Estudiar (o no) un posgrado

Por Ale Sánchez

Estás por terminar la licenciatura o quizá ya la terminaste hace tiempo, el caso es que estás pensando en seguir estudiando, quizá para aprovechar la modalidad de titulación por maestría y así matar dos pájaros de un tiro; o tal vez el mercado laboral aparece muy empobrecido y a la vez exigente en la actualidad. ¿O acaso eres de esas personas que simplemente buscan saber más?

Puede haber decenas de razones por las que una persona se plantee la posibilidad de estudiar un posgrado, pero hay que entender que las cosas pueden diferir de lo que nos imaginamos al respecto. Es por eso que aquí presentamos algunos puntos a considerar.

1.- Define tus motivos: titulación, crecimiento profesional (ascensos, mejor sueldo), viajes internacionales (existe esta oportunidad, mas no sin sus “detallitos”), convertirte en investigador.

¿Por qué es importante?

Porque dependiendo del motivo podrás valorar si te conviene o no dar ese importante paso. Además, querrás que el programa que elijas se adapte bien a lo que buscas. Por ejemplo, si solamente lo requieres para que te concedan ese ascenso que ya te prometieron, quizá desees un programa en línea (o sea, pocas horas y nada de viajar). O si lo que buscas es convertirte en investigador, lo más probable es que debas entrar a un programa presencial de tiempo completo. Y si el motivo es que quieres irte de casa, cambiar de aires o matar el tiempo, piénsalo dos veces, podría no ser la alternativa que buscas.

2.- Reconoce tus recursos y limitantes

Estudiar un posgrado generalmente implica una inversión, misma que puede variar desde “sólo gastos administrativos” (exámenes, certificados, fotos, etc.) hasta cuestiones como colegiatura, manutención, seguros, transporte aéreo, etc., dependiendo también del tipo de posgrado que busques. Es cierto que existen becas (también créditos, pero son quizá menos recomendables) y que algunas de ellas cubren casi todos los gastos, pero incluso iniciar un proceso de solicitud de beca requiere una inversión mínima para cubrir todos los requisitos de conocimientos, grados académicos, entre otros. Ante todo, pregunta e infórmate con anticipación, y si es el caso, comienza a ahorrar.

Dato a considerar: las becas nacionales (CONACyT) entregan los recursos meses después de iniciado el programa, aunque a su vez exigen dedicación de tiempo completo, por lo que deberás tener un “colchoncito” que te permita sufragar todos los gastos mientras llega la beca.

En el caso de becas internacionales, hay que considerar que por lo regular los gastos de pasaporte, visa, certificación de idioma, apostilla y traducción de documentos, corren por cuenta del aspirante. Y cuando la beca es solamente parcial, puede dejar a cargo del estudiante los gastos de seguro de vida (obligatorio), transporte aéreo, e inclusive parte de la manutención. Por otra parte, son pocos los programas de posgrado en el extranjero que contemplan la posibilidad de permitir que el estudiante trabaje algunas horas a la semana –usualmente dentro de la misma universidad-.

3.- Evalúa tu plan de vida

¿Cómo te ves en cinco o diez años? Cualquiera que sea tu plan, tómalo en cuenta antes de decidirte por un posgrado. Una maestría dura por lo general 2 años (salvo algunos programas intensivos como los de Reino Unido) -sin contar la preparación, como cursos propedéuticos, idiomas, periodos de entrevistas…-, mismos que requerirán concentración, tiempo, energías y disposición. Claro, siempre hay imprevistos y también se vale cambiar de opinión a medio posgrado, pero es más fácil si trazas un plan desde el principio.

¿Por qué es importante?

Porque puede ser un proceso arduo y demandante en el que requieras el apoyo de las personas que te rodean, además de que tu dinámica diaria podría cambiar y esto se reflejaría en tu relación con tu familia, pareja, amistades, en especial si tu elección implica un cambio de residencia u otra modificación relevante. No se trata de pedirles permiso, sino de considerarlos y llegar a acuerdos.

Habiendo tocado estos puntos básicos, aquí te van unos cuantos consejos:

a) Sinceridad con uno mismo: llevas muchos años en la escuela, así que debes responderte con objetividad si de verdad quieres seguir en las aulas y los libros o no. Profesores, tareas, lecturas, muuuucho uso de la computadora. Además, los programas presenciales de tiempo completo pueden ser bastante exigentes y en consecuencia estresantes. En este punto debes preguntarte: “¿esto es lo que quiero?”.

b) Elegir con cuidado: busca el programa que mejor se adapte a tu tiempo (el que piensas dedicarle), tu presupuesto, tu objetivo, tus gustos e intereses. Asegúrate también de que se trate de un programa certificado, con validez oficial y de alta calidad. También que te sirva realmente: qué mejor que tomar aquel programa que te permita colocarte mejor en el mundo laboral y percibir un mejor sueldo; uno que te provea de esos conocimientos que aún te faltan para cubrir un perfil de alto nivel. Aprender por aprender es muy bueno, pero hacerlo con un beneficio en la mira es todavía más satisfactorio.

c) Preparar con anticipación: los programas de posgrado solicitan generalmente certificados de idiomas oficiales y recientes, documentos en regla, incluso proyectos de tesis ya armados, referencias académicas, comprobantes laborales, traducciones y apostillas de documentos. En el caso de los posgrados en México ofrecidos por universidades públicas, se solicita un examen que aplica el CENEVAL. Todo esto puede llevarte desde 3 meses hasta un año (además de algunos pagos). También debes compaginar esto con los tiempos de las convocatorias tanto de los posgrados como de las becas, si piensas aplicar a estas últimas.


Ligas de interés:

https://www.conacyt.gob.mx

http://lumni.net/

http://www.europosgrados.org/euromex/


Imagen: https://www.postgrad.com/fees_and_funding/funding/sources_of_funding_overview/

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