Examen del pueblo

Por Fernando Rocha

…porque sos pueblo te quiero…  –Mario Benedetti

Existen pueblos repudiados o ensalzados por pueblo, palabra variable verbalmente pero impositiva conceptualmente: imposición derivada de las atribuciones que infiere y variación producida por los valores particulares de quien la emplee. Empero, esta multiplicidad existe sólo pragmáticamente pues hay una unidad teórica: si existen disputas es porque existe un medio común: aquí es el concepto pueblo. Como palabra, pueblo es un medio al servicio de un fin, que concede protagonismo o antagonismo[1]; y como concepto, pueblo es un medio que autentica un fin. Por esta autenticación contienden los líderes[2] populares. De consiguiente, ¿qué supone esta autenticación?

Genealogía del pueblo

Un pueblo es un conjunto de asociados políticamente[3] y nace cuando deja de ser multitud, cuando abandona su pasividad y se vuelve un agente activo. Según las teorías contractualistas de Hobbes[4], de Locke[5] y de Rousseau[6], la primera obra del pueblo, al transformarse en Estado, es el gobierno, y aunque sus causas y fines varían conforme al filósofo[7], su establecimiento supone invariablemente una soberanía popular[8], es decir, antes de que se instaure la organización política ―y, por lo tanto, se lija un régimen político―, ya se está obrando democráticamente[9]: la comunidad política se establece mediante la voluntad de todos sus miembros, los cuales pactan para instaurar un juez común. Cuando el pueblo crea su gobierno, manifiesta que él es la voluntad primera: el pueblo es un príncipe (pues esta palabra significa, etimológicamente del latino princeps, “lo primero”). Entonces, si nace cuando manifiesta su voluntad como la primera, como la original, la multitud es aquella que no ha manifestado su voluntad, es sólo un conjunto de individuos que conviven debido a que no interactúan, por lo que no se juntan para expresar alguna voluntad o para crear algo.

Un pueblo es inherentemente político: si no lo es, o es una multitud ―quizá de individuos alienados por la economía― o es una comunidad ―de individuos que comparten valores―. Una multitud es mera vivencia paralela y no perpendicular, los individuos no se organizan para resolver un conflicto común, interno o externo, que atente contra todos (aunque, según las teorías contractualistas, el pueblo deviene Estado y crea al gobierno debido a un conflicto interno), donde la solución es manifestada como una voluntad conjunta. Pero el conflicto no es únicamente un estado de guerra hobbesiano y la solución no sólo es establecer una autoridad común, también lo es la subyugación o exclusión, donde la solución es la emancipación e inclusión. Los pueblos son naturalmente excluyentes y accidentalmente pueden ser excluidos[10], argumentándose mediante su identidad[11]: todo pueblo, como todo individuo, es por una negación radical: es cuando no es aquello. Esta identidad históricamente ha ejemplificado a los pueblos con respecto a la raza, la nacionalidad y la clase social. Sieyès, en ¿Qué es el Tercer Estado?, expone la exclusión de un pueblo por otro pueblo en el ejercicio de las funciones públicas, distinguiendo a estos dos pueblos por los elementos que debieran hacerlos comunes: los derechos; los nobles son privilegiados[12] al poseer o ejercer distintamente sus derechos; asimismo, al definir Sieyès nación como un “un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y están representados por la misma legislatura”, destierra teóricamente a los nobles pues no comparten lo común al ser excepcionales. Debido a esto, afirma que el Tercer Estado es todo ―porque o es la verdadera nación o posee todo para formar una― pero que no es nada ―porque es excluido por los privilegiados y no es verdaderamente representado en los Estados Generales―, por lo que pide ser algo ―una verdadera representación en los Estados generales y una influencia igual a la de los privilegiados; o sea, igualdad―.

Por consiguiente, el pueblo se manifiesta como la voluntad primera, originaria ―por fundar su gobierno[13]―, y está aglutinada su identidad conforme a la presencia de algo ajeno y adverso a él. Lo exterior le hace reunirse y declara su voluntad como prístina para establecer la primacía de su valor ―al ser la principal, lo demás es considerado secundario, sucedáneo por lo que esto vale menos que ella―. No obstante, ¿qué acontece cuando voluntad del pueblo sea la de mayor valor al ser la original?

