Intervención humanitaria: ¿injerencia legítima o caballo de Troya? (Parte II)

Por Driveth Razo

 

Una de las personas que más ha perseguido la idealización de la intervención humanitaria fue el secretario general Kofi Annan, quien en 2000, recordando que el Consejo de Seguridad no actuó con decisión en Rwanda y en la ex Yugoslavia comentó: “Si la intervención humanitaria es, en realidad, un ataque inaceptable a la soberanía, ¿cómo es que deberíamos responder a situaciones como Rwanda o Srebrenica –matanza- a violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos que transgreden todos los principios de nuestra humanidad común?”. Debido a esto en 2000, se creó la Comisión Internacional sobre la Intervención y la Soberanía de los Estados –ICISS, por sus siglas en inglés-, la cual está enfocada en la responsabilidad de los Estados de proteger a las poblaciones de desastres humanitarios. ICISS fue quien introdujo la llamada Responsabilidad de Proteger –involucrando la responsabilidad de reaccionar, de prevenir y de reconstruir-. Además de esto, con la ayuda del Consejo de Seguridad, protege a las poblaciones amenazadas si el Estado no se encuentra en las posibilidades de hacerlo o simplemente no quiere hacerlo. Para ICISS la soberanía es el respeto primordial de los Estados a los derechos humanos, ya que la razón de ser del estado es su protección. La Responsabilidad de Proteger fue adoptada en la Cumbre Mundial de 2005 en el marco de la Asamblea General y reafirmada por el Consejo de Seguridad en su resolución 1674 de 2006 –la cual trata sobre la protección de civiles en conflictos armados-. Además de que en el 2004, el secretario general Kofi Annan mencionó que “se trata de una responsabilidad colectiva internacional, ejercida por el Consejo de Seguridad por la cual se autoriza la intervención militar como último recurso en caso de violaciones del Derecho Humano”. Los criterios que legitimarían la autorización del uso de la fuerza por el Consejo de Seguridad son la gravedad de la amenaza, la fuerza SIEMPRE como último recurso y la proporcionalidad de la respuesta.

En el Sistema Internacional se inscribe la paz como exigencia que racionaliza y moraliza la Injerencia en una Sociedad Interestática y Democrática donde la legitimidad dependa de la transparencia y dé la posibilidad de someterse a controles exteriores. La “Responsabilidad al Proteger” de Brasil, fue promovida por los sucesos de Libia, donde la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de marzo de 2011, resultó con el cambio en el mandato del régimen libio. Esta iniciativa apareció por primera vez en el artículo del canciller Antonio Patriota en el periódico Fohla de Sao Paulo el 1 de septiembre de 2011. Esta iniciativa no pretende sustituir a la “Responsabilidad de Proteger”, al contrario, pretende complementarla con la creación de reglas más claras otorgando el máximo de protección antes de tomar parte, máximo de cautela y accountability ante el Consejo de Seguridad al intervenir. Esta iniciativa tiene tres pilares esenciales: la advertencia, la cooperación internacional en pro del Estado necesitado y las medidas coercitivas. Entre los países que la encuentran como una oportunidad para la protección de los derechos humanos se encuentra México, Colombia, Perú, Uruguay y El Salvador, aunque no por eso dejan de defender la no intervención. Mientras que el eje ALBA -Alianza Boliviana para los Pueblos de Nuestra América- compuesta por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela creen que podría justificar eventuales intervenciones que atenten contra la soberanía. Hasta el momento, el eje ALBA no se ha dado cuenta que esta “Responsabilidad al Proteger” puede llegar a mezclarse con la llamada “intervención mínima”, la cual se rodea de principios como fragmentariedad, insignificancia, proporcionalidad y ultima ratio. Si este llegara a ser el caso, se darían cuenta que no hay nada que temer, porque todo estaría regulado.

El derecho de intervención se opone a los principios del derecho internacional público: el respeto a la soberanía de los Estados y el principio de no injerencia. Debido a esto, Mario Bettati hace hincapié en el adjetivo humanitario pues así se le asigna una finalidad a la intervención; y además se le da el sentido de obligación para lograr una ayuda 100% legítima.

La ONU siempre ha respetado la propia autonomía de cada Estado, por lo cual la Carta prohíbe la injerencia en su artículo 2 párrafo 7. Pero este principio no se opone al aplicar las medidas coercitivas prescritas en el Capítulo VII, el cual dicta que “En caso de amenaza contra la paz, el Consejo de Seguridad puede ejercer la acción necesaria para mantener o reestablecer la paz y la seguridad internacional” (Artículo 42). Entre las intervenciones que se han realizado por la violación a los derechos humanos se encuentran las siguientes: En 1971, la India envió fuerzas contra Pakistán oriental –al actual Estado de Bangladesh-; las intervenciones de Estados Unidos en 1958 al Líbano y en 1965 a la República Dominicana; la de Bélgica en el Congo en 1964; la de Turquía contra Chipre en 1974; y la de Israel en el aeropuerto de Entebbe en 1976.

