Inconexo

Por Guillermo Alvarado

Las ventanas de mi casa se estremecen por los ventarrones, escucho vibrar los cristales que se lamentan lúgubremente, en su reflejo distingo gente deambulando por todos lados, están perdidos dentro de mi casa, vagan por cada rincón y en sus caras a medio borrar reconozco el sentimiento de abandono, ya casi los han olvidado.

Inunda la casa un silencio sepulcral, recorro las habitaciones, pero ellos no hacen un solo ruido, tampoco percibo ningún aroma, solo hay quietud, me siento mal conmigo mismo al romper la parsimonia con mis movimientos, continuo yendo despacio por la casa, bajo la vigilia crepuscular del día agonizante.

Ellos no se van, pasan las horas pero solo yo las puedo contar, yo sé lo que ellos son, aunque desconozco si ellos lo sepan, o siquiera recuerden quiénes fueron, los veo marcharse y disolverse, fundiéndose en el oblivion, mi casa es el punto de no retorno, es un camino de una sola vía, de un solo sentido y para un único destino.

El viento da paso a la tormenta, los truenos retumban dentro de la casa, el cielo ennegrecido se ilumina por instantes y me permite ver mi sombra solitaria, de ellos no queda nada que genere sombra, la luz los difumina y en el reflejo de las ventanas los reemplazan las gotas de lluvia arañando los cristales.

Sin encender la luz de la habitación, me recuesto y en breve ya estoy durmiendo, las sábanas se tornan en las suaves arenas del reino de Morfeo, viajo por sus páramos dorados, bajo su permiso pero sin su compañía, el monarca de los sueños no tiene tiempo para un cualquiera como yo, mis pasos levantan la arena y con ella llega la fantasía, el ensueño que todo lo nubla y retuerce.

Abro los ojos, estoy en casa, pero no en mi cama, reconozco la sala y el comedor, siento cada miembro de mi cuerpo, pero a mi alrededor hay mil figuras, todas ellas en movimiento, son ellos de nuevo, la quimérica fantasía es una representación de mi insondable cotidianidad, sueño que habito junto a aquellos ya no están vivos, los que hacen del reflejo su única esclusa, pero detecto sus movimientos, incluso puedo escucharlos, balbuceando palabras inconexas, sin sentido, tonterías; ahora soy uno de ellos, mi voz tarda en hacerse presente, me interrogo sin conocer de respuestas, me aterra la situación y comienzo a caminar, a abrir las ventanas y las puertas en vano esfuerzo, no hay salida, ya lo sé, un grito desesperado emana de mi, intentando despertar de esta horrible pesadilla, pero no hay sueño que desvelar.

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