Estimulación textual (Parte II)

Por Guillermo Alvarado

Aidé y yo comenzamos a salir. Pero no exactamente como pareja, éramos cómo amigos íntimos, si bien procurábamos un coqueteo constante tratábamos de mantener un perfil bajo en cuanto a nuestras necesidades, o quizás así lo entendía yo,  no lo planeamos pero lo nuestro era un romance intelectual, ella era aun mas interesante y cautivante de lo que creía, físicamente me atraía bastante, pero mis urgencias sexuales podían desviarse o controlarse mediante otras actividades, ella si bien no demostraba atracción sexual directa hacia mi, en algunos momentos logre detectar algunas reacciones propias de la libido cuando hablábamos de cerca o nuestras manos o piernas se rozaban, era algo que sentía pese a que no fuera explicito.

Compartíamos libros y películas, a veces podíamos verlas juntos en su casa, donde solo vivía ella con su madre, a veces nos citábamos en la cineteca y disfrutábamos del las excentricidades de la pantalla grande y el sonido envolvente. Visitábamos la vieja librería y buscábamos títulos que recomendarnos, nos reseñábamos novelas y ensayos y nos debatíamos, me gustaba que tuviéramos una perspectiva comparativa pero no igual, éramos similares con muchas diferencias, pero sea cómo fuera, llegábamos a algún acuerdo, a algún punto medio, o bien llegar a estar de acuerdo en el desacuerdo.

La primera vez que tuvimos un contacto mas cercano, fue en su casa, si bien para entonces nos habíamos besado varias veces, parecía ser algo natural, dos personas que se entienden, que se procuran, se piensan y se aman, besos los había de diferentes tipos, a veces mas profundos y húmedos, a veces en publico sinceros y breves, cómo si fueran un recordatorio de la relación no tacita entre los dos.

Esa tarde estábamos en su casa, dejamos aparte las películas, habíamos visto varias en las ultimas dos semanas y optamos por reintroducirnos en el universo de la música, por su recamara bien organizada, navegaba un aroma a palomitas de maíz, que aunque sabia que no veríamos película decidí igualmente llevar algo de botana, estábamos recostados en su cama, solos, casi siempre solos, en estos cinco meses que comenzamos a salir solo había visto a su madre dos veces, una allí mismo en su casa, donde me presento por mi nombre y ningún titulo extra y en otra ocasión cuando nos despedíamos en la puerta de su edificio. Su cama era suave, muy suave, casi podía sentirme caer y atravesarla para pasar a otro mundo, otra dimensión donde todo es mullido y esponjoso. Recostados casi pegados el uno al otro, respirábamos el aroma a mantequilla y la humedad de sus libros en sus dos repisas llenas de tomos de todas los tamaños y temas. Se escuchaba el Preludio a la siesta de un fauno, yo no había escuchado a detalle la música de cámara o clásica, pero junto a ella, con ella, lograba conmoverme y querer saber mas, entender o divagar, encontrar un pensamiento propio y darle seguimiento, desenvolverlo, el disco era de ella, la fantasía era nuestra.

Aidé: ¿Te gusta?

Yo: …si…

Aidé: ¿De verdad? Esta bien si no te gusta. Si quieres escuchamos algo mas.

Yo: no, de verdad me gusta, lo estoy disfrutando.

Aidé: Esta bien…cerremos los ojos.

No respondí, obedecí al instante y ella lo sabia, sabia el control que ejercía en mi, sabia cuan enamorado de ella estaba, y aun así, no decíamos nada al respecto, quizás era solo algo pasajero para ella, pero algo en mi confiaba que no era así, que ella sentía lo mismo que yo por ella, pero algo intervenía. Sentí sus manos rosando mi cara y mi pecho, pronto sus brazos y sus piernas me rodeaban, yo quise responder con caricias también, posiblemente algo mas sexual, pero algo en su cuerpo me hizo desistir, ella se detuvo unos momentos, decidí mantener mis ojos cerrados y dejarme guiar por ella, dejar que todo siguiera su curso, nos besamos despacio, pero cómo una marea, el ritmo fue subiendo, su sabor, sus labios tersos, su color exacto, incluso en la penumbra la veía, la veía de tantas formas. Sus manos llegaron a mi cintura y bajaron aun mas, acaricio por un momento mi pene, que por entonces estaba ya muy firme, pero no continuo allí por mas tiempo, mis manos lograron posarse en sus hombros y torpe y rápidamente llegaron a sus senos, para alguien exigente serian breves, ella lo había admitido en una de nuestras charlas, -ellos los prefieren grandes, pero estoy cómoda con lo que soy y cómo soy…- me había dicho, y para mi eran bellos, hermosos, a pesar de que no los veía, los registraba en mi mente, con la yema de mis dedos, cada forma, cada curva, cada cambio de textura, la cama se inundo de nuestros aromas, el de ella prevalecía claro, era el ambiente ideal, acerque mis labios a su cuello, ella lo permitió, busque bajar mas mis labios, ella lo concedió, allí decidí quedarme, navegue su cuerpo con mis manos y me limite a alternan mis caricias en sus senos y un poco bajo su cintura, apenas rozando su cadera y el borde de sus nalgas, los besos continuaban y amainaban, la firmeza dentro de mis pantalones seguía, su respiración agitada, nuestros gemidos a coro acompañando la música de Debussy que continuaba con alguna otra pieza que no logre identificar, ella se monto sobre mi y en ese instante la excitación fue tanta que no logre contenerme, abrí los ojos, a ella la cubría un velo de luces que se colaban de la ventana por las cortinas, era hermosa, el ser vivo mas bello que he visto, deseándome, su boca ligeramente abierta, sus senos firmes moviéndose en un vaivén sobre mi, le tome de las cadera y la fricción final, me hizo acabar, mi pantalón se humedeció al acto, ella sonreía, me veía con lascivia, estaba contenta, aunque no se y no creo estuviera satisfecha, pero para un primer acercamiento, no estaba mal.

Se recostó junto a mi, nos miramos sin decir palabra, escuchando la respiración del otro, cómo el viento después de la tormenta, ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio, era un duelo al estilo del far west, al final el sonido del timbre de su casa, nos despertó del trance, era la pizza que habíamos ordenado, fui a recibirla pese a la mancha en mis pantalones, todo fuera de su cuarto parecía de otro tiempo, cómo si hubiera estado en su cuarto por décadas, me sentí como un viajero del tiempo, pague con ese dinero del pasado, a ese repartido primitivo que aun entregaba comida a la puerta de las casas, deje la pizza en la mesa y antes de que pudiera decir algo, ella salió de su recamara, con esa sonrisa picara y se encamino al comedor, algo note en mis pantalones, tenia humedecidos también pequeños restos de papel, posiblemente hojas de algún ticket de compra o algún folleto que había olvidado tirar, eran restos de papel con palabras cortadas y ligeramente húmedos, me sentí avergonzado y extrañado al mismo tiempo, pero su voz me trajo de vuelta al presente.

A: ¿Comemos?

Y: …comamos… -sacudí mi pantalón y al tratarse de algo sin importancia, no pensé tanto en ello, entonces la seguí.


Imagen: https://lh3.googleusercontent.com/NkpQxgT0Kgx8qM0VbhElYrhhLK9cWb72K10mS7ANApknGMeQBfs_SEWAtIJ4segITt_8VGE=s153

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