Intacto: los sueños de Martin Luther King

Por Elisa Horta

Corría el año de 1929 en Georgia, Atlanta cuando el futuro ganador del Nobel a la Paz de 1964 nace en el seno de una familia religiosa en Estados Unidos. Siendo afroamericana Martin Luther King Jr vivía bajo las ridículas opresiones y abusos de la sociedad que se le imponían al frente tanto como a sus padres, hermanos y a todo aquel cuya piel no fuera blanca.

Pero la familia King nunca bajó la cabeza. Ni ante las más absurdas leyes.

Desde su padre, el próximo reverendo tuvo siempre presente la imagen de lo que era luchar y trabajar por lo que uno quería, esforzarse y usar su voz más que cualquier otra arma en busca de lo que uno deseaba. Desde pequeño, Martin Luther Jr tuvo frente a si la imagen de lo que era soñar.

Martin Luther King Sr fue uno de los primeros activistas de los derechos civiles en América y en el mundo, siendo él mismo quien impulsaría a su hijo a pelear por la causa en la que él tanto creía. Poco sabía, como muchos, que el hijo terminaría eclipsando por completo al padre. Y lo lograría en muy poco tiempo.

Puede que para nosotros resulte irrelevante, después de todo nosotros no tenemos un “King Day”, celebrado específicamente el 15 de enero por el nacimiento del famoso pastor y activista. Es decir, a penas y escuchamos alguna efeméride sobre él y eso es todo. Puede que pensemos que él no está muy presente en nuestra historia, pero en realidad se trata de todo lo contrario.

Conocemos a Martin Luther King Junior por un discurso muy particular, aquel que citamos incluso sin darnos cuenta y en las más mundanas de las ocasiones. “Tengo un sueño” es probablemente una de las formas que menos pensamos que podríamos usar para iniciar una frase o una oración, pero muchas veces basta con cambiar una que otra palabra, agregar quizás un par más y ya estamos haciendo referencia involuntaria al Doctor de Atlanta. A él y a sus infinitos sueños.

King es una de las personas más emblemáticas del siglo XX, poderoso tan solo en nombre e increíblemente solemne en porte y apariencia con una fuerza imparable que goteaba en cada palabra que pronunciaba. Basta buscar algunos videos de sus marchas, de las celebraciones que oficiaba y hasta de los discursos menos famosos para darse cuenta que desde cada paso que daba hasta llegar a algún atril o escenario, el hombre era imponente. Nada más ni nada menos que lo exactamente suficiente para una persona con sueños tan grandes e impactantes.

Sueños que también nos pertenecen.

Quisiera homenajear al Dr. Martin de una de las maneras que yo considero más importantes: recordando sus sueños. Aquellos que comparto, como muchos, y que llevo en el corazón incluso sin haber estado en el Capitolio de los Estados Unidos ese 28 de agosto de 1963.

Porque en sí, Martin Luther King Jr no es muy diferente a los activistas del día de hoy. Incluso si han pasado 55 años desde ese icónico día en la historia del mundo hoy seguimos luchando por la igualdad, la justicia y la libertad. Aún gritamos por los pobres y demandamos la equidad de todo individuo más allá del color de su piel. Velamos por las diferencias que nos deben de fortalecer en lugar de separarnos y buscamos la oportunidad de ser hermanos y no enemigos. Queremos cambio y progreso a la manera de la paz y el diálogo, rechazamos la violencia y buscamos un futuro mejor que no tenga que ser ganado por medio de la sangre derramada.

Después de 55 años, todos seguimos soñando.

Porque a pesar de que el movimiento de los derechos civiles ha terminado, las épocas de la segregación y los boicots a los autobuses se han terminado no nos parece suficiente. El pastor lo advirtió, nada sería suficiente y nadie estaría satisfecho hasta que se haga justicia. Justicia que todos creemos que falta.

¿Por qué seguimos despreciando a las personas pobres y de escasos recursos en lugar de ayudarlas? ¿Por qué nuestros inmigrantes son tratados como si estuvieran en suelo americano hace más de sesenta años y nosotros mismos ponemos detrás de las barras a los que llegan del sur del continente? ¿Por qué los jugadores de fútbol americano siguen arrodillándose durante el himno nacional para protestar? ¿Por qué el líder del mundo “libre” puede salirse con la suya después de comentarios racistas, entre otra sarta de errores que marcan la pauta de su presidencia más que cualquier otro suceso?

¿Cómo es posible que nos tengamos que seguir haciendo estas preguntas, medio siglo después de que la lucha se considerara como terminada?

Pero no ha acabado y seguimos luchando, seguimos soñando.

Y no creo, ni espero, que nadie nunca se detenga.

Desde los 60 nuestras nociones políticas y sociales han crecido de sobremanera y la tecnología nos ha abierto las puertas a muchas otras maneras de lograr hacer valer nuestra voz. El ruido ya no sólo hace eco en las calles de nuestras ciudades, si no que atraviesa océanos y continentes hasta llegar a los que nos apoyan y apoyamos a través de una pantalla que nos permite compartir nuestros sueños con otros soñadores.

Y así es como mejor podemos homenajear al líder e inspiración de tantos que hoy caminan y luchan con la libertad que él les ayudó a obtener. Es así como mejor se le puede agradecer.

La lucha pudo haber acabado, pero sólo para darle comienzo a otra, y esta vez somos más los que soñamos como lo llegó a hacer el padre de Martin Luther King Jr al verlo nacer hace 89 años.


Imagen: Pinterest User

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