Investigación por la sola imaginación y razón

Por Fernando Rocha

Al manifestar esto o soy imprudente y muy susceptible al error o soy libre y acertaré tanto como pueda imaginar y razonar.

Antes de escribir ideas para resolver o exponer algo, buscaba obras para explayar, si no destruir, la proposición principal que imaginé en algún instante o para determinar algo que antes sólo había concebido como relación. De la certeza de dos palabras me desplazaba hacia quince libros prometedores ―elegidos sólo por sus nombres e índices― y, por lo tanto, pendientes para estudiar y, todavía, con la aflicción y recelo de saber que existen otros pero que ignoro o que no me es posible entender por su lengua (y aunque pudiera, ¿cuándo finalizaría esta empresa, parte no esencial para manifestar mis ideas?). Asimismo, se ha descubierto que cualquier asunto es potencialmente transversal, así que ¿por qué no inhibir mi deseo de afirmar hasta que siquiera haya estudiado todas las perspectivas de mi idea? Hoy una ocurrencia no suele enjuiciar sin antes conocer sus relaciones ―ya decía Descartes (dispense el lector por no librarme de mi memoria), en sus Meditaciones, que el error puede ocurrir al establecer relaciones―; un asunto de literatura se convierte en un asunto sobre lingüística, filosofía, psicología, historia, comunicología, sociología y demás, por lo que sería un infortunio que no todos los parlantes sean polímatas. Leo y me asombra la lista de referencias que presenta el texto y me pregunto si toda esa biblioteca fue necesaria y basta para que el autor pudiera declarar algo y no equivocarse. Hoy es reprobable emplear una proposición y no referir a su autor ―cuando aquéllas no siempre devienen ideas o teorías―, posibilitando que cualquier reflexión sea ineludiblemente común. Es menester distinguir entre el plagio, la influencia y la recreación.

Confieso y advierto que manifiesto esto sin haber estudiado las teorías de Hume, de Kant y de cualquier otro autor sugerido. Me atrevo a escribir porque confío en mi razón e imaginación y porque mi deseo no es refutar las ideas de otro; escribo porque ahora me apasiona hacerlo. En muchas ocasiones he imaginado alguna idea y he pospuesto su reflexión y declaración al considerarme inepto e imprudente para ello. ¿Cómo hablar sobre el símbolo si antes no se ha estudiado a De Saussure, a Morris y a Cassirer? ¿Cómo hablar sobre libertad si Locke, Rousseau, Mill, Rawls y Sartre no han sido estudiados? Si se ha dudado de lo que representan los sentidos, hoy puede dudarse de lo que uno piensa y abstenerse de meditar, de afirmar y de creer. He pospuesto ideas cuando tenía el ánimo de escribirlas e intentar razonarlas, mal obré así pues mi espera la empleé para estudiar otras ideas con el fin de que incentivaran mi imaginación o de que guiaran mi meditación; cuando pude y deseé ser autor, me abstuve para ser lector y quizá posteriormente ya no poder ser autor, porque, cuando se conoce algo ajeno, se pierde singularidad. Se puede objetar que lo relevante no es mi autoría, sino que yo exprese algo verdadero, y que mientras se descubra la verdad, no importa si todo el mundo participó en ello. Empero, la verdad, desde que el humano es obrador de su realidad, no se descubre, se crea y para ello es menester la recreación, la cual deriva de una unicidad. La verdad sólo es un juicio con argumentos aparentemente irrefutables; la verdad aparece cuando se convence.

Entonces, ¿es menester, para expresar ideas, conocer lo relativo a ellas y anterior a mi acción? y ¿su relevancia es que disminuye la posibilidad de errar o que permite la continuación de una misma forma de reflexión? El error es originalmente una forma, es un razonamiento incorrecto al establecer relaciones contradictorias, y el humano no está determinado más que a la invariabilidad, por lo que siempre es susceptible al error y su única orientación es la imaginación y no las ideas anteriormente declaradas. Si dijese que su orientación es el conocimiento de su objeto para saber emplearlo ―como pensó Sócrates y escribió Platón en Eutidemo y volvió argumentar Aristóteles en Protréptico― y no de aquéllas, podría ser absurdo pues es evidente que las ideas anteriores a mí son un intento por conocer un objeto, no obstante, conocerlas no es necesario pues me puede bastar mi imaginación y razón, de manera que yo sea suficiente para conocer ese objeto, siendo ni más ni menos tendiente al error que alguien que ya estudió todas las reflexiones relativas a él, porque para investigar sólo es necesario inventar, invención que deviene por un razonamiento, el cual deriva de mi imaginación. Infortunadamente esa invención sólo consiste en ser recreación, es decir, una transformación de algo ya existente y no la devenida de algo inexistente. Platón, al crear su Teoría de las Formas, se sirvió de ideas pitagóricas y socráticas; Locke y Rousseau fueron influidos por la teoría contractualista de Hobbes y con esta influencia meditaron y escribieron, como también lo hizo Sieyès con respecto al ginebrino. Estos ejemplos son recreaciones sumamente fructíferas y el lector puede advertir la magnitud inventiva de estas teorías y distinguirlas de otros intentos que consisten meramente en contrastar preposiciones o ideas de una infinidad de autores para desembocar en alguna propia. De consiguiente, quien reflexione y conozca sirviéndose únicamente por su imaginación y razón, posiblemente iniciará una idea y una forma de meditar en vez de recrear y continuar, respectivamente; y la probabilidad de equivocarse no será conforme al conocimiento de las ideas anteriores a él sino a su forma de reflexionar. ¿Qué es más conveniente? Ambas maneras son defectuosas: una conlleva la soledad, el constante recomienzo sin más duración que la vida de su autor y la difícil obligación de obtener todas las experiencias necesarias, y la otra genera dependencia e inhibe la singularidad. No obstante, es evidente cuál resulta más viable para  ―si no por su certeza, sí por su potencial― la investigación.

Quizá el único descubrimiento de esto es que toda idea deviene únicamente de la imaginación propia y jamás del estudio de otras.


Imagen: https://ineverycrea.mx/en/community/ineverycreamexico/resource/recursos-para-fomentar-la-pintura-en-alumnos-de/0f453da6-6472-475d-bb2a-42080350d938

 

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