¿Estas siendo manipulado por una de estas “sectas modernas”?

Por Fernando López Armenta

Es probable que en nuestros días muchas personas asocien el término “Sectas” con grupos de individuos que practican algún tipo de culto religioso que se aleja de las prácticas religiosas más populares en la sociedad. En muchos casos esta misma palabra se vincula con entidades malignas o demoniacas, algo que de inmediato puede producir temor en las personas que están fuera de estos grupos. Sin embargo, el término “secta” puede ser utilizado también para referirse a grupos de personas que no necesariamente tienen como objetivo principal un culto religioso-espiritual específico. En términos generales, una secta puede ser cualquier grupo de personas que comparten una ideología (religiosa o no) y que se organiza en una estructura jerárquica piramidal donde se observa la presencia de un líder autoproclamado que exige una obediencia ciega por parte de sus seguidores y a quien no se le puede cuestionar ni criticar bajo ninguna circunstancia. El punto más delicado al hablar de sectas es el hecho de que los líderes de estos grupos utilizan recursos psicológicos dañinos para ejercer un control sistemático sobre sus seguidores y, en la mayoría de los casos, estas técnicas de manipulación terminan por generar perjuicios serios en la salud mental de las personas.

En los últimos años una gran variedad de grupos sectarios funciona actualmente en diferentes ciudades de México bajo la apariencia de ser organizaciones de ayuda y desarrollo humano, terapias alternativas que prometen tratamientos altamente efectivos, programas de coaching personal, prácticas religiosas alternativas, grupos de desarrollo espiritual, talleres de liderazgo, etc. Estos grupos funcionan con total impunidad debido a que en nuestro país existe un vacío legal en la regulación de este tipo de actividades y de los colectivos que las realizan. En países como Francia y Argentina estas organizaciones han sido prohibidas después de que se registrara un gran número de casos en los que se demostró que estos grupos habían provocado afecciones serias en la salud mental de sus propios integrantes.

En México, se ha observado con preocupación cómo en los últimos años han proliferado organizaciones de “Coaching personal”, “Coaching ontológico” o “Coaching transformacional” que prestan servicios de desarrollo humano tanto a personas particulares como a empresas. Estos programas son ofrecidos como Cursos vivenciales en los que se alternan diferentes actividades como charlas, ejercicios y dinámicas grupales. Los organizadores de estos cursos aseguran que estas acciones son desarrolladas para fomentar responsabilidad, seguridad y trabajo en equipo en las personas que acuden a ellos. Generalmente estos cursos están diseñados en niveles progresivos; tras el primer curso se convence a los participantes de inscribirse en un segundo nivel en el que continuarán con su proceso de crecimiento personal, incluso, se ofrecen becas para que las personas puedan “beneficiarse” con estas actividades.

En apariencia, estos cursos parecen inofensivos y hasta podría sonar como una opción suficientemente viable para solucionar crisis personales, sin embargo, el mecanismo real con el que operan estos grupos es en realidad peligroso y es conocido entre los profesionales de la salud mental con el nombre de coaching coercitivo. Para empezar, a los asistentes se les prohíbe hablar con otras personas sobre las actividades específicas que se realizan durante estos cursos y deben “comprometerse” con el grupo, es decir, se les exige obediencia. Los asistentes son convencidos de que pertenecen a un grupo superior de personas e incluso llegan a tener códigos de comunicación como números en clave o señas secretas que solo pueden ser utilizadas entre ellos y que nadie más puede conocer. Las actividades que se realizan durante estos supuestos cursos consisten en exhibir públicamente los defectos y errores de los asistentes, quienes son humillados a través de estos mecanismos sumamente violentos a nivel emocional y en los que muchas veces se permite y se incita al uso de la violencia física.

Los líderes y el personal de estos colectivos raramente tienen preparación profesional que los habilite para dar atención a las situaciones emocionales que ahí se desencadenan, lo cual representa un riesgo grave para los asistentes, quienes pueden tener quiebres psicológicos y llegar al extremo de presentar síntomas de episodios psicóticos. Algo sumamente trágico es el hecho de que muchos psicólogos con formación se han involucrado en este tipo de organizaciones, a pesar de que el Código Ético de estos profesionales prohíbe categóricamente el desarrollo de actividades que puedan representar una amenaza al bienestar emocional de las personas.

El éxito de estas organizaciones puede ser explicado al considerar que estos grupos sacan ventaja y lucran con la vulnerabilidad de los asistentes. A través de la humillación inicial se debilita a las personas y en ese estado de conmoción se les instala la doctrina que deberán obedecer de forma incondicional a partir de ese momento. El colectivo y su líder se convierten en el único apoyo válido con el que estos sujetos pueden contar, desarrollan una dependencia irracional hacia el grupo y se les exige convencer a más personas para que asistan y paguen por estos cursos.

Como se puede observar, la apariencia de las sectas ha cambiado y se ha diversificado. Algunas organizaciones que dicen promover el bienestar de los individuos en realidad resultan ser tóxicas y peligrosas. Por esta razón, es importante tener información al respecto y así evitar que cada vez más personas sean víctimas de la manipulación y extorsión de estas empresas.


Imagen: https://magnetisme-et-bien-etre.com/medias-plus-se-laisser-avoir/

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