Investigaciones con contingencias

Por Miguel Téllez

Recientemente escribí acerca de teorías interpretativas en el Derecho, y mencioné que haría críticas a las tres posturas que conté de manera breve. Sin embargo, tomaré la decisión de no exponer esas críticas y de hablar de un asunto que he estado viviendo y que ocupo criticar -en el mejor de los sentidos, claro-. Este asunto del que hablo es respecto a cuestionarios que intentan darnos respuestas en diversas cuestiones: cómo están los jóvenes en el ámbito de convivencia, escolar, etc.

La psicología se encarga de diversos estudios: sociales, laborales, educativos, etc. En estos meses he estado trabajando con personas de aquella disciplina, y debo mencionar que saben exponer sus conocimientos de la mejor manera que pueden. Tal empresa -con la que trabajo con psicólogos- consiste en estudiar cómo se encuentran los jóvenes de bachillerato en el ámbito de la convivencia social y escolar. Realmente es un gran proyecto, aunque yo he tenido un par de dudas que me parecen genuinas, y aquí quiero contarlas -de la misma manera que ya las he planteado con algunos compañeros-.

Uno de los objetivos del proyecto -que por comodidad lo llamaré ‘K’- es determinar un panorama de los jóvenes de bachillerato en el ámbito social. ¿Para qué queremos saber tal cosa? Para, si es necesario, mejorar sus habilidades sociales y que de esta manera posean herramientas que no sólo les servirán en cuestiones sociales, sino también personales. Para saber en qué situación se encuentran los jóvenes se aplican cuestionarios. Aquí es donde quiero exponer mis dudas.

Los cuestionarios implican asuntos desde escolares hasta sociales, aquí todo bien. Sin embargo, me causa ruido que los psicólogos crean -y mucha atención con “creer”- que con un cuestionario aplicado a unos 30 jóvenes de alguna institución académica se puedan obtener resultados interesantes. Más allá de que 30 personas de una institución que posee al menos 1,000 estudiantes es una cantidad pequeña, lo que me interesa señalar son los supuestos que hay detrás de ‘creer’ que ‘x’ prueba es una especie de piedra filosofal, o al menos de receta para dar con el platillo que queremos.

Supongamos que ‘x’ cuestionario nos ayudará a evaluar alguna situación -sea cual sea-. Primero, los reactivos deben ser precisos, coherentes y consistentes, así como intentar alejarse de la vaguedad y ambigüedad. Imaginemos que logramos hacer tal cuestionario. Segundo, la persona que lo resolverá debe contar con un estado epistémico lo suficientemente razonable para entender los reactivos, debe estar -de igual manera- dispuesta a entender que la investigación ‘K’ -o la que sea- es seria y se requiere de su total cooperación, y finalmente -para lograr lo anterior- quien nos ayudará a responder el cuestionario ocupa tener las condiciones ideales para prestar atención adecuada: sin ruido, sin prisa, etc. Las anteriores cláusulas no son exageraciones: incluso si un reactivo no está contestado -esto es muy sabido- el cuestionario se anula.

La crítica que quiero exponer es que ninguna de esas cláusulas se cumple: los cuestionarios suelen ser largos que a primera impresión aburren a quien debe responderlos, y ya no se cuenta con las condiciones ideales. Si los cuestionarios son muy breves, probablemente presenten problemas de ambigüedad o vaguedad, por lo que estarán sujetos no sólo a la interpretación de quien responde, sino de quien se supone evalúa un resultado -y quién sabe cuál sea, además, su parámetro de ‘realidad’ que cree es la medida de la que se rige la famosa confiabilidad-. Hay que agregar el hecho de que la población de bachillerato puede no estar cooperando siempre, podemos sugerir que muchos sólo responden por responder. Y suponiendo que de hecho cooperen, puede que lleven prisa, pues están en su horario de escuela; y de nuevo se pierden las condiciones ideales.

Así las cosas, parece que la confianza en un cuestionario pierde fuerza. Si una investigación está conformada por algo tan contingente como lo acabo de presentar, entonces esa investigación también pierde fuerza.

Hasta aquí mi crítica respecto a los cuestionarios. Ahora quiero pasar a otro asunto relacionado con estas investigaciones y con lo que los psicólogos llaman: ‘aprendizajes significativos’ (en adelante AS). Para comenzar, habrá que preguntarse qué implica ‘aprender’. En segundo lugar, ¿significativo para quién, según quién, y porqué es que lo es? No daré respuestas a estas interrogantes, pues sólo quiero poner de relieve una descripción de lo que parece implica el AS para algunos psicólogos.

Lo que he notado, de nuevo, trabajando con psicólogos, es que el AS depende de que la persona sienta y se de cuenta de lo que está ‘aprendiendo’. Un ejemplo de esto es cuando ponen -los psicólogos- dinámicas para que las personas experimenten ciertas emociones y posteriormente se pide que quienes hicieron la dinámica exterioricen lo que vivieron. Todo esto es interesante, pero mi duda es: ¿eso realmente es aprender? Me gustaría sostener que eso es sólo darse cuenta de ciertas cosas que, haciendo un examen más o menos minucioso con uno mismo, podríamos descubrir por nuestra cuenta, y no creo que ‘aprender’ se reduzca a algo que no parece realmente interesante. Si queremos sensibilizar a las personas, está bien, pero quizás el paso de sensibilizar a sugerir que eso es un AS es algo que no se sigue de manera necesaria, tampoco evidente.

Tengo aún un par de cosas que criticar, aunque por ahora decidiré dejar hasta aquí esta exposición. A manera de conclusión queda para ti la pregunta: ¿qué implica aprender? ¿Podemos obtener una investigación interesante basada en asuntos contingentes con condiciones que parece nunca estarán satisfechas?


 Imagen: http://usa.one/es/2015/11/5-000-personas-sin-hogar-reciben-comida-caliente-mision-de-los-angeles/

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