Entre incongruencias y definiciones

Por Ángel Arce

No hay duda de que hoy en día, la ciudadanía esta extremadamente molesta con la forma en que el quehacer político es desempeñado por, lamentablemente, la gran mayoría de los “políticos profesionales”, denostando esta actividad que ejecutada con profesionalismo, pasión, ideales y sobre todo congruencia, recuperaría su lugar como una de las actividades humanas – probablemente sólo después de la ciencia- cuyo único objetivo debería ser la búsqueda del bienestar común garantizando la felicidad y el desarrollo óptimo e integral, de mujeres y hombres a través de una sociedad de derechos y una vida digna. Sin embargo, la congruencia en el discurso y la acción –aunado a la corrupción- es lo que caracteriza mayormente a los políticos que hoy, conducen la vida pública en nuestro país.

A unos días de haber concluido el proceso electoral de 2017, considerado la antesala natural de la carrera presidencial rumbo al 2018, la reafirmación del sentimiento de enojo y frustración hacia la clase política por parte de la sociedad, no pudo quedar más clara, pues el crecimiento electoral del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) como la opción política anti- establishment ha quedado manifestada en las urnas –sobre todo en las del Estado de México en dónde sin duda ganó la elección pero perdió con la corrupción y las mañanas de una elección fraudulenta y amañada por el aparato priísta-opción que pese a las constantes críticas y ataques mediáticos, se ha sabido consolidar dentro de las preferencias ciudadanas, por exactamente, la congruencia en su discurso y la acción, y por la comunicación política de su presidente nacional, que conecta directamente con el sector del electorado que compone a esa mayoría exhausta de la política de las elites en beneficio de unos pocos y no de los muchos. En consecuencia, el crecimiento electoral de las izquierdas en este proceso, quedo nuevamente manifestado, pues en su conjunto, las izquierdas obtuvieron 49% de los votos en los tres estados donde se desarrollaron comicios electorales, por encima del 33% del PRI y 11% del PAN, lo que sin duda hace inmejorable su viabilidad en conjunto, como la opción política –en suma con los movimientos políticos de la sociedad civil como Ahora, Wikipolítica y Nosotrxs entre otros- que representa los deseos anti-establishment de la ciudadanía rumbo al 2018.

Sin embargo, la congruencia lastimosamente, parece no estar en línea con una de estas opciones políticas de las izquierdas, pues recientemente el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha resaltado por su poca congruencia en el discurso y la acción, y su refrendo como parte del sistema al que los ciudadanos rechazan una y otra vez día con día. En la Ciudad de México, la inseguridad y la violencia incrementan sin que el gobierno en turno –apoyado por el perredismo capitalino y encabezado por una de sus expresiones políticas al interior del partido- mueva un solo dedo para velar por una de las responsabilidades más esenciales, importantes y trascendentales de un gobierno, la salvaguarda de la seguridad de sus ciudadanos. En nuestra capital, según cifras del primer cuatrimestre de 2017 del Observatorio Nacional Ciudadano, la Ciudad de México es el segundo lugar en robo a transeúnte, además ocupa el tercer lugar en robo a negocio y cuarto lugar en robo con violencia, el índice de crímenes de alto impacto pasó de seis a 10 delitos destacando el aumento en 38 por ciento en robo a transeúnte, el aumento del homicidio culposo en 22 por ciento y del homicidio doloso en 16 por ciento. Estas cifras para nada concuerdan con el proyecto que durante las anteriores administraciones perredistas particularmente en las de AMLO y Marcelo Ebrard, se desarrolló e implementó en diversos rubros que hicieron de nuestra capital, una capital no sólo segura, sino de reconocimiento internacional por la calidad de sus políticas públicas, el fortalecimiento de los derechos humanos y la calidad de vida que estos, otorgaban directamente a los habitantes de la ciudad. Sumado al caso de la capital, otros episodios incongruentes perredistas como el del reciente candidato a gobernador del Estado de México por el PRD, Juan Zepeda – está documentada su cercanía política y la de su grupo con el gobierno mexiquense manifestado en apoyo a políticas de este como en el caso de la Ley Atenco –ponen en tela de juicio la viabilidad de que este partido, se sume al frene de izquierdas ciudadano que busque cambiar el paradigma de la vida pública y política del país, pues la incongruencia de los casos que se mencionan en este texto, revelan la profundidad de descomposición del proyecto original del que fuera el partido más importante de las izquierdas mexicanas, sin embargo, militantes y ciudadanos pertenecientes aún a ese partido, pueden contrarrestar deslindándose de perfiles como los de la actual dirigencia nacional representada por Alejandra Barrales, Héctor Bautista o el mismo Miguel Ángel Mancera. Es tiempo de definiciones, y el país requiere un frente que alejado de utopías como la de duplicar el efecto Macron de Francia, se construya a partir de la confluencia de las fuerzas políticas y ciudadanas, cuya principal característica, sea la de la congruencia y la decisión por terminar con el establishment mexicano en el cual, hoy en día, ya se encuentra el PRD.


Imagen: www.abcdelasemana.com

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