En los próximos seis años

Por  Brandon Ramírez

Las recientes elecciones, a falta de la oficialización de los resultados, suponen una transformación profunda de nuestro sistema de partidos, y habrá que ver si, como esperamos muchos, del sistema político mexicano y de algunas de las instituciones, formales e informales, vigentes en el país.

No sólo un partido con menos de 5 años de registro nacional encabezó una coalición que alcanzó el triunfo con más dl 50% del electorado en la presidencia, la mayaría de las gubernaturas en disputa, de los congresos locales y del poder legislativo federal, también es la primera vez que una opción política autoidentificada como izquierda llega al poder en México.

Es un lugar común hablar de lo sui generis de la izquierda en México, renuente al aumento de impuestos, y en el caso de la izquierda que ha ganado la presidencia, de posicionarse claramente en la agenda de la izquierda más contemporánea, más allá de las reivindicaciones más tradicionales causadas por las desigualdades económicas: las de la diversidad sexual, plantear la legalización de algunas drogas, énfasis en temas de medio ambiente, enfrentar la persistente desigualdad de género, entre otros.

El tema que Andrés Manuel López Obrador posicionó como eje de su campaña fue el combate a la corrupción. Fue hasta caricaturesco que en los debates ante cualquier pregunta, su respuesta casi en cada caso iniciaba con “terminando con la corrupción…”. En efecto, muy seguramente la debacle que suponen los resultados de esta elección para el PRI, incluso en su bastión del estado de México, siendo los peores números de toda su historia, se deba al hartazgo social ente la corrupción, superando al tema de la seguridad como la mayor demanda, dejando en un tercer lugar a la desigualdad según las encuestas. Pero no se pueden olvidar el resto de las reivindicaciones con respecto a sectores y temas que han sido marginados por los gobiernos anteriores.

Se decía que Andrés Manuel tenía un techo cerca al 35% del electorado, que le habían votado en 2006 y 2012 y le eran incondicionales. El 20% extra que tuvo en este proceso seguramente proviene de electorado que piensa que él puede combatir la corrupción y generar los cambios que la alternancia no produjo hace 18 años, pero ese voto que tradicionalmente apoyó al ahora presidente electo, incluye a la izquierda de tinte más socialdemócrata que espera se avance en la agenda en la que, por ejemplo, la Ciudad de México lleva avanzando 20 años desde la llegada de la izquierda a la Jefatura de Gobierno.

En los días recientes, el escuchar a algunos de los miembros de su equipo de transición y virtual gabinete, pronunciándose a favor de algunos de estos temas ha dado señales de que es una agenda que al interior de su grupo cercano está presente. Pero no deja de preocuparte que su coalición con el PES, o la incorporación de ex militantes de otros partidos busque frenar o hasta contravenir está.

Uno de los factores que explican el arraigo de la izquierda en algunas zonas del país, y su hasta 2018, ausencia en otras como el norte del país, tiene que ver con la interiorización de los valores y posturas principales de esta corriente ideológica, a saber, la búsqueda de condiciones más equitativas entre todos los sectores sociales, el respeto al medioambiente y la defensa de la diversidad. En la Ciudad de México, por ejemplo, este proceso ha ocurrido de forma natural desde el siglo XX, por factores socioeconómicos. Desde el gobierno federal, por primera vez, se cuenta con la posibilidad institucional de impulsarla en las regiones del país donde no ha permeado.

La conquista del gobierno nunca debe suponer un fin en sí mismo para un proyecto político sino el medio para operacionalizarlo, o intentarlo al menos. En 6 años es difícil que ocurran transformaciones tan profundas como las prometidas durante la campaña, pero sí las bases para que esté siga manteniéndose en las próximas elecciones federales. De momento, el presidente junto con su partido contarán con mayorías legislativas que pueden apoyar muchos de los cambios que busque hacer al marco jurídico vigente. Desde su movimiento se ha señalado mucho al andamiaje institucional y al sistema político de perpetuar vicios que mantienen a nuestro país en su situación de atraso respecto a algunos temas. Tienen la oportunidad de construir, o al menos, sentar las bases de unos nuevos. Es el sentido de la grandilocuente referencia a la cierta transformación del país. Pero no por ello, deben dejarse atrás otros temas.


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