Otro concepto que tenemos que tener en cuenta es el “Principio de las Nacionalidades” ya que debido a esto, se pueden llevar a cabo intervenciones. Este principio se desarrolló en el siglo XIX, el cual dicta que a cada nación le corresponde un Estado, si existe una nacionalidad que no constituya al Estado, tiene derecho a hacerlo a través del ejercicio del Derecho a la Libre determinación, que se encuentra en la premisa de los textos del Congreso de Londres, en el 2° párrafo del artículo 1° y en los artículos 55° y 56° de la Carta. Un caso que se dio fue cuando la ONU autoriza la independencia de Nigeria en 1962, en ejercicio de su Derecho a la Libre Determinación. Sin embargo, Nigeria se opuso a reconocer el mismo derecho al momento de rebelión de la tribu de los Ibus, afectada por el maltrato del gobierno federal de Nigeria; cuando pretendieron establecer el Estado independiente de Biafra, se consideró el problema un mero asunto interno.

Además de esto, la legitimidad y la gobernanza son claves en la agenda global. Para Inis Claude (1960) “los conceptos de legitimidad y de poder son complementarios ya que el anverso de legitimidad del poder es el poder de la legitimidad, los gobernantes buscan la legitimación no sólo para satisfacer su conciencia, sino también para forzar sus posiciones. La legitimidad es importante para los que tienen poder, ya que los hace más seguros de sí mismos –en este caso, del gobierno al que representan-“. Así mismo, Hans Morgenthau – representante del realismo clásico- en “Politics among Nations”, menciona que “La política internacional, así como todas las políticas, son una lucha por el poder. Cualquiera que sea el fin último de las relaciones políticas internacionales, el poder es siempre el propósito inmediato”. Todas las políticas que se han formulado a través de los años han sido para procurar mantener, aumentar o demostrar el poder; así las políticas se desarrollarán para mantener el statu quo. Por eso, cuando los Estados necesitan aumentar su poder, formulan políticas imperialistas en torno a esto; y si desean demostrar su poder, se valdrán de políticas de prestigio como ceremonias diplomáticas y despliegues militares.

Se dice que con el dinero baila el perro, pero en el plano internacional el perro acaba bailando por el poder y por los favores que otros países les deban. Debido a esto, todas las intervenciones que se lleven a cabo por países en específico serán acusadas por buscar beneficios propios. Tal es el caso de las intervenciones realizadas por Estados Unidos, que para los ojos de cualquier país, Estados Unidos siempre buscará su propio beneficio, y no sólo eso, sino que Estados Unidos es reconocido por seguir sus propias reglas. Como cuando se dio la Doctrina Monroe, la cual se supone que era en pro a las naciones americanas, para que estas no tuvieran intervención de potencias extranjeras. Pero en realidad, sirvió como fundamento para que Estados Unidos pudiera intervenir en los países nacientes latinoamericanos, y al final resultó ser “América para los estadounidenses”.

Se han llevado a cabo diversas resoluciones, tratados, y convenciones para regular las intervenciones humanitarias. Pero a pesar de todo esto, no ha habido ninguna ley específica que dicte con puntos y comas todas las situaciones en las que un país pueda atentar contra la soberanía de otro. Debido a esto, están los Cascos Azules, quienes se suponen que no pertenecen a ningún país ya que la ONU, deja que los países envíen las tropas que quieran para formar el escuadrón que irá a realizar tal injerencia. Entre los países que envían más tropas son India, Bangladesh y Pakistán; mientras que a nivel Latinoamérica son Chile, Brasil y Uruguay. Muchas personas tienen la idea de que la ONU no funciona como tal, debido a que las potencias tienen mayor voto y voz que otros Estados. Por lo cual piensan que si llegara a haber otro Hitler –el cual contaba con grandes aliados, como la Iglesia Católica, y la España franquista- no harían nada para parar esos atropellos, ya que la ONU estaría bajo el yugo de este nuevo “líder mundial”.

Por lo cual, si los países no pueden confiar en los otros países, ni en la ONU o en los Cascos Azules, la mejor solución es apostarles a las OSC’s, ya que éstas no dependen de ningún gobierno, ni mucho menos logran intereses de por medio. Médicos Sin Fronteras y Save The Children, son ejemplos de organizaciones que sin importar el mandato de gobierno, ni la ideología del territorio, siguen con su labor de proteger a la población. Por esto y más, la injerencia legítima no le debe corresponder a ningún gobierno como tal, sino a las personas que en verdad quieren lograr un cambio sin tener un arma de doble filo en la otra mano.


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