Intervención humanitaria: ¿injerencia legítima o caballo de Troya? (Parte I)

Por Driveth Razo

 

A lo largo de los años, hemos sido testigos de diversas intervenciones realizadas por países que son potencia a nivel internacional; éstas se valen de argumentos “válidos” para que sean aceptadas por la comunidad internacional. Pero muchas veces no nos damos cuenta que dichos argumentos son falacias, y lo que en verdad quieren lograr estas potencias es infiltrarse anónimamente para poder así ganar terreno en la agenda global. El mundo está sufriendo, todo el planeta está preocupado. Se busca ponerle un alto a todo lo que nos daña, se busca llegar a la perfecta utopía donde todos somos iguales, donde los problemas se puedan resolver en cuestión de segundos; por lo tanto, muchos países confían esta misión a los países desarrollados, a los que creen que pueden lograr el cambio que se necesita por tener todos los recursos necesarios.

Actualmente la hambruna, la corrupción, las guerras y los malos gobiernos, son algo que se ven a diario. Ningún país se salva del sufrimiento que invade a este planeta que llamamos hogar. Debido a esto, los países menos dañados toman el liderazgo del mundo y le tienden la mano a los más necesitados, pero estos países no se dan cuenta que, mientras que con una mano les ayudan a levantarse, sostienen en la otra un arma de doble filo que pueden acabar con ellos cuando menos lo esperen. Por esto y más, es que es necesaria, la legítima y válida intervención humanitaria, pero una intervención guiada por las OSC y por las organizaciones internacionales, y no una intervención realizada por un país que busca enriquecerse de las desgracias de otros.

Para poder entender más sobre el tema, tenemos que tener claro la definición de intervención. En el marco del Derecho Internacional, la palabra intervenir tiene dos significados. Uno es el derecho de intervención donde los Estados protegen a sus ciudadanos y propiedades en el extranjero; mientras que el segundo designa la acción de un Estado que busca imponerse a otro en cuestión de ideología, sociedad, política e incluso religión.

La llamada intervención legítima no es nueva. El derecho de injerencia aparece por primera vez en el siglo XVII en “De jure belli ac pacis” de Hugo Grocio, quien dijo que el derecho se concede a la sociedad humana para intervenir en caso de que un tirano “hiciera padecer a sus súbditos un trato que nadie le ha autorizado tener”.

Se dice que el derecho es algo que uno puede hacer valer cuando más le conviene y hacerse del sordo cuando menos lo necesite. Por eso, se cambió la palabra derecho, por deber. El deber de injerencia le agrega esa parte moral de obligación al derecho de injerencia, para conseguir así que más países lo aceptan o lo realicen. No obstante, ni uno ni otro existen dentro del Derecho Humano Internacional. A pesar de que el derecho de injerencia aparece con Grocio, no es hasta la guerra de Biafra llevada a cabo entre 1967 y 1970 que tuvo su auge. Durante este periodo, el gobierno no intervino en esta situación para ayudar a su población que estaba siendo diezmada por el hambre. Fue aquí donde se empiezan a crear OSC para denunciar estas situaciones a las cuales no se les dio un seguimiento correcto. Éstas organizaciones defienden la postura de que algunas situaciones sanitarias justifican el cuestionamiento de la soberanía de los Estados y deben permitir la intervención de la comunidad internacional para evitar dichos atropellos y ayudar a la población.

En abril de 1991, se logró llevar a cabo la primera intervención bajo este derecho. Fue realizada en Kuwait y en el Kurdistán iraquí para proteger a los kurdos de las autoridades iraquíes. El Consejo de Seguridad calificó esta intervención como “amenaza contra la paz y la seguridad internacional”. De aquí se han derivado otros casos de injerencia llevados a cabo bajo este concepto como la operación “Restore Hope” en Somalia (1992); “Operación Turquesa” (1994) llevada a cabo por Francia en Ruanda; las intervenciones en Liberia, Sierra Leona, y Albania en 1997; y las intervenciones llevadas entre 1994 y 1995 en Bosnia. Debido a esto, la Asamblea General junto a la Comisión del Derecho Internacional crearon el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional con jurisdicción respecto a crímenes de guerra y genocidio con sede en la Haya.

A pesar de las diversas intervenciones que se han dado, se dice que la única verdadera intervención humanitaria fue la que se realizó en la provincia otomana de Siria –la cual incluía el actual Líbano- en 1860. Durante este tiempo murieron entre 17,000 y 23,000 personas en su mayoría cristianos en el Monte Líbano y en el Damasco. Las autoridades otomanas fueron las acusadas de estimular los excesos cometidos por las milicias drusas en el Líbano y por los amotinados en el Damasco. Napoleón III con la aprobación de las potencias Europeas, envió 6 mil hombres, los cuales se retiraron cuando lograron reestablecer la calma e implantar una nueva organización política al cabo de un año. A pesar de que es conocida como la única verdadera intervención humanitaria, no sólo se logró reestablecer la paz, sino que los países interventores lograron aún así intereses de por medio, sobretodo económicos, con el reparto de las provincias del Imperio Otomano. Tal fue la ayuda que brindaron los franceses, que su país logró ejercer un control económico sobre el Líbano, a tal punto que para 1914, 50% del empleo en el Líbano dependía del trabajo en las industrias francesas de la seda. Al año siguiente, los británicos y los franceses bloquearon las costas sirias, impidiendo así la llegada de alimentos, la cual provocó una hambruna que costó la vida de 200,000 personas al centro y norte del Monte Líbano y otras 300 000 en Siria.

Según el diplomático argentino Ricardo Arredondo “Existe una aguda tensión entre la defensa de la autonomía de los Estados y por otro lado la protección de los Derechos Humanos de la población de un Estado en situación de violación grave”. Por un lado se encuentra la protección de los Derechos Humanos, mientras que por el otro se encuentra el principio de la Libre Determinación. Este principio aparece por primera vez en el siglo XIV en “Relectiones Theologicae De Indis” (1539) de Francisco De Vittoria, quien menciona que los aborígenes de un pueblo deben de disponer de su propio territorio y de su gobierno (dominio territorial, independencia, y soberanía). Por ejemplo, durante la Guerra Fría estuvo prohibido el uso de la fuerza para salvar a víctimas de violaciones contra sus derechos, ya que era una violación contra la Carta de las Naciones Unidas. Actualmente, dentro del artículo 2 párrafo 7 de la Carta se autoriza la fuerza para mantener la seguridad y la paz internacional. Se supone que los derechos internacionales caen en competencia nacional y su violación es de interés internacional donde Éste afecte las relaciones entre los Estados. Por eso la intervención humanitaria no llega a caer dentro del artículo 2 párrafo 4 ya que la injerencia no se lleva a cabo contra la integridad territorial o su independencia política.


http://tabernaculozoe.org/noticias/wp-content/uploads/2014/03/somalia.jpg

Comentarios

Comentarios