Hablemos un poco de tolerancia

Por José Alfonso Castillo Martínez

Los períodos electorales siempre me traen muchos pensamientos a la mente, no hablaré ahora de política, sino del comportamiento que tenemos al estar pasando por un período electoral nacional como es el caso de México. Uno de estos comportamientos que me llaman más la atención es la tolerancia, ya de por sí siento que este es uno de los valores que más se han tergiversado en los últimos años.

Hay un dicho o una “regla” que tenemos arraigada en la sociedad mexicana, esta va más o menos así, en reuniones no se habla de religión, fútbol o política. Es claro y respetable que cada persona tenga su propia opinión o preferencia hacia cada uno de estos temas, después de todo es parte de los principios de libertad y de libre opción poder hacer esto, sin embargo, considero que esta regla se va más a que cuando tenemos diferentes opiniones a los demás nos hemos caracterizado por no ser muy tolerantes con las opiniones de los demás.

Hasta ahora he mencionado bastantes veces la palabra, pero ¿sabemos definirla? ¿somos en realidad tolerantes? No quiero parecer tan pesimista, pero es evidente que en realidad no somos tolerantes como tal, de acuerdo a la Declaración de Principios sobre la Tolerancia de la UNESCO en su primer artículo declara:

“La tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y medios de ser humanos. La fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. La tolerancia consiste en la armonía en la diferencia. No sólo es un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. La tolerancia, la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz”.

En esta quiero destacar los enunciados que me fueron útiles para este artículo de opinión: actitud de apertura y la armonía en la diferencia. Últimamente he percibido que la actitud de apertura se ha desvanecido, en la cuestión de opiniones políticas en donde se he notado más este fenómeno, si pronunciamos un comentario o crítica negativa referente a alguna figura política eso automáticamente nos convierte en partidario de su opositor, o, si enunciamos un comentario o crítica positiva hacia esa misma figura política eso nos vuelve en su fiel borrego.

Si queremos ver este comportamiento basta abrir cualquiera red social, buscar una publicación que hablé de cualquier candidato, que tenga un rastro de política en él y podremos apreciar cómo es que la gente se ataca por redes sociales defendiendo o atacando opiniones, es deleznable que en la mayoría sean ataques que conllevan palabras altisonantes insultando a una persona que ni siquiera conocer y lo peor también en mi opinión haciendo corajes por estar, de igual forma, peleando con alguien a quien no conocen.

Son muchas las palabras que se usan de forma despectiva que se utilizan para descalificar a quien piensa de forma distinta a nosotros cuando hablamos de política: chairo, agachón, vende patrias, miembro de la mafia del poder, zombie, entre otras con las cuales en lugar de debatir y retroalimentar nuestros puntos de vista solo las usamos para insultar a los demás individuos.

Quise centrarme en el tema político debido a la presente época electoral en la que estamos viviendo, no obstante, no es el único tema en que nos enfrentamos en nuestras opiniones, son diversos los aspectos en los que es evidente la falta de tolerancia hacia las opiniones ajenas.

Esto ha tenido como consecuencia que el tejido social se esté fragmentando, cada vez es más notorio como nuestra sociedad se está enfrentando en una guerra ideológica en la que ninguno de los bandos quiere ceder, parece incluso que los líderes políticos no hacen nada respecto a esto, sino que contribuyen a que esta brecha social sea más amplia, pudiera pensarse que incluso están promoviendo el fanatismo hacia sus figuras, y me refiero a los dirigentes de los grandes partidos, todos, no un caso aislado.

Nos falta tolerancia hacia las opiniones ajenas, pero a la vez tenemos exceso de tolerancia hacia muchos aspectos negativos de nuestra sociedad, las mordidas, moches, impunidad, crimen organizado, feminicidio, racismo, explotación laboral, entre muchas más, aspectos negativos que tristemente se han normalizado, se han convertido en algo “común” y son muy pocos los que hacen algo al respecto.

En una sociedad en la que cada vez es más notoria la fragmentación se presentan día a día argumentos, ideas, y formas de pensar entre distintos grupos que van aumentando esta ruptura social. En lo personal respeto las distintas formas de pensar de la gente, incluso me gusta debatir y exponer mis ideas, conocer las ideas de los demás siempre y cuando sea en un ambiente de mutuo respeto sin caer en agresiones.

Tenemos que reaprender a tolerar, saber que en qué debemos ser tolerantes y en que no, saber aceptar las diferencias y tener una actitud de apertura hacia las opiniones ajenas, del mismo modo hay ciertas cosas a las que no debemos aceptar en este caso los aspectos negativos de la sociedad que se han vuelto comunes y tendemos a hacerlos “porque los demás también lo hacen”. Vale la pena cambiar eso dentro de nosotros mismos y contribuir para que la sociedad en conjunto pueda mejorar.


Imagen: https://www.ipastor.com.au/shut-up-bigot-the-intolerance-of-tolerance/

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