Es que yo no hago eso

Por José Alfonso Castillo Martínez

Cuando estaba en la universidad, ya sea por actividades propias de la vida estudiantil o simplemente por convivencia constantemente me reunía con mi grupo de amigos, como tal para realizar las actividades que quisiéramos realizar, tarea o un convivio, había que planear y designar qué actividades haría cada quién, por lo general cada uno se ofrecía hacer determinada tarea, sin embargo, cuando algo no nos parecía mencionábamos la frase “Es que yo no hago eso”.

Me declaro culpable porque también he dicho “es que yo no lo hago”, y no solo para tareas escolares, sino también cuando vivía con mi familia, cuántas veces no le dije a mi mamá o papá, “es que yo no lo hago”. Cuando me pongo a pensar, al menos por qué yo lo digo, es debido a que no quiero, y me formo un paradigma de “no quiero hacerlo y no estoy dispuesto a colaborar”.

Podemos de igual manera pensar que hemos dejado pasar por responder a alguien con un “yo no hago eso”, o a las personas que habremos hecho enojar o sentirse frustradas por ello, en lo personal, para mí resulta frustrante que alguien me conteste con esa frase, y regreso a mi pensamiento del párrafo anterior “¿no lo haces porque no quieres?”, si hay algún impedimento lo comprendo, sin embargo en repetidas ocasiones me ha tocado que no hay ninguna clase de impedimento, es simplemente que no se quiere hacer.

Supongamos que no tenemos impedimento alguno, que somos totalmente capaces de hacer aquello que nos pidieron, ¿qué consecuencias nos puede traer esto?, el mayor problema que encuentro en esto es que bloqueamos la colaboración, estamos estableciendo que no queremos colaborar, ya sea con una sola persona o con un grupo de personas, por ejemplo, para un trabajo de equipo en la escuela se puede llegar a etiquetar a la persona que no quiere colaborar como tal y su consecuencia será que nadie querrá trabajar con dicha persona.

En el trabajo, cuando conocemos a alguien que constantemente utiliza este tipo de respuesta sabemos que no podemos contar con su ayuda, y es peor cuando esa persona es de nuestra misma área y se está al mismo nivel, es decir, que no es una persona que esté a nuestro cargo, que hasta cierto punto debe de colaborar contigo, es decepcionante cuando eres una persona nueva en una organización y al buscar a alguien que pueda apoyarte para irte acostumbrándote a cómo se realizan los procesos en la organización te des cuenta que nadie quiere colaborar.

A la par que hay colaboración la confianza puede ser muy reducida o nula, por lo mismo que una parte no está dispuesta a la colaboración no se establece una relación de confianza en la que se pueda generar un trabajo en sinergia con el fin de alcanzar los resultados esperados, recordemos que la confianza es un componente esencial al momento de convivir con otra persona.

Hablando de confianza, me lleva a una pregunta que me hicieron hace pocos años, y que puedo relacionar con estos temas de los que me encuentro escribiendo, la confianza, ¿se gana o se pierde? Desde que me hicieron esa pregunta la he realizado a los grupos con los que he trabajado, y la respuesta es casi siempre la misma “la confianza se gana”. Desde ahí volvemos a que se está fijando una barrera de inicio, nos creamos una visión errónea de las personas con las que convivimos por no poder confiar en ellas.

Cuando me explicaron el punto de vista de por qué la confianza se pierde y no se gana cambió bastante mi visión; si desde que conozco a una persona con la que voy a trabajar inicio teniendo un grado positivo de confianza se pueden evitar futuros problemas, se puede dar una colaboración óptima y el trabajo fluirá hacia resultados positivos.

Considero que cambiando nuestro punto de vista respecto a estos dos temas “yo no lo hago” y “no te tengo confianza” puede llevarnos a mejorar nuestras relaciones con las personas con las que convivimos día a día; cuando me ha tocado escuchar ambas frases en un ambiente laboral viene a mi mente aquel relato de las cubetas de cangrejos, en la cual dice que la cubeta de cangrejos mexicanos no necesita protección o supervisión ya que ellos mismos se encargan de que nadie salga de la cubeta, aplicando esta analogía en el ambiente laboral, me percato que en distintas organizaciones puede ser así.

Últimamente hago lo posible por no usar esas frases, después de haber pasado por distintas experiencias me he dado cuenta que se causa una mala impresión, que damos a entender que no estamos dispuestos al trabajo en equipo ni la colaboración, podemos ocasionar “rivalidades” que no van al caso. Después de todo no quiero ser parte de la cubeta de cangrejos en la que ellos mismos son los responsables de que nadie salga.


Imagen: http://www.diabetesbienestarysalud.com/2016/06/negacion-la-diabetes/

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