Historias de superhéroes

Por Brandon Ramírez

En las últimas semanas han sido presentados los nuevos trailers de las películas de superhéroes que se proyectarán en cines a lo largo del 2016. Desde 2008, cuando Marvel comenzó su serie de películas –que se proyectan hasta 2019–, este tipo de largometrajes logró reivindicarse (en términos de éxito comercial) tras algunos intentos por pasar a estos personajes de los cómics a los proyectores.

Los cómics desde su edad de oro han tenido siempre un público que encuentra en sus páginas una afición interesante. La idea de seres extraterrestres con capacidades sobre humanas, súper soldados que reivindican valores heroicos de algunas sociedades, entre otras, atrajeron a un buen número de personas que lo hicieron un negocio rentable pero no tan incluyente, ya que era visto más bien como una afición extraña y marginal.

En la última década este tipo de entretenimiento ha alcanzado una presencia mayor, lo que se demuestra en las múltiples convenciones organizadas alrededor del mundo con cada vez más asistentes, y que ahora incluyen más elementos populares como los videojuegos, el cine y series televisivas.

Probablemente la posibilidad que hoy existe para realizar efectos especiales y CGI cada vez más realistas, así como su acercamiento a un público infantil a la vez que mantiene cierto humor enfocado a adultos y la reivindicación de algunos personajes –que en intentos previos por trasladarlos al cine generaron cierto rechazo e incredulidad– son parte de este crecimiento.

Algunos personajes siempre han estado presentes en medios como la televisión y han mantenido su popularidad, por ejemplo Spider Man o Batman, que en sus series animadas mantuvieron el interés de algunos niños. Sin embargo, actualmente ha aumentado el número de superhéroes que los niños reconocen e idolatran. Partiendo del éxito de sus películas –y posterior vinculación con series televisivas– Marvel ha logrado dar notoriedad a otros de sus héroes, como los integrantes de los Guardianes de la Galaxia o Ant-Man, así como relanzar con mayor éxito otros como Daredevil. Los cosplay cada vez más diversos con que muchos asisten a los eventos del medio son una buena muestra de ello.

Por otro lado, y quizá con un sentido más solemne, DC Comics busca posicionar a sus propios héroes en este mercado. Ya han tenido éxito con algunas de sus series televisivas, y en 2016 buscan reposicionar a Superman, Batman y al resto de sus íconos antes de que el interés por estas historias se vea reducido nuevamente.

Por supuesto que en estas dos franquicias no se agota el mundo de historias de superhéroes, ni en papel ni en el cine, pero poseen los derechos de los personajes más reconocibles por el público en general, héroes y villanos que se han mantenido a través de décadas, a pesar de los cambios en el contexto político mundial que dio origen a muchos, y cambios culturales que suelen dejar en el olvido muchas cosas que en su tiempo fueron populares.

Quienes no son asiduos seguidores de estos personajes en papel pero disfrutan de las adaptaciones cinematográficas, probablemente prestan menos atención al trasfondo de éstos y se enfocan en entretenerse, divertirse y entender la trama que entrelaza una película tras otra, contando una historia que en el caso de Marvel inició en 2008. Sin embargo, algo debe existir detrás para que, después de más de 70 años –en el caso de algunos de estos héroes de ficción– sigan estando vigentes.

Evidentemente no soy un experto ni creo conocer las razones para esto, pero considero que siguen siendo en buena medida un reflejo aspiracional para muchos. No me refiero a que todos queramos volar, tener fuerza sobrehumana, hacernos invisibles o ser virtualmente indestructibles (aunque pensándolo bien ¿quién no querría eso?), sino a lo que los motiva, eso que hace que una persona con súper poderes sea un héroe o un villano.

A mi parecer, el caso de uno de estos personajes –Batman– ejemplifica bien lo que quiero decir. Bruce Wayne (aún recuerdo los tiempos en que era común oír Bruno Díaz) no nació con poderes sobre humanos, no es un extraterrestre, no estuvo expuesto a radiación u otro accidente biológico, ni a la picadura de un insecto y, aun así, tomó la decisión de convertirse en algo más que él mismo para hacer de su ciudad un lugar mejor.

A diferencia de muchos otros héroes, tomó la decisión de no hacer lo mismo que aquellos a quienes dice combatir, razón por lo que no asesina. En la propia construcción de su alter ego –Batman– está la idea de convertirse en un símbolo incorruptible y justo, algo que dé inspiración y esperanza a las personas sobre la lucha contra el crimen y la inseguridad pero desde su trinchera, con actos que todos podemos hacer, por ejemplo no siendo corruptos.

Quizá lo que Batman es para Gotham (Ciudad Gótica) lo son todos los superhéroes para quienes los han mantenido vivos por décadas; lo que Peter Parker hace como el hombre araña no lo hace porque sea su deber, sino porque puede, y debería existir cierta obligación moral (“un gran poder conlleva una gran responsabilidad”) en todos de hacer la diferencia desde la individualidad. Porque al final si nosotros podemos hacer una diferencia, por pequeña que ésta sea y preferimos no hacerlo ¿quién lo hará?


Imagen de: nsrpg.forumcommunity.net

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