Su libertad[14]

Si la soberanía[15] ―no considerándola ahora como elemento distribuido conforme a un régimen político sino como un poder que emergió colectivamente― deviene por ser la voluntad del pueblo la principal, ¿qué puede hacer éste con ella, ya por sí mismo o mediante un delegado? ¡Todo!, ya mediante una revolución, ya por su gobierno, ya por sus normas, debido a que sus proposiciones son axiomas al considerarse verdaderas[16] y justas, aun cuando no lo sean.

Si Rousseau escribió que el soberano es siempre lo que “debe ser” y que la voluntad es siempre “recta” y tiende a la utilidad pública, pero que las deliberaciones del pueblo sí pueden errar porque, aun cuando éste desee su bien, no siempre sabrá cuál es, por lo que no puede corrompérsele, pero sí engañársele, se debe a que lo importante es que los beneficios correspondan al pueblo, a su interés común, sin considerar lo ajeno a él. Es decir, el pueblo, como toda sociedad, crea su realidad[17], pero, por ser una asociación política que genera un gobierno, se dota de los instrumentos que no sólo exponen su cosmovisión sino que la justifican: normas para declararla y organizaciones para ejecutarla y garantizarla: al gobernarse a sí, también pretende gobernar lo exterior a él. Esto es semejante al derecho natural descrito por Hobbes y a lo imaginado por Sócrates: que se obra mal no por voluntad sino por ignorar el bien. Que todo pueblo, fundamentándose en ser la voluntad principal, tiene derecho a su preservación, y que si su voluntad yerra es porque no conoce cuál es su bien ―que, más allá de lo que le sea útil, sería lo benéfico para él y para su exterior, lo justo―. De consiguiente, toda soberanía es arbitraria porque el beneficio a su autor y titular le es inherente; soberanía que representa la cosmovisión[18] de un pueblo, lo que es verdad para él. Entonces, como existen múltiples pueblos, existen diversas cosmovisiones, todas son correctas porque todas se fundamentan en sus autores, pero ¿cuál sí es justa? Quizá sea insondable, mas lo que sí es viable concebir para evitar jerarquizar pueblos es que, como escribió Descartes en su Discurso del método, la diversidad de opiniones se debe no a que a unos individuos estén dotados diferentemente de razón sino a que todos poseen la misma y la emplean distintamente.

Si se imagina que el pueblo, al ser poseedor de la soberanía por ser su creador, es cualitativa y facultativamente libre ―que no existe algo superior a él y, por lo tanto, que no existe ningún obstáculo para él―, entonces él es el perpetuo poder constituyente y reformador de la comunidad política: reforma la Constitución escrita porque tiene derecho a perfeccionarla y darse la mejor y más conveniente, asimismo tiene derecho a abolir la Constitución escrita ―incluso su gobierno y a deshacerse Estado―; porque el pueblo tiene derecho a modificar sus decisiones ―pues está adicionando o sustituyendo o suprimiendo aquellas cuando fue poder constituyente― porque son suyas y porque él decide cómo vivir; ejerce su soberanía siempre para sí. Esta libertad infiere que no puede organizarse como lo intentaron las Constituciones escritas derivadas de las Revoluciones Inglesa y Norteamericana y de las Revoluciones Francesa y Rusa, porque el poder constituyente es la potencia del pueblo[19] ―su facultad de inventar― y no puede normarse ni predecirse, no es posible controlarlo porque el pueblo también es una aglutinación de pasiones, de fuerzas, de libertades.

Cuando el pueblo actúa, su fin es recrear la realidad ―al influir con la suya―. La recrea cuando se exhibe para presentar su voluntad, por ejemplo: sus demandas, sus necesidades de supervivencia o de dignificación de la vida[20], porque presenta dialécticamente su singularidad oculta. Esta singularidad, este universo simbólico cassireriano es valioso sólo por su diferencia; Arendt, a nivel individual, defendió esta diversidad de cosmovisiones en ¿Qué es la política?, pero la distinción entre el individuo y el pueblo son sus condiciones de posibilidad.

