Indignación

Por Brandon Ramírez

 

Mucho se ha dicho los últimos días sobre el espionaje señalado por la prensa internacional hacía algunas personas de nuestro país supuestamente por el Gobierno Federal, dado que sería el hipotético único comprador posible del software utilizado.

El espionaje en sí, ha existido a lo largo de los siglos, casi siempre utilizado en sus formas más rudimentarias contra los adversarios dentro o fuera de las organizaciones o gobiernos, entre correligionarios y adversarios. Los Estados, así como están facultados para ser quienes utilicen la violencia legítima a través de sus ejércitos y policías, también es quien en los tiempos contemporáneos tienen cierta legitimidad para hacerlo, siempre que se cuente con el respaldo de un juez y exista una necesidad de hacerlo.

Hoy día todo se ha sofisticada tanto que perfectamente podemos, sin percatarnos, estar expuesto a espionaje a través de nuestros celulares, pero también computadoras. A veces no es necesario, aceptamos tantos términos y condiciones en nuestras computadoras y celulares que dejamos a cientos de empresas conocer nuestros gustos, rutas cotidianas de traslados, etcétera, o somos nosotros mismos quienes lo publicamos en cualquier red social, facilitando la labor a quien quiera saber de nosotros.

La posibilidad de intervenir llamadas telefónicas, de activar webcams a distancia, de encender el micrófono del celular, o la cámara misma en tiempo real y la utilización del GPS para localizarnos, como simple posibilidad, debería preocuparnos, pero usualmente no es así. Pocos se preocupan por cubrirse de estas ventanas de oportunidad para espionaje, si bien es cierto no todos somos blancos susceptibles de intervenciones de este tipo.

Esto saca a colación un tema importante: para censurar este tipo de medidas o que alcance suficiente cobertura mediática tiene que ocurrirles a personajes que generen cierta empatía o pertenezcan a determinada línea editorial o empresa que pueda generar opinión pública en este sentido. Pero cuando ocurre de forma ilegal el mismo fenómeno a personajes que suelen ser convertidos por el imaginario social en los villanos de nuestros tiempos, nos da un poco igual.

Por ejemplo, la filtración de audios en los noticieros del país, obtenidos ilegalmente, son tan cotidianos que a nadie sorprenden ya, pero es el mismo fenómeno: espionaje a ciudadanos sin sustento jurídico alguno. Que sí, que las victimas de dicho espionaje pueden a ver cometido delitos que se evidencias por este medio, pero no es la forma de hacerlo, y debería generar la misma indignación. Si se permite eso, y se tolera o justifica, también podría llegar a justificarse el espionaje a quien sea, incluso uno mismo.

Lo mismo con el debido proceso. Se puede percibir como plausible que atrapen a alguien que presuntamente y a la vista e imaginario social es un delincuente, pero no puede violarse la presunción de inocencia; ya ha pasado con casos en que por la violación de este procedimiento no se puede armar un expediente sólido y se termina liberando a los supuestos culpables. Eso genera indignación, por supuesto, pero es lo que debería pasar. Si no defendemos la idea de que se es inocente hasta probar lo contrario, podrían deteneros a cualquier sin razón justificada. Me parece que lo mismo con el espionaje.

No debemos usar dos varas para medir, según quienes sean víctimas de espionaje, la indignación debería estar siempre. Lo mismo con cualquier otro delito. De acuerdo en que esto suena ingenuo, y que no es gratuito que estemos en esta situación, puesto que la corrupción y la impunidad no ayudan a generar confianza en las instituciones y permite legitimar estas formas y otras de comportamiento. Esto también explica en cierta medida que sigan existiendo linchamientos en algunas regiones del país, y que cientos de videos circulen en redes sociales de personas que hacen justicia por cuenta propia cayendo también en los delitos que se supone buscan evitar. Puede ser un círculo vicioso, que si no tienes instituciones sólidas no puedes evitar esto, y que se tiene esto por no tener instituciones firmes.

La solución pasaría en buena medida por tener un gobierno preocupado por el tema de la corrupción e impunidad, al menos uno de los poderes, el ejecutivo o legislativos, y comiencen a trabajar para construir instituciones que generen dicha confianza. Ojalá esa siga siendo la base sobre la que se construya la elección de 2018, y gane quien gane sea un tema que se mantenga presente y obligue a los partidos a actuar en consecuencia. El otro extremo también debe implicarse, y de hecho ya lo hace, nuestra sociedad civil ha provocado pasos hacia ese camino y debe seguir así. Es una utopía pensar que eso cambiara en su totalidad, pero ojalá si avancemos en reducirla. Lo necesitamos.


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