Estatus moral

Por Migue Téllez

Hace tiempo hablé del criterio de demarcación (CdD) de nuestro mundo moral, en el escrito Mundo moral. Ahí expliqué qué es eso del criterio de demarcación en los asuntos morales y expuse dos criterios por excelencia que se suelen invocar en la ética –o sea, la filosofía moral-. En estas líneas expondré un par de casos prácticos de manera laxa, los cuales tienen grandes repercusiones prácticas y, además, se ven influidos por el asunto del estatus moral.

El CdD de nuestro mundo moral nos dice con quiénes tenemos deberes morales: a quiénes debemos ayudar, respetar, etc. En el escrito Mundo moral, hablé de dos criterios: el de la capacidad de sentir y el de la razón. El primero fue defendido, entre otros, por J. Bentham, el fundador del utilitarismo. El segundo, ha sido expuesto –también entre otros- porque I. Kant, conocido por su “imperativo categórico”.

Si nosotros usamos el CdD de la capacidad de sentir –es decir, de aumentar o disminuir nuestro placer o dolor- regularmente diremos que una acción es incorrecta porque causa dolor, porque es posible que cause felicidad, afecte al bienestar, etc. Los términos “felicidad”, “bienestar”, “placer”, son complejos y no necesariamente intercambiables, aquí los expongo en lista sólo para ilustrar las cosas que alguien que acepta tal CdD podría asumir. Una ventaja de este criterio es que al aceptarlo, los animales forman parte de nuestro mundo moral, especialmente los mamíferos. Sin embargo, una desventaja es que puede dejarnos sin respuesta acerca del estatus moral de otros seres, como los fetos, personas que sufrieron un daño cerebral y no sienten, etc. Además, tampoco parece decirnos qué es lo correcto si en un incendio hay un primate y un bebé, ¿debemos salvar al primate o al bebé?

Si aceptamos el CdD de la razón, entonces sólo tenemos obligaciones con las personas racionales. En ocasiones hay gente que suele dejar ver la aceptación de este criterio, como cuando es capaz de asumir la pena capital porque alguien cometió acciones crueles y, arguyen, dejó de ser racional para convertirse en bestia. Si ya es una bestia –perdió su “humanidad”, la cual implicaba la racionalidad-, no parece que tengamos obligaciones morales con él, así que podemos matarlo. Sin duda es un tema controvertido. La ventaja de este criterio es que surge una especie de obligación universal respecto a todos los humanos del mundo: si somos racionales, entonces no cometeremos acciones inmorales. La desventaja, en cambio, es muy grande, y de hecho –al menos como lo veo- hay más de una. La primera es dar una definición de “racionalidad”, y esto sin duda afectará a muchas cosas, ya que podemos dar definiciones amplias o muy estrechas, y cada una tiene sus virtudes y defectos. La segunda desventaja –si es que es una desventaja- es que muchos animales no entrarían en el mundo moral. Es un problema definir la racionalidad, incluso entre los animales humanos, y querer aplicar esta definición a seres que pueden ser “inteligentes” o “racionales” –los uso no como sinónimos, pero sí a manera de que implican cosas similares- pero que tienen maneras sui generis de serlo, es un problema.

Esto está entretenido y puede darnos herramientas para tener debates interesantes, pero… ¿un CdD tiene implicaciones prácticas? ¿El estatus moral es relevante en el mundo no sólo académico? La bioética nos responde que sí.

Una definición estándar y laxa de la bioética es: estudio ético sobre la vida. Esto puede decirnos mucho y nada. Mucho porque la vida abarca desde una estructura compleja hasta un organismo diminuto. Y nada porque no nos deja destacar las cuestiones que son relevantes en la bioética.

Aquí no hablaré in extenso de la bioética, pero aventuro algunos problemas que podemos hallar en su estudio: cómo debe ser un sistema sanitario justo, cómo proceder en la lista de espera de donación de órganos, si es correcta la venta de órganos, si el aborto es moralmente correcto, cómo debe ser regulada –si es que debe serlo- la experimentación con humanos y si la experimentación que implica manipulación genética es moralmente correcta o no.

Nos preguntábamos si el asunto del CdD tiene relevancias prácticas, mi respuesta fue decir que sí y mencionar a la bioética como justificación. A continuación ofreceré ejemplos para defender esto.

El aborto es un tema conocido, y regularmente se suele discutir para decidir el implemento de leyes acerca de esta práctica. Sabemos que en la CDMX es legal practicarse un aborto hasta las doce semanas de embarazo. El asunto de las leyes está muy bien, pero nosotros que queremos averiguar respuestas profundas para preguntas profundas: ¿realmente es correcto un aborto desde el punto de vista moral?

La discusión tiene muchas vertientes: una feminista puede ofrecernos una respuesta, lo mismo que un liberal, un libertario, alguien más “conservador”, un paternalista, etc. Sin embargo, la pregunta profunda suele ser si un feto tiene derechos, si es un ser al que le debemos tener consideración moral o no. Es decir, tenemos que recurrir a nuestro CdD. El implemento de las doce semanas para legalizar el aborto no es arbitrario, suele llevar una carga de matices médicos y también filosóficos. Sin embargo, hay quienes creen que desde la concepción ya se trata de una persona, así que tenemos deberes con el blastocito. Regularmente esto lo sostienen algunos religiosos, aunque para ellos existe la pregunta de si realmente desde la fecundación ese conjunto de células tienen alma, y si no, desde qué día.

Un fenómeno un tanto reciente es el de la experimentación con células somáticas, como lo es la clonación –tanto reproductiva como terapéutica-: en el caso de la reproductiva, ¿qué hacer con los blastocitos inservibles? ¿Podemos experimentar con ellos o no porque merecen “respeto”? De nuevo, aceptar cierto CdD nos puede echar mano a responder. Aquí no se agotan las cuestiones de la bioética, pero sí que son parteaguas para leyes que de hecho pueden afectar a la noción de ser humano y las prácticas médicas contemporáneas.


Imagen: http://www.femexer.org/category/investigacion-medica/

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