Guerra y paz

Por Brandon Ramírez

 

La detención de uno de los presuntos autores intelectuales de los atentados de París de hace unos meses, así como los atentados en Turquía, y la violencia que sigue estando vinculada al conflicto con ISIS, nos muestran que, aunque hay quienes afirmaban hace un par de años que vivimos uno de los momentos más pacíficos en la historia de la humanidad, la guerra sigue siendo parte del día a día de nuestro mundo.

A pesar de que la guerra podría considerarse la expresión más extrema de la violencia humana, pues incluye el acabar con la vida de muchos, y que bien dice la sabiduría popular que en ésta ‘todo se vale’, lo cierto es que con el tiempo se han hecho distintos esfuerzos por reducir sus consecuencias.

El que es considerado el primer tratado internacional sobre la materia, data del siglo XVII, que buscaba sentar las bases de lo que sería ‘una guerra justa’. Ya en el siglo XIX, se creó la Convención para proteger a los heridos y los enfermos en los combates o Convenciones de Ginebra, que constituyen una serie de normas internacionales para humanizar la guerra, incluyendo algunas propuestas de Henri Dunant, creador de la Cruz Roja, ésta se aplicaría en caso de cualquier conflicto armado, y se indica que toda persona que no participe en el conflicto será tratada con humanidad y se prohíben los atentados contra la vida e integridad física.

En la segunda mitad del siglo XIX tenemos la prohibición del uso de proyectiles, en 1868 y la prohibición de gases asfixiantes, en 1899. La primera prohibía el uso de proyectiles de menos de 400 gramos que explotaran con sustancias combustibles, ya que para eso podrían usarse una bala ordinaria, sin necesidad de otras sustancias. La segunda, contempla las declaraciones de guerra, la aceptación de la rendición militar y el tratamiento de los prisioneros de guerra, así como la prohibición de ciertas armas, que pueden causar un sufrimiento innecesario. En el mismo sentido estaría el Protocolo del uso de gases asfixiantes de 1925.

Está de más de decir, que muchos de estos protocolos se han violado sistemáticamente, y en mayor medida durante la Segunda Guerra Mundial y conflictos subsecuentes. Como ejemplo podemos tener el bombardeo alemán a Guernica, o el uso de napalm durante la guerra de Vietnam. Mención aparte tiene el armamento nuclear. En gran medida, el uso de aviones, como innovación en la práctica de la guerra, magnificó el impacto de algunas armas, y alejó a los saldados del campo de batalla. Los soldados que deben matar a otro de frente, irremediablemente deben experimentar un conflicto ético que justifican ante sí con el fin mismo de la guerra y la dicotomía ‘tu vida o la mía’. En estos nuevos ataques esto se sobrepasa, el piloto podría pasar su vida sin saber a cuántos asesinó su bombardeo, a menos que sea informado tras estimaciones o cálculos.

Es cierto que con la adopción de la democracia muchos países han dejado los conflictos con otros, como es al interior de Europa, protagonistas de guerras al interior de su continente durante siglos. Se dice que ninguna democracia va a la guerra con otra (al menos en lo personal, y mientras escribo estas líneas, no se me ocurre un ejemplo que demuestre lo contrario), y con la creación de la Organización de las Naciones Unidas, y la aceptación y defensa de los derechos humanos ya no sólo como discurso, sino como una práctica más o menos extendida, no se ha repetido un acontecimiento como las detonaciones nucleares en 1945.

Sin embargo, todo lo hasta aquí relatado es en buena medida solamente historia occidental. Y aun en países como el nuestro, leemos con cierta regularidad en los periódicos sobre asesinatos, matanzas, desapariciones, personas desmembradas o conflictos entre distintos grupos armados. Lo mismo que en otros países sudamericanos y, en un contexto distinto, en oriente medio y Europa del este.

Cuando la OTAN o coaliciones internacionales interviene en conflictos bélicos, como los que se han provocado alrededor de ISIS, suelen hacerlo en su mayoría a través de bombardeos aéreos, orientados por drones (que deben garantizar que los objetivos son militares y no civiles). Los soldados no suelen ser los mayores protagonistas, sino los cada vez más sofisticados vehículos que son operados a kilómetros de distancia. Sin embargo, aún nos encontramos con atentados como los ocurridos en París o Turquía, de persona a persona que, contra todo acuerdo sobre la guerra justa, buscan causar terror y conllevan la muerte de civiles muchas veces ajenos al conflicto. Probablemente pocos de nosotros aceptaríamos una misión que involucre el asesinato de otra persona, y con mayor razón si eso significa nuestra propia muerte. También es cierto que quienes hacen eso suelen ser la minoría de una cultura distinta a la nuestra, y que quizá no podemos comprender.

La idea la paz mundial es quizá un cliché muy extendido, y a corto y mediano plazo irrealizable. Quizá está en nuestra naturaleza, como lo es de algunas especies animales que, defendiéndose de otros, se asesinan para sobrevivir. A lo largo de los siglos hemos supuesto que lo que nos diferencia de otras especies es el raciocinio, y siendo así, la guerra, que puede ser un acto irracional en tanto es la exaltación de emociones violentas, debería ser en algún momento ajena a nosotros… o por lo menos una actividad menos perjudicial, como todos los tratados que buscan regularla han intentado.

Y estamos es ese punto: por un lado, un conjunto de tratados y convenciones que han buscado hacer más ‘humanitaria’ la guerra, respetando cierto tipo de reglas para reducir los daños propios y del enemigo, y dando más importancia a naves no tripuladas que alejan a algunos soldados del campo de batalla. Por otro, tenemos aún brotes más violentos, vinculados al terrorismo y a conflictos delincuenciales como el narcotráfico, que implican misiones suicidas en que el objetivo es generar pánico y matar a otras personas, las más de las veces ajenas al conflicto. No podemos saber que pasará en los próximos siglos, pero mientras sigan existiendo organizaciones que promuevan la resolución diplomática de conflictos, y países decididos a cooperar, estaremos un poco más cerca de un periodo más pacífico de lo que en la historia de la humanidad.


Imagen de Jos Verhulst “Vejo”, tomada de: http://www.toonpool.com/cartoons/WAR%20AND%20PEACE…_36138

 

 

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