Inicio de año

Por Brandon Ramírez

 

Creo que admitiría muy pocas dudas que el tema central de este inicio de año en nuestro país es el precio de la gasolina. Como en toda situación adversa, en el colectivo se forma la idea simbólica de construir un culpable, que en este caso es el gobierno federal. Está quizá de más recordar que prácticamente todos los problemas sociales están sobredeterminados por una infinidad de elementos y múltiples actores, porque ese no es el punto que me lleva a escribir esto.

Bien se dice que principalmente en Estados Unidos, y un poco por extensión en nuestro país, el automóvil es el símbolo más evidente de la clase media. Se convierte en una aspiración y una primera adquisición en cuanto se escala a dicha posición socioeconómica, para hacerla notoria al resto. Es quizá por eso que tanto en su momento el cambio en la verificación, el no circula en la CDMX y ahora a nivel nacional el precio de la gasolina, adquiere un poco más de resonancia que otros problemas.

La anterior temporada de incremento en la contaminación del aire en la Ciudad de México, se culpaba a las administraciones locales de promover el uso del automóvil, construyendo ejes viales, estacionamientos y un diseño urbano que los priorizaba sobre otras opciones de movilidad. En aquellas discusiones también se argumentaba que el subsidio a la gasolina era otro factor que promovía su uso.

A título personal, desde hace varios años dejé de usar automóvil. Los primeros semestres de mi licenciatura, asistí a la Universidad en este medio de transporte, pero por la mitad de la misma opté por caminar o utilizar el transporte público (en el que yo nunca he tenido malas experiencias, por cierto), motivado por la relativa cercanía de mi casa y que el desplazamiento en esas otras formas de movilidad me tomaban el mismo tiempo. Desde entonces caminar es mi primera opción, y si debo ir a un lugar más lejano opto por el transporte público. En ese sentido, supongo que hago mi parte en cuanto a combatir la situación de nuestra ciudad.

Me queda muy claro que muchas personas no pueden prescindir del automóvil para su día a día, por la lejanía, necesidad de trasladarse con mercancías, con un buen número de acompañantes, con personas discapacitadas o un largo etcétera más de condiciones. Pero también me queda claro que muchos más también podrían prescindir de éstos, con mayor razón si los nuevos precios de la gasolina les disminuye su poder adquisitivo de forma importante.

Nuevamente, a título personal, yo estoy más bien a favor de eliminar el subsidio de la gasolina para los automóviles particulares y mantenerlo en el transporte público, para los transportistas, y a quienes puedan demostrar la necesidad de optar por este vehículo sobre otras opciones de movilidad, por cuestiones laborales o personales, como las enunciadas en el párrafo anterior. Evidentemente también se debe mejorar las condiciones del transporte público en general, incentivar el uso de automóviles que utilicen energías renovables.

Mientras el aumento del precio de la gasolina no vaya acompañado de ello: un subsidio para el transporte público en todo el país y los transportistas y quienes dependen de los automóviles para su trabajo y como una necesidad personal y de hecho impacte negativamente también en estos sectores, no se puede más que seguir criticando.

Como toda crisis del estilo, como lo fue en su momento la alarmante situación ambiental en la CDMX, suponen oportunidades para plantearse cambios de hábitos. Aunque siendo sinceros, pocas veces sean tomadas así.


Imagen: https://blog.ifeel.mx/wp-content/uploads/2014/12/anonuevo-e1419961166321.jpeg

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