“Estancado” en el papel

Por Brandon Ramírez

 

Hace unos días platicaba con un par de amigos sobre un lugar común: cómo cada vez más preferimos lo digital sobre lo físico. Recordábamos cuando íbamos a la preparatoria (hace unos 7 años), y debíamos hacer filas para comprar los videojuegos el día de su lanzamiento o años más atrás, cuando era práctica común rentar películas; a diferencia de ahora, que ya no conozco ningún videoclub que siga operando.

Lo digital supone ventajas innumerables, por ejemplo, ahora que un videojuego se lanza, muchos optamos por pre-comprarlo en línea, descargándolo un par de semanas antes y siendo liberado para su uso el primer minuto de su lanzamiento programado; podemos tener acceso a una biblioteca inmensa de películas en todos los servicios de streaming; y qué decir de la música: aquellos tiempos de caminar con un walkman o discman suenan antiquísimos, ya que en nuestro bolsillo podemos tener un dispositivo con toda la música que queramos.

Lo mismo ha pasado con el tema de los libros, que fue el tema por el que dicha platica surgió. Contrariamente a lo anteriormente dicho, y siendo todos partidarios de comprar un videojuego en su versión digital en lugar de discos, de tener cuentas para muchos servicios de entretenimiento en streaming y ser asiduos consumidores de contenido digital en línea, por ejemplo, periodístico (prefiriendo la inmediatez de los portales de los diarios en lugar de su versión impresa), por alguna razón somos más consumidores de libros en papel que de su opción ebook.

El próximo año (aunque ya en este se dieron muchos pasos), en los videojuegos, la realidad virtual se impone como el camino a seguir y el cine en 3D y 4D se mantiene como una opción que muchos prefieren, en ambos casos estamos frente a la percepción de un mundo digital ante nosotros que cada vez nos envuelve más, y en mi caso, me gusta, aunque no podría decir que la prefiero sobre otras opciones de manera categórica.

La tinta digital en ese mundo, el de los libros, no termina de conquistarnos (hablando siempre del par de amigos con quien platicaba al respecto), optando por ésta en vez de su contraparte material. Quizá sea por el papel cultural que le hemos dado al libro: como agente liberador y cargado de todo cuanto es cultura, poniéndolo en gran estima frente a otras expresiones (no olvidemos que, por ejemplo, Mein Kampf de Hitler, es un libro, dejándonos claro que no todos estos son impolutos, si bien son un reflejo de ideas presentes en distintos puntos de nuestra historia como especie) y por esta razón siendo objeto de censura en muchos regímenes totalitarios o dictatoriales o porque muchos de estos han perdurado milenios, como los clásicos griegos.

Recuerdo haber leído en una revista (Revista Moi, abril, 2016), ventajas de lo impreso: como que la tipografía en papel es más fácil de leer para nuestro cerebro, que saber exactamente cuántas páginas o párrafos tiene un texto nos da una sensación de control y tranquilidad; imposible de percibir en un texto digital. Por contrapartida, las ventajas de lo digital: como la inmediatez, la imposibilidad de que el stock de un título se agote, los precios más reducidos, la posibilidad de llevar una biblioteca de miles o millones de textos en la palma de la mano, su lado ecológico, las pantallas diseñadas para no dañar la vista, la posibilidad de buscar palabras o frases, de ajustar el tamaño y tipografía, etcétera.

Se dice mucho que el papel terminará sucumbiendo ante la tinta electrónica, puede ser. Quizá en cierta parte la costumbre generada por haber aprendido a leer en papel me haga preferir lo impreso, hacer anotaciones a mano, subrayar, etcétera (si bien lo mismo puede hacer en sus versiones digitales), son una parte muy habitual de mis lecturas. No por eso descarto los ebooks, incluso y como es de suponerse, mi biblioteca personal digital es muchísimo más extensa que la impresa, y en lo académico, la posibilidad de acceder a publicaciones extranjeras es solamente por esta vía.

Quien sabe si en unos años termine decantándome por lo digital en el mundo bibliográfico, como lo he hecho en muchas otras ramas del entretenimiento y la cultura. O quizá, pese a ser joven, ya soy viejo para ello y serán más bien las próximas generaciones las que hagan que la lectura minoritaria sea el papel (dudo que deje de hacerse, por lo menos al mediano plazo).


Imagen: http://i.blogs.es/4ade4d/ebook-reader/1366_2000.jpg

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