El valor de un pueblo o de un individuo es reconocido internacionalmente: La Responsabilidad de Proteger (R2P) de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados de 2005, considerando el concepto seguridad humana maximalista[21], expresa que es función primigenia del Estado garantizar las condiciones de una vida digna a sus ciudadanos, por lo que el incumplimiento de esta responsabilidad justifica ―como última alternativa y con prioridad hacia la prevención y reconstrucción post-conflicto― la intervención de la comunidad internacional mediante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, convirtiendo así la autoridad de un gobierno en derecho ―¡el derecho a que el pueblo le confiera sus derechos!―. De consiguiente, la preservación de un individuo o de un pueblo, cuando no es garantizada o es amenazada por su mismo Estado o gobierno, respectivamente, comienza a ser lo suficientemente valiosa para que la “comunidad internacional” influya sobre lo interno; es decir, el fin es cuidar la soberanía del pueblo, proteger a la voluntad principal[22].

Empero, ¿esta influencia internacional es benéfica? La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y la globalización resultaron ineludibles, lo primero mermó el monopolio estatal de la producción normativa por ser un ordenamiento supraestatal, mientras que lo segundo minoró las fronteras, por lo que el gobierno del pueblo ―instrumento de su voluntad―, ya no es libre para ejercer su encomienda. Empero, si el gobierno es un medio para ejecutar y garantizar la voluntad popular, ¿no es absurdo que realice lo contrario, lo cual aparenta que el pueblo actúa contra sí mismo, violando así la ley natural hobbesiana[23]? Más allá de la separación de lo teórico con lo pragmático, la respuesta es la disociación del pueblo con el gobierno.


Bibliografía

Badiou, Butler, y Khiari. (2014). “Veinticuatro notas sobre los usos de la palabra ‘pueblo’”, “‘Nosotros, el pueblo’. Apuntes sobre la libertad de reunión”, y “El pueblo y el tercer pueblo” en ¿Qué es un pueblo? Argentina: Eterna Cadencia.

Hobbes, T. (2011). Leviatán. España: Gredos.

Locke, J. (2011). Segundo tratado sobre el gobierno. España: Gredos.

Negri, A. (2015). El poder constituyente. España: Traficante de sueños.

Rousseau, J. (2011). Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. El contrato social. (Tomo I). España: Gredos.

Rosas, C. (2011). La seguridad por otros medios. México: UNAM.

Sieyès, J. (1993). “Ensayo sobre los privilegios” y “¿Qué es el Tercer Estado?” en Escritos políticos de Sièyes. México: FCE.

[1] Butler, cuando en “‘Nosotros, el pueblo’. Apuntes sobre la libertad de reunión” escribe que la soberanía popular consiste en instituir el pueblo mediante un acto de autodesignación, concibe pueblo no semánticamente sino verbalmente ―al considerarlo un vocablo performativo―: el empleo de la palabra pueblo instituye un pueblo, pero lo instituye al atribuirle las cualidades y facultades que devienen del concepto pueblo.

[2] Su liderazgo ya es auténtico (como expresó Weber en El político, puede ser por carisma, por costumbre o por legalidad) pero su fin todavía no, autenticación que simultáneamente relega a la oposición.

[3] Como escribió Sieyès en ¿Qué es el Tercer Estado?: basta la querencia para ser una nación para serla.

[4] En el Capítulo 17 de Leviatán, donde los hombres crean, mediante autorización a gobernarse a sí mismos, al Estado para su seguridad particular.

[5] En los parágrafos §87, §95 y §96 del Segundo tratado sobre el gobierno, donde los hombres ceden a un árbitro sus derechos de juzgar y castigar.

[7] Aunque ni Hobbes ni Locke ni Rousseau concibieron un pueblo anterior al pacto social, yo lo nomino así porque, paralelamente al pacto, surge el pueblo debido a su actividad, en contraste con su inactividad cuando fue sólo multitud.

