Intacto: Shakespeare

Por Elisa Horta

“Shakespeare está sobrevalorado”. Escuché a tres pasos de mi en la biblioteca.

Quizás eran más pero esos fueron los que yo necesité para intentar contradecir a alguna compañera que puede que no supiera la importancia del dramaturgo en la literatura universal.

Pero no hice nada, no intervine y preferí pasar de largo antes de meterme en problemas. Después de todo, ya tenía fama de meterme en broncas y peleas ajenas.

Aún así, la frase retumbó en mi cabeza todo el día, como campanas en mi cráneo que no dejaban de sonar hasta el grado de que comenzó a dolerme.

¿Cómo alguien podría decir tal cosa?

William Shakespeare es, probablemente, el autor más reconocido del mundo y el más importante de la literatura Británica. El dramaturgo inglés nació en 1564 en un pequeño pueblo que hoy conocemos como Stratford-upon-Avon, cerca de Birmingham. Casado desde muy joven con Anne Hathaway (sí, como la actriz de El Diario de La Princesa) y dedicado eternamente a la escritura de sus obras, poemas y sonetos que hasta la fecha son considerados como parte esencial de la literatura universal.

Se saben, tan solo, de 34 obras y 154 diferentes textos, entre lo que nosotros llegamos a conocer.

Pero eso no es lo más destacable de su vida y obra.

Shakespeare es atribuido a la introducción de más palabras al idioma inglés que muchos otros poetas en su vida, combinados; según el diccionario Oxford, el cual se ha encargado de verificar cientos de palabras de carácter Shakespeareano. Se estiman alrededor de 3,000 diferentes palabras. William, literalmente, se acabó la lengua anglosajona a tal grado que tuvo que crear otras para poder continuar escribiendo. El teatro cambió para siempre, por su influencia, obteniendo una categoría completamente aparte dentro del género dramático, nada menos. La reina Isabel I, prácticamente su más grande “fan”, pedía que las obras fueran llevadas hasta ella en la mejor de las calidades con el mismo Shakespeare protagonizándolas. El impulso que le dio la monarca a las artes fue básicamente una ayuda indirecta al dramaturgo para que pudiera ser lo que hoy sabemos que es.

Y fue por algo, y no por equivocación.

Shakespeare no está sobrevalorado, es mucho más de lo que creemos.

La importancia y la influencia que ha dado en la literatura universal siempre ha sido una de las más vitales e importantes del arte.

Tan sólo en la cultura general es una recurrente línea de comparación. No hay otro punto de referencia para las grandes historias de amor que “Romeo y Julieta”, ni conocemos otra manera de expresar la incertidumbre y la melancolía humana más allá de “Hamlet”. Conocimos a la realeza gracias a sus diversas obras sobre la línea de Henry y de Ricardo, mientras que supimos lo que era la magia a través del lente de “Sueño de una Noche de Verano” o “Macbeth”, pasando de lo brillante a lo oscuro.

Cada uno de sus trabajos ha aportado algo nuevo y moderno al más antiguo género literario conocido. Él mismo destruyó reglas, preceptos y estándares que ya se tenían establecidos desde hace cientos de años. Lo que los griegos crearon tan perfectamente y estructuraron meticulosamente, como con tantas cosas, fue prácticamente destruido por Shakespeare y con sus nuevas y revolucionaras imposiciones, cambios y modificaciones se creo algo que nunca antes se había visto. Hizo suyo al teatro y en ese proceso nos lo otorgó.

Sus historias pueden llegar a ser fascinantes, mágicas e irreales pero los personajes que creó y las situaciones en las que los pone, con las emociones que los hace sentir y los retos que atraviesan es muy fácil para nosotros sentirnos identificados. Humanos, erróneos, frágiles y complejos son sus personajes que se interpretan para llegar a nosotros y tocarnos con su realismo y credibilidad.

No solo los leemos y están con nosotros, los leemos y somos ellos.

Constantemente, el tiempo va y viene, el mundo gira y se puede seguir hablando de lo mismo pero no queda duda de quién es el alma y espíritu de lo que hoy conocemos como uno de los más importantes géneros de la literatura, y de este arte en general.

No hay manera de terminar de decir y remarcar qué tan influyente y trascendente ha sido Shakespeare, ese mismo que entre la genialidad y la vida diaria nos ha otorgado un sinfín de diferentes fuentes de arte, trabajo, inspiración y hasta confort y tranquilidad que en todo momento se puede acudir a todo ello para saber que el mundo es maravilloso y que incluso en la complejidad de su obra recae una sutil calidad, sencilla y llena de vitalidad que permanece y se queda entre nosotros.

Que tiene una vigencia permanente.

Tal como la de su autor.


Imagen: https://imgur.com/dUjObgp

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