¿Hasta dónde debe llegar la lucha por la justicia social?

Por Ana Garduño

Navegando en internet, es fácil encontrarse con todo tipo de opiniones y de comentarios en lo que respecta temas de justicia y derechos humanos, así como de movimientos sociales como el feminismo, el activismo por los derechos LGBT y contra el racismo, son temáticas que han logrado unir a una parte muy grande de la juventud internacional, principalmente de Estados Unidos. Y sí, a mí también me dio gusto el notar que la juventud actual parece ser más consciente de los problemas que asolan a nuestra sociedad, y que son más abiertos que las generaciones anteriores tanto a formas alternativas de vida como a formas tradicionales… o al menos eso creía.

Y es que al poner más atención a los comentarios que la mayor parte de estos jóvenes presenta, me dí cuenta rápidamente de que realizaban exactamente el mismo tipo de comentarios excluyentes que caían precisamente en aquello que denunciaban, criticando a los hombres, a la gente caucásica, a la gente cisgénero, o a los heterosexuales, a un nivel en el que en muchos círculos del internet son bulleados o despreciados si llegan a entrar en alguna de estas categorías. Confieso que antes yo estaba dentro de este mismo movimiento al que el mismo internet ha bautizado como social justice warriors o guerreros de la justicia social, aunque ahora me pregunto realmente si esta es la manera correcta de propagar un cambio enel mundo

Antes de comenzar, me gustaría aclarar que el término social justice warrior (abreviado sjw) es un término principalmente despectivo que, según la misma definición del urban dictionary es “un término peyorativo para un individuo que constantemente y de una manera vehemente se mete en discuciones sobre justicia social en el internet, (…) generalmente con el objetivo de realzar su reputación personal” (Urban Dictionary, social justice warrior). En el internet, este término se usa en conjunto con otros como “feminazi” para insultar las opiniones políticas de otros, y su uso es controvertido, así como el alcance de su significado y aplicación. Sin embargo, el término hace referencia a un problema más grande que poco a poco se ha ido dando a conocer: el extremismo de izquierda.

En 2017, ViceNews habló con Brian Levin, un ex-policía NewYorkino que se vió inmerso en este controvertido tema al salvar la vida de un miembro del Ku Kux Klan quien estaba a punto de ser asesinado por una orda de protestantes de izquierda, y ha señalado que desde diciembre de 2015 ha presenciado tensión y acciones violentas por parte de ambas ideologías al menos dos docenas de veces. En el mismo artículo, Vice menciona otros ejemplos, como el de James T. Hodgkinson, quien disparó contra congresistas Republicanos, siendo el partidiario de Bernie Sanders y Anti-Trump. Recuerdo cuando recién Donald Trump había ganado la presidencia y un hombre perteneciente a una organización de derechas fue golpeado por Yvette Felarca, -miembro del movimiento By Any Means Necessary- . Este hecho desató un debate ardiente entre los que argumentaban que -nazi o no- el usar la violencia contra un individuo que sólo expresaba su opinión no era lo correcto, y entre los que defendían la agresión como parte de la lucha contra el fascismo. La misma Felarca argumentó que los cargos imputados deberían desaparecer, pues su acción fue en defensa propia. Sin embargo, su inocencia aún es debatida.

Y  es que el extremismo de izquierda es un tema que a penas se ha abordado en los medios masivos de comunicación; en general su manifestación se tolera por la población que ve en él su propia voz. En otro artículo de vice, se explica que en los media, el extremismo de izquierdas se ha visto justificado por sus “motivos generalmente nobles” (Muller-Vogg, ViceNews), y esto no podría estar más en lo correcto: desde entradas en blogs de internet, hasta comentarios en fotos de super-estrellas, hasta rallys políticos y manejo de información, originando una espiral de silencio que se centra en una arista del radicalismo, haciendo invisible su contraparte y justificándose en lo políticamente correcto sea para un grupo o para otro. Y es que cualquier justificación del extremismo y la radicalización de los movimientos que lo representan modifican la perpectiva de “lo correcto” hasta el punto de convertirse en una especie de policía del pensamiento que se aboca a abatir cualquier opinión contraria a su discurso. Por supuesto –para el caso de la izquieda- que es importante defender a las minorías y a la gente más vulnerable, pero cuando se ataca el fuego con fuego, este no se apaga.

Aún hay mucho que luchar para que el extremismo de todo tipo se acabe, y esa lucha incluye concientizar en la libertad de expresión, en las limitaciones que tiene, y también lograr entender que el hecho que una persona tenga una inclinación política de izquierda o de derecha, o una sexualidad determinada, o que se identifique con su género asignado al nacer o no, no implica que podamos criticarlo, y debemos respetar su posición y su opinión con tal de que no lastime a nadie más. La lucha por la igualdad va más allá de denunciar los errores ajenos, y debe ser también un ejercicio de catarsis, donde nos demos cuenta de nuestros propios errores y fallas, analizando las formas en las que podríamos estar lastimando a los demás o a nosotros mismos. Sólo entonces, podremos tomar el camino correcto para luchar a por los derechos humanos.


Referencias:

1.- https://www.urbandictionary.com/define.php?term=social%20justice%20warrior

2.- https://medium.com/indian-thoughts/on-leaving-the-sjw-cult-and-finding-myself-1a6769b2f1ff

3.- https://news.vice.com/story/extremism-experts-are-starting-to-worry-about-the-left

4.- https://www.huffingtonpost.com/hugo-muellervogg/germany-faces-extremism-from-the-left_b_10946174.html


Imagen: http://www.abc.net.au/reslib/201706/r1716425_26746302.jpg

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