[8] Aunque los conceptos Estado, soberanía y pueblo sean modernos, histórica e implícitamente siempre han existido. No obstante, la idea de una soberanía popular constitucional comienza con la teoría rousseauniana, antecedida por la fundamentación hobbesiana de la soberanía, a la cual le es anterior la aparición bodiniana de soberanía, según Fioravanti en Constitución.

[9] La democracia, más que un régimen político donde la soberanía resida en el pueblo, quizá sea la primera o la única forma de convivencia humana.

[10] vid. Badiou, “Veinticuatro notas sobre los usos de la palabra ‘pueblo’”, p. 18, 19.

[11] Sadri Khiari, en “El pueblo y el tercer pueblo”, considera que se constituye con características que sólo se concentran cuando se distinguen de algo ajeno y hostil al pueblo, cuando la identidad es dinámica.

[12] En su Ensayo sobre los privilegios, declara que el fin del privilegio es dispensar de la ley o conferir un derecho exclusivo.

[13] Las atribuciones que están siendo examinadas corresponden a pueblo como concepto, de las cuales se apropia pueblo como palabra. Estas atribuciones emanan de un pueblo como voluntad primera por ser fundador de su gobierno, por lo que quien se autodesigna verbalmente como pueblo, se está autodesignando como sucesor de aquel pueblo fundador, lo que le concedería las atribuciones de éste. De consiguiente, puede objetarse que descubrir quién es verdadera y genéticamente sucesor de ese pueblo para solucionar conflictos, es algo insondable; es por ello que este escrito versa sobre las implicaciones de pueblo como concepto y no como mera palabra; no versa sobre métodos para verificar o refutar una auto designación como pueblo.

[14] Considerando libertad como lo hizo Hobbes (Capítulo 21): ausencia de obstáculo, donde ser libre es realizar voluntariamente aquello que es posible. O, sencillamente, como Montesquieu lo hizo en El espíritu de las leyes, el ejercicio de la voluntad (Libro XI).

[15] Caracterizada, en Los seis libros de la república de Bodin, por ser el atributo de poder dar leyes a todos en general y a cada uno en particular sin consentimiento de un superior, igual o inferior. Y, en El contrato social, definida como el ejercicio de la voluntad general (Libro II).

[16] vid. Buttler, p. 55.

[17] Berger y Luckman, en La construcción social de la realidad, escriben que la realidad se construye socialmente, que es un fundamento objetivo colectivo para las interpretaciones subjetivas individuales que se hacen de ella, al volverse verdades ciertos conocimientos. Posteriormente Foucault, en su lección inaugural en el Collège de France en 1970, manifiesta que la realidad social está construida por discursos que fungen como verdades para los individuos, logrando así su reproducción y, por lo tanto, consolidación; que el poder es flujo de estos discursos.

[18] Cuando el hombre se presenta al mundo, lo observa y, con base en esa visión, confrontará al mundo, es decir, la cosmovisión determina la acción del hombre en el mundo. Y toda idea es proposición y propuesta de cosmovisión, todo discurso es un conjunto de ideas argumentadas, y toda verdad es un discurso convincente y todo poder es una verdad ejecutada, por lo que todo poder es la ejecución de una cosmovisión. Y lo que sucede individualmente, también ocurre colectivamente.

[19] vid. Negri, pp. 396-399.

[20] vid. Buttler, pp. 59-62.

[21] Aparecido por vez primera en 2004 en el Informe sobre desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), concibiendo al individuo y ya no al Estado como la consideración principal para la seguridad nacional. Existen dos perspectivas y limitaciones de la seguridad antropocéntrica: la minimalista ―que advierte factores generadores de violencia― y la maximalista ―que valora una libertad de temor, una libertad de necesidad y una libertad al desarrollo-dignidad humano.

[22] Para ello, los internacionalistas han inventado, derivados de seguridad humana, conceptos como seguridad alimentaria, seguridad ambiental, seguridad económica, seguridad sanitaria, seguridad política, seguridad personal, seguridad comunitaria y demás.

[23] Correspondiente con el derecho natural, es descubierto mediante la razón y prohíbe la destrucción de la vida propia o los medios necesarios para su conservación.

 

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