rincones predilectos, esos lugares apartados que no aparecen en las guías turísticas. Escucha lo que ellos saben sobre esos sitios, lo que la historia oficial no cuenta, lo que para ellos es verdaderamente valioso. Disfruta de ser un forastero con la capacidad de asombro a flor de piel.

Invierte en crecer, en descubrir el mundo, en vivir el mundo. Contempla la grandeza y la inmensidad de lo que está ahí afuera, absorbe como una esponja en todo momento, incorpora todo aquello que te enriquezca de cada lugar, no importa si es lejos o cerca, si es una gran ciudad o es un pequeño pueblo perdido en medio de las montañas. Adquiere humildad, date cuenta de que tu vida y lo que haces no cambia el rumbo que lleva el universo y que por lo tanto puedes ser completamente libre de actuar conforme a tus propias convicciones, sin miedo, sin ataduras, fiel a ti mismo. Aprende que el estilo de vida que te han inculcado no es el único, que existen mil maneras de vivir y que la vida es muy efímera como para vivirla siempre de la misma manera. Regresa de tus viajes siendo una persona distinta a la que se fue, mantén el recuerdo fresco de lo que viviste, considera el hecho de que la persona que fue capaz de pedir comida señalando una fotografía en un menú después de correr con una maleta de 25 kilos para no perder un tren es la misma persona que puede lograr cualquier otra cosa que se proponga.

Invierte en ponerte a prueba, en conocer los límites de tu potencial, experimenta el desbordante orgullo que puedes llegar a sentir por ti mismo cuando te detienes a contemplar el punto al que haz llegado y todo lo que hiciste para conseguirlo. Provócate crisis existenciales, siéntate en la banqueta de un callejón solitario a replantearte el rumbo que quieres darle a tu vida, cuestiónate si vale la pena estar haciendo lo que estas haciendo, valora si las experiencias que estás teniendo ahora son las experiencias que quieres recordar cuando seas viejo. Invierte en embriagarte de tu país y del mundo, en trascender la idea actual sobre la felicidad y el éxito. Las inversiones son volátiles, es necesario ser cauto cuando se decide invertir en algo y por eso es importante que lo hagas en el sitio correcto, en lo que sea más redituable y de lo que puedas obtener mayores beneficios. Procura invertir en algo que supere al tiempo, que jamás se devalúe, que nadie pueda robarte y que además alimente tu espíritu. Invierte en viajar, por ejemplo.


Imagen: http://www.viajaporperu.com/blog/como-aprovechar-al-maximo-un-viaje-en-avion/

 

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