Estereotipos

Por Brandon Ramírez

Cada vez más la inequidad de género es un tema que se acepta como tal y que es atendido, en cierta medida. Producto de distintos frentes de las distintas vertientes del movimiento feminista, la lucha reivindicativa de las mujeres, como sexo, y de lo femenino, como género, han ganado espacios en la vida pública y en la cultura popular contemporánea.

Ya a nadie debe sorprender ver a las mujeres votando, o trabajando en prácticamente cualquier área del mundo laboral. Sin embargo, hace unas pocas décadas, esto era impensable, y como prejuicios, la imagen de la mujer estaba ligada al hogar en sus distintas facetas. Estos estereotipos, como sabemos, son transmitidos a los niños y niñas, siendo éstas quienes “deben” jugar con muñecos que simulan bebés, cocinas a escala en las cuales preparar alimentos, y prácticamente todo lo disponible vinculado al color rosa, como color representante de la feminidad.

Es cierto que estos estereotipos han ido degradándose, y ya no son tan rígidos en muchas zonas del mundo. Sin embargo, siguen estando presentes en miembros de nuestras sociedades. Como toda construcción social interiorizada, están alrededor de nosotros sin que nos percatemos hasta que tomas conciencia de ellos.

Precisamente los nuevos movimientos sociales, como se ha categorizado a cierto tipo de acción colectiva contemporánea, tienen como fin denunciar las desigualdades arraigadas dentro de los sistemas políticos, económicos y sociales, tienen como fin evidenciar esos patrones de comportamiento que evitan el pleno goce de derechos y capacidad de desarrollo de los ciudadanos. Los movimientos sociales “clásicos” buscaban transformaciones explícitas, promoviendo revoluciones y cambios en las estructuras de poder establecidas. Este otro tipo, tiene como fin en sí mismo solamente ser visto, y hacer evidente la necesidad de transformar las ideas de las personas. Por ejemplo, todas las manifestaciones masivas que recorren las calles con ningún otro fin que manifestar su descontento, o todas las realizadas por el movimiento LGBTTTI, que buscan normalizar los temas relativos a la diversidad social, los ambientalistas que buscan concienciar nos sobre el daño que hacemos al medio ambiente, o los derechos de los animales.

Es bien sabido que cambios culturales tan profundos no se logran en unos cuantos años, sino en décadas. Lo importante es que una vez identificado el problema que supone la inequidad promovida por los aún vigentes estereotipos de género, los opuestos, basados en la posibilidad de desarrollarse sin que el sexo o género con que se identifique a una persona sea un obstáculo, sean normalizados en nuestras sociedades, para que a las próximas generaciones obvien el hecho de que hombres y mujeres, personas vinculadas al género masculino o femenino puedan ejercer cualquier oficio que deseen, debe normalizarse.

El mundo del cine no ha escapado de esta lógica. El relanzamiento de Ghostbusters, con un equipo formado por mujeres, o de Star Wars dando el peso protagónico aun mujer lejos del estereotipo femenino y la trillada idea de la necesidad de ser rescatada o definida por un hombre, ayudan a normalizar el discurso de la equidad.

Otra esfera de la cultura popular donde estos cambios se han impulsado es en el de los cómics: cada vez más las casas editoriales internacionales han cambiado a quienes portan la identidad de sus héroes más emblemáticos, como Marvel con Spider-Man, Iron Man, Thor, etcétera, dando peso protagonista a mujeres o personas afrodescendientes, reivindicándolos fuera de su condición de grupos marginados. Si bien no es una novedad la inclusión de la diversidad en este mundo, si es nuevo que ahora que son más populares y con alcance mundial gracias a su éxito en el cine, tienen mayor proyección y trastoca a sus emblemas a través de las décadas.

Cada vez es más aceptada la idea de la imposibilidad de tratar todo lo social como algo heterogéneo; las ideas de la multiculturalidad, pluralidad y diversidad cultural se imponen sobre las ideas de un sólo modelo a seguir, el progreso y un camino único. En este sentido, es evidente que no sólo hay diferencias entre hombres y mujeres, en términos biológicos, o entre personas de distintas culturas o incluso entre vecinos y al interior de las familias, y partiendo de la aceptación de las diferencias, la idea de equidad supone un trato justo para todos, evitando que prejuicios sobre el sexo, raza o religión de una persona impidan que quien sea se desarrolle en el mundo profesional o social de la forma que prefiera, siendo más bien las aptitudes para hacerlo lo que determine el éxito o fracaso.


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