Instituciones políticas

Por Miguel Téllez

¿Las instituciones políticas deben existir? Si es el caso que sí, ¿por qué? Y una vez que digamos el porqué, ¿cómo determinar cuál es su alcance?

Las preguntas anteriores no son poca cosa. La gente cuestiona a las instituciones de un Estado por su existencia o preguntando si hacen bien su trabajo. Lo que pretendo hacer en este escrito es demostrar la importancia de las instituciones políticas hoy día en nuestra vida y por qué debemos prestarles atención.

Que las instituciones sean objeto de estudio no es algo novedoso. Podemos remontarnos a la época clásica griega y encontrar rasgos de una posible institución que se encargue de administrar recursos, de legislar teniendo como principio la justicia, por decir algo. A pesar de la antigüedad de este estudio, hoy es indispensable e inevitable dadas las circunstancias revisar si a caso deben existir las instituciones políticas y por qué debemos interesarnos en ellas.

No hace mucho, un filósofo estadounidense de la política y moral le dio un giro a las discusiones respecto a cuestiones políticas y morales. El nombre de ese filósofo es John Rawls. A partir de la publicación de su libro Teoría de la justicia, se desató un debate que hoy día sigue vigente o al menos, ha permeado las actuales interrogantes a causa de las tesis que se hallan en aquella obra.

Una de las tesis importantes e interesantes de Teoría de la justicia es que el objeto de la justicia es la estructura básica de la sociedad.1 Con estructura básica de la sociedad, Rawls se refiere a la Constitución de un país, las leyes,2 etc. Esto nos puede parecer obvio hoy día: las autoridades deben actuar siguiendo preceptos de justicia y las instituciones deben garantizarnos que de hecho será así. El hecho de que hoy parezca obvio, es que las instituciones se han vuelto más importantes últimamente y su alcance respecto a decisiones también ha incrementado. Además, tenemos un sistema democrático: implica participación ciudadana. Pero no siempre ha sido así. Las instituciones políticas no se han construido a lo largo de la historia por la participación de todos los ciudadanos. Basta mencionar dos ejemplos: aristocracia y monarquía. Además hay que señalar que los intereses de esos dos tipos de gobierno suelen ser distintos a los del resto de la sociedad. Han ocurrido golpes de Estado, guerrillas, movimientos civiles para que gobiernos de ese corte vayan cambiando. Y aquí, cabe mencionar algo importante: se derroca una institución para poner otra institución. Que al final, tratará de legislar según lo que crea que es justo -o sea por seguir otro concepto, v.g., igualdad-.

Ya señalamos -brevemente- por qué las instituciones se han vuelto importantes. El porqué deben interesarnos se puede ver con lo que hemos dicho. Primero, tenemos un sistema democrático, lo que implica nuestra participación. Segundo, a diferencia de un gobierno aristócrata o monárquico, al ser democrático, se deben tomar en cuenta nuestros intereses. Por ahora, todo parece marchar bien. Sin embargo, ¿qué justifica que las instituciones existan? ¿A caso es sólo por hechos históricos? Debe saberse que hay algunas maneras de justificar la existencia de instituciones políticas e incluso del Estado -que bien podemos denominar institución-. Una de esas maneras es el conocido ‘contractualismo’, que tiene diversas modificaciones según el autor al que nos podamos remitir. Lo que distingue esta justificación es que a última instancia nos dice que nos reunimos siguiendo un contrato -el cual suele ser hipotético-, una vez aceptado, no podemos violarlo. Pactamos tal contrato porque resulta benéfico para todos, sea para evitar daños, sea para respetar los bienes de cada quien, etc. El filósofo que mencionamos -J. Rawls- es un contractualista. Ahora bien, esta no es la única vía para justificar la existencia de instituciones políticas. El filósofo griego Aristóteles nos decía que el hombre es un animal político,3 por lo tanto social. El hecho que tener instituciones políticas es necesario. Si queremos identificar el bien del hombre, su felicidad, su realización, éste se halla en comunidad. De ahí una sentencia aristotélica que nos dice: ” (…) el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.”4

Vemos que hay distintas maneras de justificar la existencia de instituciones políticas -como el Estado-. Nosotros no podemos negar la importancia de tales instituciones: hoy día se reparten becas, apoyos alimenticios, educación pública, apoyo para transporte público, seguridad social, etc. Hay grupos que se oponen a la existencia de instituciones políticas, pero de ellos no nos ocuparemos por ahora.

Dada la importancia de las instituciones políticas, podemos implicar que nuestra participación es valiosa: nosotros somos quienes depositamos parte de nuestra vida y decisiones en instituciones. No hay porqué dar la espalda a las instituciones, hay que hacerlas menos injustas. ¿Cómo? Esa pregunta intentan responderla muchos politólogos y filósofos de la política de los cuales, por lo que ya he mencionado, deberíamos conocer algunas de sus tesis.


1Rawls, John, Teoría de la justicia, {Trad. de María Dolores González}, Sexta reimpresión, FCE, México, 2006, p. 20.

Ver., Idem.

Esta tesis la podemos encontrar tanto en la Política como en la Ética nicomáquea.

Aristóteles, Política, {Trad. de Manuela García Valdés}, Gredos, Madrid, 1988, p.52.


Imagen: http://definicion.mx/estado-social/

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