(in)corregible

Por Guillermo Alvarado

 

 

-Quizás sólo prefiero estar molesta contigo y acostarme por conveniencia, que buscar a otro y tener que invertir tiempo y sentimientos hasta que le permita que lleguemos a la cama.-

Y así dio inicio nuestra relación, mas bien nuestra anti relación o lo que sea que teníamos.  Vivíamos a dispares, ella frecuentaba los vicios mas sublimes, como el ausentismo en el trabajo, fumar como único alimento, el sexo sin protección, los besos a destiempo, etc. y en cambio yo, yo en realidad nunca he figurado en nada, soy tan sólo una pincelada más, no aporto riqueza al cuadro, me mantengo firme en la posición que me indican, soy el que paga a tiempo, el que deja 10% de propina, usa las direccionales, soy el que estornuda y se disculpa, soy absolutamente mundano.

Pensarán que sólo cuento lo peor de ella, pero en verdad era la primera vez que conocía a alguien así, tan diferente a mi, tan desordenada en su vida que vivía en el filo de la navaja, no caía ni de un lado ni del otro, permanecía en el filo, cortándose más y más a cada instante. Era un peligro, un hermoso y adictivo peligro.

Por lo regular pasábamos todo el tiempo en su departamento, vivía en un tercer piso no muy cerca de donde yo vivía, era un modesto departamento de tres habitaciones: una fungía como sala-comedor, otra era su cuarto, el último era un remedo de estudio/bodega y claro sus respectivo baño y cocina con la debida distancia que sesenta y tres metros pueden ofrecer. Por fortuna tenía pocos muebles, por lo regular nos quedábamos siempre en el sillón de tres plazas que le había legado una tía, olía extraño pero era muy cómodo, allí escuchábamos música, comíamos por que la mesa estaba siempre con cosas y teníamos sexo antes de terminar la faena en la cama.

-Sólo abrázame y deja de pensar y repensar las cosas, ¿por qué tienes que joder el momento con tantas preguntas? sólo, siénteme y siéntete y ya.-

La conocí en la universidad, no propiamente en las aulas, la conocí dentro de la universidad, ella buscaba un curso sobre computación y secretariado, yo buscaba validar mis materias intentando reingresar a estudiar, nos vimos, ella se acercó, me preguntó sobre horarios de oficina, le señale el letrero que dictaba los horarios, ella lo tomó mal, fue la primera vez que vi “la mirada” esa mirada llena de malicia, yo no lo había hecho a propósito, no soy de los que conviven o suelen tener facilidad para interactuar socialmente, mi acción fue mecánica, por temor a hablar, pero ahora sentía la necesidad de hacer algún comentario o algo para remediar el momento o al menos para matar el silencio incómodo afuera de aquella oficina de Servicios Escolares, después de todo, tendríamos que esperar un hora o quizás más.

-No pares, sigue así, si paras te mato.-

Así fue nuestro encuentro, yo hablaba torpemente y ella respondía con monosílabos. Después de lo que pareció un año entero por fin nos atendieron a ambos una hora más tarde, entonces salimos, para entonces ya conocía su nombre, la busque en FB y comenzamos a charlar, por supuesto ella decía no recordarme, aunque le detallé la escena total de cuando estuvimos dos horas platicando en la universidad, para ella era un rostro genérico. No obstante, logré que platicáramos más por ese medio que en persona. Al final nos volvimos una charla cada vez mas frecuente y menos incómoda, ella me contaba de su vida diaria y yo de mis penurias como estudiante fracasado.

-Lárgate, sal de aquí y no vuelvas a menos que sepas que decirme, no sólo la basura que le dirías a otra.-

No fue fácil, es decir, volvernos pareja fue rápido, lo difícil fue congeniar, habíamos hablado mucho por teléfono y por FB, pero hacer que las cosas funcionaran tomó tiempo, conocer sus amistades fue un reto, soportar los lugares que ella frecuentaba fue francamente incómodo, pasar el tiempo sin discutir era la manera en cómo buscaba mantener a flote la relación, no quería hacerla enfadar, pero a veces el verme tratando de no hacerle enojar terminaba por enfurecerla aun más, se convirtió en un circulo vicioso; aunque claro que durante el sexo éramos fantásticos, pasábamos horas encerrados en la habitación, cada vez probábamos diferentes cosas, la variedad que nos faltaba en la relación con ropa no sobraba cuando estábamos desnudos.

-No eres el único en esta relación, deja de actuar como tal.-

El sexo pasó de ser excelente a bueno y después a regular, en ocasiones teníamos buenos momentos, pero el resto de las veces era un acto de odio tras las cortinas. Lo arruinamos, ninguno de los dos cedía, cada batalla perdida era un aliciente a no perder la siguiente y así lo era, ella decía que comiéramos en tal lugar y yo ordenaba comida para comer en casa, ella compraba ropa y yo malgastaba el dinero en apuestas deportivas, ella coqueteaba con los vecinos, yo recibía mensajes de texto que respondía al momento y después los borraba frente a ella.

Sucedió lo que tenía que suceder, un controlador y una loca desenfrenada se juntaron, un neurótico enamorado de una narcisista, éramos los únicos sobrevivientes de un naufragio, bebiendo el agua salada que hundía nuestra balsa, no pudimos controlarlo y todo se fue al carajo y sucedió: tuvimos un hijo. Somos salvajes, somos incorregibles, no nos basta con hacer de nuestras vidas un suplicio, ahora tendríamos un tercer participante en este enfermizo juego que llamamos: vida.

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