Fuerte por fuera, caótica por dentro

Por María Fosado

 

Últimamente las cosas andan mal, todo es confrontación. Como si cada día las personas encontraran un motivo o cualquier pretexto para echarte a perder la existencia.

Días en los que quisieras por un momento desaparecer, hacerte invisible para los demás, como si pudieras hacer que todos se olvidaran de ti por un instante o tal vez por un día, una semana, un mes o incluso un año.

Seguramente piensas que es tonto lo que estoy diciendo, que tal vez no sepa de lo que estoy hablando, que cómo me atrevería a querer desaparecer cuando quizá nunca me han hecho sentir invisible. Te equivocas, a veces he llegado a ser invisible sin siquiera proponérmelo. Podrás pensar que hay quienes quisieran pasar desapercibidos ante los demás y hay otros que sufren porque no son tomados en cuenta.

He estado en ambas situaciones, sé de lo que estoy hablando. Por momentos me he sentido tan pequeña ante los ojos de los demás, que eso me detiene a atreverme a hacer las cosas aun sabiendo que puedo hacerlas.

Y hay veces en las que yo misma me propongo pasar desapercibida ante algún grupo de personas simplemente porque no me siento preparada para ser el centro de atención.

Esas ganas de querer hacerte invisible pensando que así podrás parar todo eso que vives cada día, cada acontecimiento que te estremece hasta el alma y todo el caos que vives por dentro.

Ese caos que crees que nunca podrás parar, que te hace querer gritar, huir, llorar y también dejar de existir aunque sea por un solo momento.

Todo es consecuencia de algo. De repente te das cuenta que hay cosas en tu vida que no van bien y es cuando surgen pensamientos que te hacen cuestionarte cosas como “¿Qué está sucediendo?” “¿Qué hice mal?” “¿Por qué a mí?” sientes que tu mundo gira y gira, pero no contigo… ¡Paren el mundo, que yo me bajo aquí!

Recientemente yo me he sentido así, las cosas no andan bien, algo extraño o desconocido para mí viene, deshace mis planes y todo cambia.

Siempre he pensado en la filosofía de que la vida es como la rueda de la fortuna, a veces estás arriba y la vista es hermosa, pero después estás abajo y sientes que nunca podrás pararte del suelo.

Existen dos tipos de situaciones: las primeras cuando las cosas suceden porque son consecuencia de algo y las segundas, cuando las cosas suceden para aprender de ellas. A veces no sabemos por qué pasan las cosas de cierto modo hasta mucho tiempo después, cuando la vida se encarga de darte la respuesta a algo que antes no entendías, simplemente porque estás listo para saberlo.

Es decir, hay sucesos que cambian el curso de la vida porque hicimos algo (ya sea para bien o para mal) y se ha producido su consecuencia y, hay situaciones que cambian todo porque sucede algo inesperado que al principio pensamos que no lo merecíamos, pero que después de un tiempo entendemos por qué debieron suceder de ese modo.

Una vez, un profesor me dijo que si quería saber el porqué de lo que me estaba sucediendo en mi vida, tendría que preguntarme si yo era la causa o el efecto de dicha situación; y así encontraría una respuesta.

Soy demasiado sensible ante las cosas que suceden en el mundo, pero sobre todo en mi mundo, en la realidad que vivo. Me afectan demasiado porque si no estoy bien con los demás, tampoco lo estoy conmigo misma y viceversa.

Admiro a esas personas que pueden pasar las peores tormentas en su vida y aun así siguen sonriendo.

Creo que existe una gran diferencia entre las personas que fingen que todo es perfecto en su vida cuando en realidad están mal por dentro y no lo pueden ocultar. Simplemente te darás cuenta de este tipo de personas porque son las mismas que se quejan de todo en su vida, y después dicen que todo les va perfecto.Te das cuenta de esas personas que se la pasan fingiendo que son felices porque se ven falsas, son incongruentes en su actuar.

En cambio, las personas que sonríen a pesar de lo mal que lo pasan, son las más sinceras porque saben que lo que están pasando, terminará. Tienen fe en que de nuevo volverá la luz a su vida y estarán mejor de lo que estuvieron anteriormente.

Algunas personas somos como volcanes, siempre nos quedamos calladas ante las injusticias, jamás decimos nada, todo nos lo vamos guardando; pero llega un día en que no podemos con tanto que al final explotamos.

Soy de esas personas que ante los demás muestra una sonrisa, busco cualquier manera de distraerme de mis problemas, de olvidarme que las cosas no van bien en mi vida; pero por dentro sé que si me provocan llego a explotar, después de soportar tanto sentimiento que llevo dentro, me dan ganas de querer por un momento comenzar a ser invisible.

 

 


Imagen de: https://www.flickr.com/photos/liebe_gaby/

Comentarios

Comentarios