Escolarizado vs En línea (Parte I)

Por Miguel Téllez

En este escrito hablaré de los sistemas educativos en sus formas escolarizada y en línea. Lo anterior lo haré desde mi propia experiencia. Esto es así porque no poseo los conocimientos necesarios de las ciencias de la educación o de la pedagogía para decir algo “objetivo” respecto a esas formas de educación. Digo “objetivo” entre comillas porque, hasta donde tengo entendido, ni siquiera esos estudios están de acuerdo con parámetros objetivos de la educación –tal vez ni de qué implica “educar”. Considero, sin embargo, que las intuiciones preteóricas son de gran utilidad. Emplearé tales intuiciones aquí, por lo que el lector también podrá contrastar sus intuiciones. Me interesa destacar dos temas principales respecto a aquellos sistemas educativos: las habilidades del estudiante y el tópico de qué sistema es mejor.

Como muchos jóvenes, mis estudios de licenciatura fueron bajo el sistema escolarizado. Entenderemos, aquí, sistema escolarizado como aquel donde la preparación del estudiante es de manera presencial, y el formato de clase es de carácter de seminario o cátedra del profesor. Tal sistema es el que rige, regularmente, la educación primaria, secundaria y bachiller –aunque este último ahora es muy visible en su carácter de abierto y a distancia, e incluso en línea.

Regularmente el asunto en el ámbito escolarizado se resume en entregar tareas –donde caben las exposiciones, visitas extracurriculares, etc.- y aprobar los exámenes. Sin embargo, en la experiencia de los jóvenes –lo digo porque en el ambiente escolar siempre suenan las experiencias de los demás- se sabe que entran otros factores: tales como los miembros del salón –hay diferencia entre un salón donde el promedio de todos oscila entre el 8.8 y el 10, a uno donde el promedio está entre el 6 y el 7.5-, las capacidades del profesor y, aunque parezca trivial, hasta el horario. Estos factores pueden calificarse como negativos y positivos, y adquieren tal predicado según el estudiante pueda aprovecharlos. Por ejemplo, un profesor dedicado a explicar de manera precisa y sencilla los temas, y que tenga presencia en el salón, será positivo para un estudiante: tal vez le resulte más sencillo acreditar los rubros de calificación. En cambio, un profesor con vicios para enseñar –tales como la desesperación, irresponsabilidad, etc.- será visto como negativo por el estudiante: puede ser que, incluso aún cuando el alumno sea responsable, su calificación no sea la deseada.

Lo anterior sólo es un ejemplo de lo que regularmente se piensa del sistema escolarizado, de cómo es y de los factores que intervienen en el mismo. A pesar de sus contras, estamos acostumbrados a él. En mi experiencia de estudiante, desde primaria hasta algunos semestres de licenciatura, regularmente el profesor actuaba como el centro de la dinámica y, nosotros estudiantes, debíamos tomar nota. Se intentaba incentivar la investigación del alumno, sea por medio de una exposición, pero tal empresa se quedaba corta. Podemos decir, sin ser controvertidos, que era muy asunto del estudiante si quería leer más o no. Considero –esto es un mero comentario- que hoy día ocurre así incluso a nivel licenciatura, la cuestión de leer en México tiene miras a seguir debajo de lo esperado. A decir verdad, podría ser una discusión interesante el averiguar si debemos forzar a la gente a querer aprender o dejar que siga su vida, así implique ignorar conocimientos generales.

Como dije líneas arriba, mis estudios de licenciatura fueron bajo el sistema escolarizado. Dado que mi carrera es filosofía, a pesar de que se trate de sistema escolarizado, el asunto puede ser un tanto distinto –aunque seguro aplica a las demás carreras. Para retratar ese asunto “peculiar”, sirve algo que un profesor nos dijo algún día: el filósofo no se hace en los salones, sino en las bibliotecas, en cualquier lugar donde lea. Un filósofo que no lee es como un cantante sin voz. Y en efecto, si bien algunas asignaturas no requieren demasiado esfuerzo –salvo leer los capítulos de libros correspondientes y hacer ensayos-, para adquirir destreza en la argumentación o conocer problemas actuales, se debe seguir leyendo. Considero que ocurre similar con otras carreras, especialmente si se pretende un posgrado.

Ahora bien, pasaré al asunto del sistema en línea. El estudiar en línea, otra licenciatura en mi caso, tiene detrás diversos intereses: crecimiento personal, académico, por cuestiones de trabajo, etc. En mi caso, dado que uno de mis intereses es la filosofía del derecho, me pareció razonable comprender la práctica del derecho, desde cuestiones procesales o administrativas, hasta –y especialmente- los supuestos teóricos que tiene el derecho.

A pesar de que pertenezco a esta generación que se le asocia con el uso de dispositivos móviles y redes sociales, desconozco mucho de tales asuntos. Y lo mismo aplicaba para el estudio en línea. Ciertamente no esperaba nada del sistema, es decir, no me fijé expectativas de cómo sería. En estricto sentido, iba a conocer de qué iba. Sin embargo, tenía algo de esa intuición general, que en ocasiones ve a los estudios en línea como algo sencillo, que como no es presencial, parece ficticio. En pocas palabras, que ni siquiera el reconocimiento –o título- era realmente válido. Pero como mencioné, no tenía ninguna opinión concreta al respecto.

Para ingresar a la licenciatura –en mi caso, a Derecho en la UnADM- primero debes realizar los trámites correspondientes. Una vez concluidos te comunican si fuiste aceptado para el propedéutico. Este curso propedéutico sirve para que te vayas familiarizando con el uso de aulas virtuales, así como con todo lo relacionado con las famosas TIC. Tal curso dura un mes. Si finalizas con éxito aquel curso, entonces eres aprobado como estudiante. Finalmente, comprendes que la exigencia es más que en el sistema escolarizado. Considero que la razón principal es que tus profesores son más bien guías o tutores: resuelven dudas, nada más. Recuerdo la primera reunión entre todos por medio de un chat. El profesor sólo preguntaba: Miguel, ¿alguna duda? Es decir, si tú no habías revisado todo el material, no tenías nada que decir. Dejaré hasta aquí parte del escrito. En el siguiente continuaré con los tópicos que dije me interesan.


Imagen: https://itcomunicacion.com.mx/el-gran-reto-del-uso-de-internet-en-el-salon-de-clases/

 

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